De la crisis también salen cosas buenas

En 2008 empezaba a golpear fuerte la crisis económica en España. José María lo notó —y lo sigue notando— en la empresa de arquitectura e ingeniería que lleva con su cuñado en Jaén. Sin cargar las tintas, dice que ahora es “administrador de la debacle”. Por la escasez de nuevos proyectos de edificación, comenzó a tener más tiempo libre.

Y se dio cuenta de que podría cumplir un deseo que había cultivado cuando estudiaba Arquitectura en Madrid, en los movidos años 60. En esa etapa de su vida descubrió su vocación al Opus Dei, y además de realizar sus estudios, acudió durante varios años, con otros amigos, a dar clases nocturnas a niños de familias pobres en el barrio madrileño del Pozo del tío Raimundo. “Visitábamos a las familias en las chabolas, familias paupérrimas —recuerda—, dábamos clases a niños con harapos y pisamos mucho, mucho barro”.

Tiempo libre y buenas inversiones

José María ahora tiene 72 años. Lleva casi medio siglo ejerciendo su profesión de arquitecto en Jaén. La empresa y la familia han sido su principal ocupación. Junto con su mujer, Amalia, han sacado adelante a ocho hijos, incluidos “dos angelitos que ya están en el cielo”. Y ahora también son abuelos de nueve nietos.

Por si fuera poco, un día de esos del arranque de la crisis económica, al entrar en la parroquia de San Roque para asistir a Misa, José María se fijó con otros ojos en los pobres que mendigaban sentados en las escaleras de acceso. “Noté como una obligación nueva —se explica—: Dios me pedía ocuparme (¡ahora tenía tiempo!) de esas personas más necesitadas. Era como retomar mi experiencia en Madrid. Ahora me tocaba conseguir dinero para que esos mendigos comiesen mejor y abandonasen el alcohol”.

Ese mismo día se reunió con su amigo Paco. Leyeron juntos un pasaje del Evangelio donde Jesús afirma que dar alimento al hambriento es como alimentarle a Él, y decidieron plantear a don Juan, su párroco, el deseo de crear un comedor para los más desamparados. Empezaron en una cocinita de la misma parroquia, ahora en desuso, repartiendo bocadillos, batidos y zumos a nueve personas.

“Visitábamos a las familias en las chabolas del Pozo del tío Raimundo, familias paupérrimas, dábamos clases a niños con harapos y pisamos mucho, mucho barro”

Enseguida se sumó al proyecto un tercer amigo, Jerónimo, que ya falleció. Pronto se multiplicaron los “clientes”. Y empezaron a acudir también voluntarios para servir las comidas en varios turnos. En pocos meses se corrió la voz en Jaén y la cocina-comedor se quedó pequeña ante la afluencia de personas indigentes. “Entonces proyectamos crear un comedor grande en la planta baja de la parroquia. Me apliqué también ahí como arquitecto… (se sonríe). En esta fase la gestión económica completa la llevamos tres personas y es independiente de la parroquia; pero mantenemos el nombre del comedor de san Roque por estar a la vera de la parroquia”.

El Obispo, don Ramón, a través de don Fran, su vicario general, se interesó entonces y sigue interesándose mucho en el proyecto del nuevo comedor. Pasaron a incardinarse en Cáritas. Y pudieron llegar a inaugurarlo en 2009, con 42 plazas sentadas.

La generosidad de los jienenses

“Yo veo que la Providencia divina está en todos lados. Es un hecho real”, afirma José María convencido. La buena marcha del comedor requiere voluntarios comprometidos, dinero para pagar la luz, el agua, el material de cocina, frigoríficos, y, por descontado, los alimentos diarios.

Ahora me tocaba conseguir dinero para que esos mendigos comiesen mejor y abandonasen el alcohol

“Hemos tenido de todo ―comenta―. De todo, pero para repartirlo a los demás. A nuestro esfuerzo por buscar dinero y alimentos ha habido respuestas de gente muy generosa. Y no solo de particulares”. Cuenta José María que la solidaridad de los jienenses se activa más, si cabe, en las épocas de cosechas ―como la oliva, de noviembre a enero o febrero―, pues la gente sabe que la ciudad se llena de temporeros y se ve por la ciudad más mendicidad.

