Los cristianos amamos la POBREZA (cristiana)

El Evangelio
Dijole Jesús: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, daselo a los pobres, y ven y sígueme. Al oír esto el joven , se fue triste, porque tenía muchas riquezas
Mc. 10, 17-30

y ahora, la anécdota y una profunda reflexión…

Cuando Juan Pablo II hizo su primer viaje a Brasil, después de una ceremonia salió del protocolo, se metió en medio de una favela y visitó una familia. Conmovido, les dejó de regalo su anillo de Papa. ¿Piensas que fueron lo suficientemente idiotas como para venderlo por su peso en oro y comprarse unas coca-colas…? Es su tesoro, lo conservan en la capilla de la favela. Los pobres, muy pobres, pero no tontos…

¿Y qué pobre no se siente orgulloso de la catedral de su ciudad? ¿Acaso preferiría vendérsela a los musulmanes para que la transformen en una mezquita y que el fruto de la venta se reparta entre los pobres su ciudad a los que tocaría quizá menos de un euro a cada uno… para comprarse un “pan con queso”? ¿Piensas que sería un buen negocio para los pobres?

Un Texto de SAN JOSEMARÍA
Hemos de amar de todo corazón la pobreza
Si estamos cerca de Cristo y seguimos sus pisadas, hemos de amar de todo corazón la pobreza, el desprendimiento de los bienes terrenos, las privaciones. (Forja, 997)

Tú, ¿cómo imaginas el porte de Nuestro Señor?, ¿no has pensado con qué dignidad llevaría aquella túnica inconsútil, que probablemente habrían tejido las manos de Santa María? ¿No recuerdas cómo, en casa de Simón, se lamenta porque no le han ofrecido agua para lavarse, antes de sentarse a la mesa?

Ciertamente El sacó a colación esa falta de urbanidad para realzar con esa anécdota la enseñanza de que en los detalles pequeños se muestra el amor, pero procura también dejar claro que se atiene a las costumbres sociales del ambiente. Por lo tanto, tú y yo nos esforzaremos en estar despegados de los bienes y de las comodidades de la tierra, pero sin salidas de tono ni hacer cosas raras.

Para mí, una manifestación de que nos sentimos señores del mundo, administradores fieles de Dios, es cuidar lo que usamos, con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder. (Amigos de Dios, 122)

Cuando Juan Pablo II visitó las favelas de Brasil, en 1980, se hundió en la multitud, respondiendo al afecto de la gente, ante la desesperación de su custodia. En un momento, el Papa se sacó el anillo que llevaba y se lo entregó a la gente para que lo vendiera. Ellos no lo redujeron. Se lo quedaron como recuerdo del amor del Papa hacia ellos.

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Anécdota de Anecdonet.com