Por qué nadie pone el nombre de Herodes a sus hijos

Herodes, apodado el Grande, llamado por Grätz "el genio malvado de la nación Judía" (Hist. V. II, p. 77), fue hijo de Antípatro, un idumeo (Flavio Josefo, "Guerras", I, VI, 2). 
Los idumeos fueron conquistados por Juan Hircano cerca del fin del siglo II a. C., y obligados a vivir como judíos, para ser considerados como tales (F. Josefo, "Antigüedades Judaicas", XIII, IX, 4). Sin embargo, Antígono llama a Herodes "medio judío" (Cfr. Ibíd., XIV, XV,2, y la nota en Whiston). 
Antígono fue degollado el año 37 a.C. y desde ese momento Herodes se convirtió en rey de hecho y no sólo de nombre. 
Contrajo matrimonio con Mariamne el año 38 a.C. y al entrar de ese modo en alianza matrimonial con los Asmoneos, populares entre los judíos, 
Herodes reforzó su posesión del trono (Ibíd.. I, XII, 3).El reino de Herodes se divide naturalmente en tres períodos: 37-25 a.C. son los años de desarrollo; 25-13 a.C., los de esplendor real; 13-4 a.C., los de problemas y tragedias domésticas.
Durante el primer período se afirma en el trono haciendo a un lado a sus rivales de la línea asmonea. Asesina a Hircano y a Aristóbulo, abuelo y hermano de Mariamne, respectivamente. A este último lo había nombrado sumo sacerdote, a pesar de tener sólo 17 años. Su único delito fue haber sido muy populares ( F. Josefo, "Antigüedades", XV,VI,1,III,3). 
También Mariamne fue ejecutada, en 29 a.C. Y la madre de ésta, Alejandra, en 28 a.C. Debido a su amistad con Antonio, quien había sido vencido por Octaviano en Actium, en 31 a.C., Herodes temía por su vida y viajó a Rodas con un dogal al cuello, como un criminal, para dialogar con el conquistador. 
Finalmente, César lo confirmó en el trono, ampliando, además, su territorio (F. Josefo, "Guerras", I, XX).
Herodes y sus hijos eran constructores. Con las riendas del reino en la mano y habiendo tomado venganza de sus enemigos, adornó su territorio con ciudades y templos en honor del emperador y de los dioses. 
Si tomamos en cuenta los templos que edificó en honor de los falsos dioses- el de Apolo, por ejemplo, en Rodas (F. Josefo "Antigüedades", XVI,V,3)- podemos deducir que fue más vanidad que piedad lo que le sugirió la mayor obra de su reino, el Templo de Jerusalén.  Juan (2, 20) menciona que corrieron 46 años desde el inicio de la construcción, pero se requiere jugar con las cifras para hacer concordar ese número con la historia, tanto del segundo templo como del que fue edificado por Herodes.
Los horrores del hogar de Herodes contrastaban fuertemente con el esplendor de su reino. 
El haberse desposado con diez mujeres (F. Josefo "Guerras", I, XXVIII, 4- nota en Whiston), de las que tuvo muchos hijos, hizo que el demonio de la discordia provocara frecuentes tragedias familiares. 
Incluso mandó matar a sus hijos Aristóbulo y Alejandro, 6 a.C., a quienes Antípatro, otro hijo, nacido de Doris, había acusado de conspirar contra la vida de su padre (F. Josefo "Antigüedades", XVI, XI). 
Este mismo Antípatro, cuya crueldad lo hacía verdadero hijo de Herodes, y quien había causado la muerte de tantos, fue él mismo acusado y convicto de haber intentado envenenar, y finalmente, matar a su padre (Flavio Josefo "Guerras", I, XXXIII, 7). 
La última alegría del rey moribundo se la proporcionó la carta de Roma que lo autorizaba a matar a su hijo
Cinco días después murió, como otro Antíoco sujeto a una maldición. La descripción que hace Josefo- siguiendo a Nicolás de Damasco, su amigo y biógrafo- ("Antigüedades", XVII, VI, VII, VIII; "Guerras", I, XXXIII) de su muerte y de las circunstancias que la acompañaron es tan gráfica que sólo puede haber sido hecha por un testigo ocular. 
En el balneario de Calirroe, al este del Mar Muerto, buscaba el rey reposo de la enfermedad que lo llevaría a la muerte. Cuando se acercaba su fin, dio órdenes de encerrar en el hipódromo de Jericó a los principales personajes del país y matarlos en cuanto él muriera, para que no faltaran lágrimas en su sepelio. No fue obedecida orden tan bárbara. Por el contrario, los judíos celebraron el día de su muerte como uno de fiesta, para celebrar su liberación de esa tiranía. (Grätz, "Gesch. D. Jud.", III, 195)- "Hist." (en inglés), II, 117). 
Arquelao, a quien Herodes había nombrado heredero al descubrirse la perfidia de Antípatro, lo sepultó con gran pompa en Herodión, llamado por algunos Monte Franco, al sureste de Belén, en la tumba que el rey había preparado para si mismo (F. Josefo, "Antigüedades", XVII, VIII, 2, 3; "Guerras", I, XXXIII, 8,9). 
La muerte de Herodes reviste importancia por su relación con el nacimiento de Cristo.
Extraído de aquí. Sigue con más genialidades de Herodes…

