Clausura del congreso de la Penitenciaría apostólica sobre la «Misericordiae vultus»- Bienvenido a casa

En el sacerdote confesor el penitente
debería ver un grande y silencioso abrazo paterno que dice: «Bienvenido a
casa». Con esta imagen monseñor Krzysztof Nykiel, regente de la Penitenciaría
apostólica, concluyó el congreso promovido por el dicasterio vaticano sobre la
bula jubilar Misericordiae vultus,
que tuvo lugar del 31 de marzo al 1 de abril. 

Tal vez también gracias al
redescubrimiento de esta imagen del confesor —destacó el regente— «uno de los
frutos principales de este año de la misericordia» es precisamente «el regreso
al confesionario de muchas personas que desde hace muchos años ya no se
acercaban al sacramento de la reconciliación». Del mismo modo, se nota el
redescubrimiento de las obras de misericordia corporales y espirituales, en las
que el Papa Francisco ha insistido particularmente invitando a los fieles «a
practicarlas con generosidad».

Monseñor
Nykiel recomendó a cada confesor que «acojan a los fieles como el padre de la
parábola del hijo pródigo, mostrándoles la ternura del Padre siempre dispuesto
a donarnos su perdón». En efecto, explicó el prelado, él «no hace más que
acoger lo que Dios ya hizo surgir en el corazón de un hombre: la nueva vida de
hijo que sólo Dios suscita y que él sencillamente constata y acoge». Por este
motivo el Pontífice, en la bula de convocación del Año santo, pide
constantemente que los «confesores sean un verdadero signo de la misericordia
del Padre», llamados a «ser siempre, en todas partes, en cada situación y a
pesar de todo, el signo del primado de la misericordia».

La
variedad de los contenidos y de las perspectivas surgidas en las tres sesiones
de trabajo confirman en qué medida la misericordia es el corazón del Evangelio.
En efecto, todo el congreso, explicó el regente, ha sido una «gran celebración»
de la misericordia de Dios, «un himno de alabanza a la divina misericordia».

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