La codicia mueve a los ricos

La maté porque era mía…

Gollum (Monstruo del Señor de los Anillos y guía de Frodo a Mordor) debe de ser el caso más exagerado y ejemplo más conocido de codicia; por dar un ejemplo, re-escribimos un cuento de Jorge Bucay, en el que se habla de cuánto ciega la codicia.

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CODICIA



Cavando, para montar un cerco que separara mi terreno del de mi vecino, me encontré enterrado en mi jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.

A mí no me interesó por la riqueza, me interesó por lo extraño del hallazgo, nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los materiales, pero igual desenterré el cofre.

Saqué las monedas y las lustré. Estaban tan sucias las pobres…


Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando…


Constituían en sí mismas una verdadera fortuna. Solo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podrían comprar con ellas.

Pensaba en lo loco que se pondría un codicioso que se topara con semejante tesoro. Por suerte, por suerte…no era mi caso…



Hoy vino un señor a reclamar las monedas, era mi vecino. Pretendía sostener en un razonamiento miserable que las monedas las había enterrado su abuelo, y que por lo tanto le pertenecían a él.

Me dio tanto fastidio que lo maté…


Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado, porque si hay algo que a mí no me importa son las cosas que se compran con , eso sí, no soporto la gente codiciosa…