Herodes El Grande fue un gran líder político, militar y constructor. Si bien su linaje era idumeo (pueblo descendiente de los antiguos edomitas) su pensamiento, educación y cosmognía eran claramente griegas por lo cual podríamos calificarlo más como un rey extranjero que gobernó a Judea durante y a nombre del poder romano. Siempre tuvo este sino sobre él, pues el pueblo nunca lo consideró judío debido a su origen idumeo.Así, fue nombrado en el año 47 a. C. procurador de Judea por Julio César. Herodes se ganó la confianza de los romanos, obteniendo su apoyo para derrocar a la estirpe judía de los asmoneos. En el año 40 a. C. consiguió de Marco Antonio, triunviro de Roma y poseedor de la parte oriental del Imperio romano, el título de rey de Judea.Se casó en el 38 a. C. con Mariamne, hija de Alejandro, hijo a su vez de Aristóbulo II, de la estirpe de los asmoneos. Herodes era enemigo de la familia asmonea que había reinado hasta ese momento en Judea. En sus luchas para la conquista de Jerusalén, y con el apoyo romano en Siria, consiguió que en el año 37 a. C. fuera degollado Antígono II, hijo de Aristóbulo II. Eliminaba así al más directo aspirante a arrebatarle su título de rey.Intentó mejorar sin éxito su imagen ante el pueblo judío. Realizó una política de mejoras, entre las que destacó la reconstrucción del Templo de Jerusalén, iniciada en el 22 a. C., o la fundación de la ciudad de Cesarea, una ciudad portuaria de carácter occidental construida en honor al dueño del Imperio tras la batalla de Accio, Cayo Julio César Octavio Augusto (Gaius Iulius Caesar Octavius Augustus). Fue un gobernante eficaz que impulsó el comercio y la economía de su pueblo. En época de hambruna (25 a. C.), se deshizo de gran parte de la riqueza de sus palacios para comprar trigo a Egipto.Hizo ejecutar a toda la familia rival derrocada, incluyendo al abuelo (Aristóbulo II) y al hermano (Aristóbulo III, sumo sacerdote ahogado en unos baños) de Mariamne, su mujer. También a ella la mandó ejecutar en 29 a. C., y un año después a la madre de Mariamne. Asimismo eliminó a dos de sus propios hijos (Aristóbulo y Alejandro), atendiendo a rumores de conspiración contra su persona, levantados por otro hijo, Antípater, a quien también ejecutó años más tarde por intentar envenenarle.Herodes tuvo muchos hijos de sus diez esposas. Aunque designó sucesor a su hijo Arquelao, a su muerte, el emperador Augusto repartió el reino entre tres de sus hijos:
  • Herodes Arquelao: Etnarca de Judea, Samaria e Idumea.
  • Herodes Antipas: Tetrarca de Galilea y Perea.
  • Herodes Filipo: Tetrarca de Batanea, Gaulanítide, Traconítide y Auranítide.

