Sin techo pero con mucha fe

Al estar solo y no tener apoyo familiar, optó por abandonar una de las grandes ciudades-dormitorio a las afueras de Madrid para venirse a la capital. Primero fue a dormir a los soportales de la Plaza Mayor, pero la primera noche le robaron mientras dormía lo poco que tenía (ropa, calzado, alimentos, etc.). Al día siguiente decidió cambiar de lugar y escogió una calle del Barrio de Salamanca, cercana a un centro de la Obra. Su nueva “vivienda” pasaba a ser el pequeño soportal de una entrada al almacén de una tienda de moda de lujo. Cada noche se metía con un saco de dormir dentro de una caja grande de cartón.

A las pocas horas de establecer su nueva residencia, Jorge ya empezaba a ser famoso en el barrio. Mucha gente (empresarios, personas jubiladas, empleados de oficinas de la zona) empezaron a preocuparse por su situación. Jorge les sonreía, les agradecía que le escucharan y les pedía algo de dinero para poder imprimir su currículum vitae laboral. “Si algo tengo claro es que voy a luchar por salir de esta situación”, me dijo cuando nos conocimos.

Jorge les sonreía, les agradecía que le escucharan y les pedía algo de dinero para poder imprimir su currículum vitae laboral

Justo antes de Nochebuena fuimos un grupo del Centro del Opus Dei a visitarle y le invitamos a desayunar en una cafetería cercana. Antes de acompañarnos escondió su mochila en un contenedor de basura vacío para evitar nuevos robos…

Una vez sentados en la cafetería, nos presentamos y nos empezó a contar miles de anécdotas. “No os lo vais a creer, pero una familia me ha invitado a su casa a cenar esta Nochebuena”, nos cuenta con una sonrisa de oreja a oreja. También nos dijo que la gente se ha sorprendido al ver que “soy un tipo normal, que voy aseado (voy todas las mañanas a ducharme a unos baños públicos), que no soy drogadicto, ni bebo, etc.”.

Y prosigue. “En poco más de un mes, un tipo me ha ofrecido crear juntos una empresa para limpiar motos, otro me ha regalado unas zapatillas de deporte, una señora me trae el desayuno y lo deja encima de la caja,…realmente estoy muy agradecido”.

Lo más curioso es que Jorge se ha convertido también en un gran escuchador. “Desde que llegué al barrio se me acerca mucha gente que me cuenta sus problemas y trato de ayudarles con mi consejo, mi ánimo, que no sé si es acertado pero es lo que yo haría, vamos”.

“¿Conocéis a algún cura cerca de aquí?”

Muy rápido pasamos de lo humano a lo divino con gran naturalidad. Le contamos que frecuentamos un centro del Opus Dei y, tras reconocer que “algo me suena, pero ya investigaré” (risas), nos cuenta que “aunque estoy bautizado y tengo fe, hace mucho que no hago nada y creo que ya es hora”. Nos quedamos todos en silencio. Y le dejamos continuar, claro. “Yo he tenido formación cristiana, pero he perdido mucho tiempo con tonterías, y al final me quedé sin nadie… Me gastaba el dinero en buenos relojes, vivía muy bien la verdad. Al final, todos los amigos de entonces han desaparecido”.

Cuando ya casi nos despedíamos nos dice que lo que realmente necesitaba era confesarse y volver a empezar

Cuando ya casi nos despedíamos nos dice que lo que realmente necesitaba era confesarse y volver a empezar. “¿Conocéis a algún cura cerca de aquí?” Esa misma semana uno de nosotros le acompañamos a confesar tras ayudarle a prepararse. Al salir de la Iglesia estaba feliz y muy agradecido. Le dije que se había quitado un gran peso de encima y me respondió: “Me he quitado un peso de 25 años”.

Pasadas las Navidades seguía en el mismo sitio y con más optimismo que antes. Le dejé una pequeña biografía de san Josemaría y, después de leerla, me dijo: “este cura sí que tuvo que soportar contrariedades de verdad”. Estaba impresionado con la vida de nuestro Padre. Sonriendo, añadió: “por cierto, que ya me he informado y me han dicho que lo del Opus Dei es bueno”.

Le dejé una pequeña biografía de san Josemaría y, después de leerla, me dijo: “este cura sí que tuvo que soportar contrariedades de verdad”

Sólo dos semanas más tarde me dijo que otra persona de la Obra (un supernumerario que trabaja por la zona) le había dicho que enviara el currículum a una empresa para ver si le entrevistaban para un puesto vacante. “¡No te lo vas a creer! Me han cogido entre 50 candidatos y empiezo a trabajar el próximo lunes”. Se trata de un trabajo nocturno, bien remunerado, en un gran almacén cerca de Alcalá de Henares.

