Para contarle a un cirujano…

La Consecuencia de una mala operación.
Como nos cuenta el cronista Jean Froissart, durante la batalla de Crécy, el Ciego (1296-1346), de Bohemia y duque de Luxemburgo, combatió junto a la caballería francesa, tan heroica como mal equipada. Allí pereció el 26 de agosto 1346, bajo las pérfidas flechas de los ingleses. Si creemos a ciertos cronistas y como Jean Froissart y Guillaume Machault, murió en un acto de supremo heroísmo; otros, por el contrario, entre los que se encuentra Petrarca, lo sospechan de haber cometido un suicido encubierto, porque, llegado a la edad de cincuenta años, su ceguera se le habría vuelto intolerable.

Cirujanos, más cuidado

Al que los cronistas gustan llamar «  del emperador Enrique VII » o « padre del emperador Carlos IV », no tuvo éxito en sus dos intentos de convertirse en emperador, perdió definitivamente la vista en 1340, luego de las poco afortunadas intervenciones de varios cirujanos, que condenó a morir ahogados cosidos dentro de una bolsa, para castigarlos por su incompetencia. El 9 de septiembre de 1340, redactó su testamento, en el que expresaba su deseo de ser sepultado en su ducado natal, preferentemente en la abadía de Clairefontaine, junto a la condesa Ermesinde; si no, en su defecto, en la ciudad de Luxemburgo.