Murió en Jerusalén hacia el 12 o 13 de marzo de 4 a. C. (entre la Pascua y el eclipse de luna).En el año 2007 la Universidad Hebrea de Jerusalén anunció el hallazgo de la tumba de Herodes en el Herodión, a pocos kilómetros de Jerusalén, hecho que, sin embargo y sin perjuicio del prestigio de los arqueólogos de la Universidad Hebrea, no se haya totalmente probado dada la escasez de textos y dataciones fehacientes.

Ahora la historia contada por un cercano a Herodes, el historiador Flavio Josefo

LA MUERTE DE HERODES EL GRANDE (S. IV A.C.)
Tomado de “Las Antigüedades de los judíos” Libro XVII, caps. VI al VIII
l historiador, de acuerdo a la mentalidad judía de aquella época, atribuye el doloroso mal que aquejó Herodes en sus últimos días, al castigo de Yavé por los crímenes que había cometido y que siguió cometiendo incluso en tal trance. De acuerdo a la sintomatología, los médicos contemporáneos suponen que Herodes sufría de una insuficiencia renal crónica en etapa terminal, agravada por una gangrena genital conocida como gangrena de Fournier, un mal extremadamente raro actualmente.

CAPÍTULO VI… 

5. La enfermedad de Herodes se agravaba día a día, castigándole Dios por los crímenes que había cometido. Una especie de fuego lo iba consumiendo lentamente, el cual no solo se manifestaba por su ardor al tacto, sino que le dolía en el interior. Sentía un vehemente deseo de tomar alimento, el cual era imposible concederle; agréguese la ulceración de los intestinos y especialmente un cólico que le ocasionaba terribles dolores; también en los pies estaba afectado por una inflamación con un humor transparente y sufría un mal análogo en el abdomen; además una gangrena en las partes genitales que engendraba gusanos. Cuando estaba de pie se hacía desagradable por su respiración fétida. Finalmente en todos sus miembros experimentaba convulsiones espasmódicas de una violencia insoportable. Decían los que se entregaban al estudio de las ciencias divinas y los aficionados a vaticinios que todo esto era el castigo que Dios le imponía por sus muchas impiedades. Sin embargo, a pesar de su gravedad y de los dolores que parecía imposible que nadie pudiera soportarlos, esperaba curarse y llamaba a los médicos, ateniéndose a sus prescripciones. Atravesó el río Jordán y se hizo tratar por las aguas termales de Calirroe que, entre otras virtudes, son potables. Estas aguas se concentran en el lago llamado Asfaltites. Allí, puesto que los médicos decían que iba a mejorar, se sumergió en un baño lleno de aceite, pero se creyó que iba a morir. Los lamentos de sus servidores lo volvieron en sí. En vista de que no podía recuperar la salud, ordenó que a cada uno de sus soldados le entregaran quinientas dracmas; también ordenó que les diera gran cantidad de dinero a los jefes y amigos

Aun en tal lamentable situación, Herodes no deja de maquinar acciones crueles contra sus opositores reales e imaginarios. Teme morir sin que nadie lo llore y lamente; para evitar ello convoca a todos los judíos notables del país y los encierra en el hipódromo de Jericó, bajo la orden de que una vez que expirara fueran muertos todos a flechazos: así todo el país tendría razón para llorar y lamentar de verdad, y no simuladamente. 

