Paciencia, ciencia de santos

LA PACIENCIA

Un hombre de gran reputación, tenía un
criado de rostro atroz y carácter imposible. No podía recibir una orden sin
ponerse de inmediato hecho una furia, se sentaba de forma grosera a la mesa,
servía mal, empujaba a los invitados y dejaba a su patrón sediento. (sigue…)

Todas las
reprimendas lo dejaban indiferente y no hacía más que agravar el desorden y la
negligencia de su servicio. Por la noche la casa retumbaba con el ruido de sus
pasos, de la vajilla que rompía. Incluso colocaba matorrales espinosos en el
camino por donde tenía que pasar el patrón. No se podía contar con él para
nada. Unos del patrón le aconsejaron que se deshiciese de aquel
fastidioso criado y que cogiese a otro.
– Pero ¿por qué? – protestó el patrón
sonriendo. Le estoy muy agradecido a mi criado porque me ha hecho mejor. Sí, me
ha enseñado la paciencia, y cada día que pasa me la sigue enseñando. Y ese don
me permite soportar las otras dificultades de la vida.

Pedro Luis Narváez