Pero no quería abandonar el barrio sin despedirse, y comunicó a los vecinos y amigos que habitualmente se paraban para comunicar la noticia. Todos le abrazaban y le felicitaban. Dejó un cartón con una emotiva frase de agradecimiento a todos los que le habían ayudado.

“¡No te lo vas a creer! Me han cogido entre 50 candidatos y empiezo a trabajar el próximo lunes”

Una semana después quedamos para tomar un café en “El Escondite”, que así se llama un conocido bar de la calle donde vivo. Sin embargo, para Jorge “el escondite” era precisamente el lugar donde dormía cuando estaba en la calle. Y allí se dirigió a esperarme. Al verle de nuevo, mucha gente se acercó otra vez, con preocupación, pensando que había perdido el puesto de trabajo… Y cuando acudí en su busca y le expliqué que estaba esperándole en el bar nos reímos por la confusión.

En nuestra conversación de ese día me dijo que “en cuanto pueda espero poder ayudar a toda esa gente que está ahora como yo, sin nada ni nadie a quien acudir”. También quiere seguir creciendo en su vida cristiana y ha empezado a ir a Misa.

En nuestra conversación de ese día me dijo que “en cuanto pueda espero poder ayudar a toda esa gente que está ahora como yo, sin nada ni nadie a quien acudir”

Hasta que no cobre mi primer sueldo no podré irme a un piso

Cuando todavía no ha terminado esta historia, hace poco conocí a Sergio (27 años) pidiendo en la puerta de una conocida iglesia del mismo barrio. Me dijo que era huérfano. Sus padres murieron en un accidente de tráfico cuando él era un niño. Un verano, a la vuelta de vacaciones, volvía a incorporarse a la inmobiliaria donde trabajaba como jefe de equipo; se le vino el mundo encima cuando vio que las oficinas de su empresa estaban cerradas a cal y canto. El portero de la finca le dijo que “se han llevado todo y han desaparecido”.

Cuando se quedó sin dinero, se vio obligado a irse a dormir a unos jardines en una conocida plaza de Madrid. Unos amigos que viven cerca le prestan el cuarto de baño para ducharse cada mañana

Cuando se quedó sin dinero, se vio obligado a irse a dormir a unos jardines en una conocida plaza de Madrid. Antes había estado durmiendo en cajeros de bancos, etc., pero había sufrido ataques y vejaciones, así que decidió cambiar de zona. Unos amigos que viven cerca le prestan el cuarto de baño para ducharse cada mañana. Gracias a los roperos de caridad y a la ayuda de los feligreses que van a misa “he conseguido un fondo de armario impresionante –dice sonriendo-, aunque muchas cosas no me valen y las devolveré”.

Una tarde me fui, acompañado por un cooperador de la Obra, a merendar con Sergio. Se sucedieron las anécdotas de su estancia en la calle: “la verdad es que antes de estar en la calle nunca había comido jamón de guijuelo; pero desde que estoy en la puerta de la iglesia una señora me trae un bocadillo cada día con ese delicioso producto… Ya le he dicho que puede traerme de queso, que es más barato… (nos reímos)”.

Lo mismo que Jorge, Sergio quiere recomenzar su vida cristiana. Me cuenta que desde que está en la puerta de la Iglesia se siente acompañado por la Virgen y no va a cambiar de sitio

Pero la mendicidad también le ha traído malos momentos. “Un día una señora me escupió y me dijo que era un drogadicto como todos los jóvenes. Le dije que no era cierto y que me haría la prueba delante de ella con un producto que venden en farmacias, pero que si daba negativo me pagaría ese producto. Efectivamente gané la apuesta”, comenta.

Después de mandar cientos de currículum me dice que ha pasado varias entrevistas y le han cogido en una empresa y está feliz. “El jefe me ha dicho que me ve un poco cansado y ¡que si duermo bien! (risas). Lógicamente no saben nada, pero hasta que no cobre mi primer sueldo no podré irme a un piso”.

Lo mismo que Jorge, Sergio quiere recomenzar su vida cristiana. Me cuenta que desde que está en la puerta de la Iglesia se siente acompañado por la Virgen y no va a cambiar de sitio. Ya está pensando en el día en que pueda casarse por la Iglesia con su novia. Espero poder mantener la amistad y poder aconsejarles para la preparación para ese gran día.

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