Luego regresó a Jericó, donde lo acometió un ataque de furia, de indignación contra todo el mundo, tan grande, que imaginó, ya moribundo, una acción terrible. Mandó reunir a los judíos principales de todo el pueblo; fué convocado todo el mundo, y todos obedecieron la orden dada bajo pena de muerte al que no lo hiciera. El rey, para manifestar su crueldad con todos, inocentes o culpables, los encerró a todos en el hipódromo. Luego hizo llamar a su hermana Salomé y su esposo, Alexas, y les dijo que por los muchos dolores de que se sentía atormentado, no estaba muy lejos de la muerte, la que era algo tolerable y soportable para todo el mundo; pero le era sumamente dolorosa la idea de morir sin que lo lamentaran y lloraran, como rey. Sabía muy bien cuál era el pensamiento de los judíos; no ignoraba que deseaban su muerte; ya se habían sublevado contra él y ultrajado sus dedicaciones. Por lo tanto, les tocaba a ellos imaginar algo para librarlo de este dolor. Si ellos no se oponían a su proyecto, sus exequias serían espléndidas y tales como ningún otro monarca las había tenido nunca; el pueblo lloraría en todo el país, y de verdad, y no por juego o diversión. En seguida que hubiese expirado, mandarían rodear el hipódromo por soldados que ignoraran su muerte, y con orden de matar a flechazos a los que se encontraban dentro. Si lo hacían, con esta matanza le proporcionarían un doble placer; por un lado cumplirían su voluntad y, al mismo tiempo, se harían sus funerales con memorables lamentos. Estas fueron las órdenes que les dió, llorando miserablemente, invocando el amor del parentesco y la fidelidad que se debía a Dios, y pidiendo que no le negaran este honor. Ellos prometieron que lo llevarían a cabo.6. Estas órdenes permiten conjeturar el carácter de este hombre, incluso para el concepto de aquellos que quisieran disculpar sus actos anteriores y su conducta hacia sus familiares, justificándolos con su amor a la vida. Era un carácter que no tenía nada de humano, porque cuando estaba por morir quiso sumir a todo el pueblo en el dolor privando a las familias de sus seres más queridos; ordenó matar a un miembro de cada familia, hombres que no habían cometido ningún delito contra él, ni habían sido acusados de nada. Sin embargo, los que conservan algún resto de virtud, suelen renunciar, en aquel trance, al odio que puedan haber sentido incluso contra verdaderos enemigos. 

La última víctima notable de su reinado: su propio hijo Antípater, que se hallaba preso acusado de conspiración. 

CAPITULO VII. 

1. Mientras daba estas órdenes a sus parientes, llegaron cartas desde Roma enviadas por los legados que designara ante César. En ellas se decía que Acme, por orden de César, había sido muerta, por haber ayudado a Antipáter en sus crímenes; y que en cuanto a Antipáter, dejaba a su arbitrio de rey y de padre, desterrarlo o condenarlo a muerte. Al recibir estas nuevas, Herodes se sintió mucho mejor, animado tanto por la muerte de Acme como por el poder que se le otorgaba de condenar a su propio hijo. Pero volviéndole de nuevo sus tormentos, pidió que le dieran de comer. Se hizo traer una manzana y un cuchillo, pues estaba acostumbrado a cortar la manzana y comerla. Cuando tuvo el cuchillo, miró alrededor y se quiso herir. Lo habría hecho, si su sobrino Aquiab no lo hubiese tomado de la mano, pidiendo auxilio; en la cámara regia se alzaron gritos y lamentos como si realmente hubiera muerto. 

Antipáter, en la creencia de que su padre había fallecido, recobró la audacia y quiso convencer al guardián de la cárcel que lo soltara, haciéndole grandes promesas, tanto para lo presente como para lo futuro, pues llegaría a ser rey. El guardián no sólo se negó a hacer lo que le pedía, sino que lo denuncié al rey. Entonces Herodes, que ya de antemano estaba indispuesto contra Antipáter, cuando oyó lo que le contaba el guardián de la cárcel, empezó a gritar y a golpearse la cabeza, a pesar de que estaba en sus últimos momentos; levantándose de la cama envió a algunos de los guardias para que inmediatamente, sin ninguna vacilación, mataran a Antipáter y lo enterraran sin honor alguno en Hircania. 

Al fin muere Herodes, no sin antes modificar su testamento. La corona recaerá en su hijo Arquelao. El juicio que Josefo hace de su gobierno es tendencioso: proviene de un judío tradicional para quien, Herodes y su dinastía no eran sino unos advenedizos extranjeros, que simulaban haberse convertido al judaísmo.