Las nueve vacas (Valorar a los que formamos)

Proponemos un principio o hipótesis de trabajo:
Cuanto más se valora a la persona, cuanto más se espera de una persona más motivada se encuentra, más esfuerzo pone por alcanzar la meta.
Sentirse valorados y queridos da un impulso inconmensurable en la labor de la formación.
Se lo decía Quique a su madre, Araceli:
– "X" (el monitor) me tiene "enchufe" (significando que me valora más que a los demás)…
Araceli sabe muy bien que "X" quiere a todos sus niños, pero que se las arregla para que se crean que cada cual es el predilecto.

Con ello los resultados en obediencia, mejora personal, y consecución de objetivos escolares, en casa y en el colegio, espirituales y es inenarrable.

Ahora, como soporte para esta hipótesis de trabajo, una maravillosa a modo de cuento: las nueve vacas…

Las nueve vacas.

Dos marineros viajaban en un buque carguero por todo el , y andaban todo el tiempo juntos.

Así que, esperaban la llegada a cada puerto para bajar a tierra, encontrarse con , beber y divertirse.

Un día llegan a una isla perdida en el Pacífico, desembarcan y se van al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra.

En el camino se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño río lavando ropa.

Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer y conversar con esa mujer.

El amigo, al verla y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qué, si en el pueblo seguramente iban a encontrar chicas más lindas, más dispuestas y .

Sin embargo, sin escucharlo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres.

Cómo se llama, qué es lo que hace, cuantos años tiene, si puede acompañarlo a caminar por la isla.

La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el jefe o del pueblo.

El hombre la mira y le dice: "Está bien. LLévame ante tu padre. Quiero casarme contigo".

El amigo, cuando escucha esto, no lo puede creer.

Piensa que es una broma, un truco de su amigo para entablar relación con esa mujer.
Y le dice: "¿Para qué tanto lío? Hay un montón de mujeres más lindas en el pueblo.

¿Para qué tomarse tanto trabajo?". El hombre le responde: "No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano".
Su amigo, más sorprendido aún, siguió insistiendo con argumentos tipo: "¿Estás loco?", "¿Qué le has visto?", "¿Qué te ha pasado?", "¿Seguro que no has tomado nada?"
y cosas por el estilo.

Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea.

El hombre le explica que habían llegado recientemente a esa isla, y que le venía a manifestar su interés de casarse con una de sus hijas.

El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costubre era pagar una por la mujer que se elegía para casarse.

Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas, por las más hermosas y más jóvenes se debía pagar 9 vacas, las había no tan hermosas y jóvenes, pero que eran excelentes cuidando los niños, que costaban 8 vacas, y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.

El marino le explica que entre las mujeres de la tribu había elegido a una que vió lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas.

"Está bien" respondió el hombre, "me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas".

El padre de la mujer, al escucharlo, le dijo: "Ud. no entiende. La mujer que eligió cuesta tres vacas, mis otras hijas, más , cuestan nueve vacas".

"Entiendo muy bien", respondió nuevamente el hombre, "me quedo con lamujer que elegí y pago por ella nueve vacas".

Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, aceptó y de inmediato comenzaron los preparativos para la , que iba a realizarse lo antes posible.

El marinero amigo no lo podía creer. 

Pensó que el hombre había enloquecido de repente, que se había enfermado, que se había contiagiado una rara fiebre tropical. 

No aceptaba que una amistad de tantos años se iba a terminar en unas pocas horas.

Que él partiría y su mejor amigo se quedaría en una perdida islita de Pacífico.

Finalmente, la se realizó, el hombre se casó con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la ñana siguiente partió en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.

El tiempo pasó, el marinero siguió recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros más diversos y siempre recordaba a su amigo y se preguntaba: ¿qué estaría haciendo? ¿cómo sería su vida? ¿viviría aún?.

Un día, el itinerario de un viaje lo llevó al mismo puerto donde años atrás se había despedido de su amigo.

Estaba ansioso por saber de él, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida.

Así es que, en cuanto el barco amarró, saltó al muelle y comenzó a caminar apurado
hacia el pueblo. ¿Dónde estaría su amigo?, ¿Seguiría en la isla?, ¿Se habría acostumbrado a esa vida o tal vez se habría ido en otro barco?.

De camino al pueblo, se cruzó con un grupo de gente que venía caminando por la playa, en un magnífico.

Entre todos, llevaban en alto y sentada en una silla a una mujer bellísima.

Todos cantaban hermosas canciones y obsequiaban flores a la mujer y esta los retribuía con pétalos y guirnaldas.

El marinero se quedó quieto, parado en el camino hasta que el  se perdió de su vista.

Luego, retomó su senda en busca de su amigo. Al poco tiempo, lo encontró.

Se saludaron y abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se han visto durante mucho tiempo.

El marinero no paraba de preguntar: ¿Y cómo te ha ido?, ¿Te has acostumbrado a vivir aquí?, ¿Te gusta esta vida?, ¿No quieres volver?. Finalmente se animó a preguntarle:
¿Y como está tu ?. Al escuchar esa pregunta, su amigo le respondió: "Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en volandas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños".

El marinero, al escuchar esto y recordando a la mujer insulsa que años atrás encontraron lavando ropa, preguntó: "¿Entonces, te separaste?", No es misma mujer que yo conocí,
¿no es cierto?. "Si" dijo su amigo, "es la misma mujer que encontramos lavando ropa hace años atrás".

"Pero, es muchísimo más hermosa, femenina y agradable, ¿cómo puede ser?", preguntó el marinero.

"Muy sencillo" respondió su amigo. "Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella nueve vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de nueve vacas. La amé como a una mujer de nueve vacas. Y ella se transformó en una mujer de nueve vacas".

Cuando alguien nos valora y nos estimula, con sinceridad y amor, obramos cambios impensados…