Hay gran cantidad de donantes que colaboran con el comedor de forma anónima, sin ánimo de figurar. Mucha gente de la ciudad se implica. “Hay pescaderos que nos regalan productos muy valiosos. También peñas deportivas ―añade― que alguna vez organizan carreras ciclistas o de atletismo, y nos entregan su recaudación para comprar alimentos”.

Empezaron en una cocinita de la misma parroquia, ahora en desuso, repartiendo bocadillos, batidos y zumos a nueve personas

Hace como cuatro años llegó al equipo una voluntaria que llevaba un restaurante con mucha experiencia de catering. Incorporaron este servicio al comedor y comenzaron a repartir comidas a un público antes desatendido: las familias numerosas con niños pequeños y ancianos que no pueden acercarse andando al comedor.

Servicio de catering para familias numerosas

La rutina diaria incluye, por la mañana, la preparación de las comidas del día, las de llevar y las de consumir in situ. Luego, por la tarde, a partir de las 17:00, toca el servicio directo: primero el turno de reparto de bolsas, o catering, para llevar a domicilio (una o dos personas de cada familia recogen la comida y se la llevan para tomar en casa), y a partir de las 19 horas, la cena en las mesas.

Hoy vuelve a abrir sus puertas el comedor de San Roque. pic.twitter.com/rEF2Zt6F5m
— Comedor de San Roque (@comedorsanroque) 1 de septiembre de 2015

En el suministro de viandas que necesita el comedor colaboran muchas entidades, entre ellas, el Banco de Alimentos de Jaén. También está siendo clave la ayuda de varias cadenas de supermercados. Una de ellas provee los táper para el catering. Todas regalan alimentos buenos perecederos variados. Los entregan 3 ó 4 días antes de que caduquen, y en el comedor de San Roque se consumen en el día. “Ellos, los supermercados, se desprenden de algo que todavía les daría algunos beneficios, pero que al final implicaría derrochar alimentos. Al dárnoslos ―considera José María―, evitan el derroche y a nosotros nos prestan un servicio esencial. Me parece un gesto bonito de la responsabilidad de no tirar alimentos a la que alude el Papa Francisco en su encíclica Laudato si´.

En pocos meses se corrió la voz en Jaén y la cocina-comedor se quedó pequeña ante la afluencia de personas indigentes

Para conseguir financiación, tres asiduos colaboradores del comedor se han arrimado a la Unión Europea y a varias entidades bancarias. Un banco les regala tarjetas para hacer compras en una cadena de supermercados muy conocida en Jaén. Otro les ha otorgado un segundo premio, de varios miles de euros, por el “Proyecto Niño”, con el que llegan a nuevo público. Se trata de una iniciativa para alimentar bien a los niños de 2-3 años que van al comedor con sus padres y a los que, lógicamente, no les conviene la comida de adulto. El premio les ha dado una buena provisión para comprar y cocinar alimentos adecuados para ellos.

Llegar a más gente necesitada

A fecha de hoy, en el comedor se sirven 220 comidas diarias, sumando las consumidas en la sede y las que se reparten para llevar a casa. ¿No harían falta más? “Hay gente buena que nos ha ofrecido ―responde― un nuevo espacio para llegar a más personas. Lo hemos estudiado y hemos renunciado, porque no parece práctico. Es una nave en las afueras de Jaén, y, si bien es más grande, la gente no podría desplazarse hasta allí a pie. Donde estamos ahora, estamos mejor, a pesar de que se forman colas en la calle, a la espera de la comida del día, que, dicho sea de paso, está cocinada con mucho esmero”.

Hoy se sirven 220 comidas diarias en el comedor, sumando las consumidas en la sede y las que se reparten para llevar a casa

Aunque el comedor de San Roque no se amplía, le han salido dos retoños. “La iniciativa de dos nuevos comedores ha venido de algunos voluntarios que se han formado con nosotros. Han aprendido los canales para conseguir dinero y alimentos, y hace poco han abierto un comedor nuevo en Jaén y otro en Linares”, explica José María. Cáritas ha puesto las instalaciones de ambos. Todavía son pequeños; pero todo indica que, mientras la situación económica del entorno siga como ahora, irán sumando “clientes”…

Y es que en Jaén no faltan las personas necesitadas: sean los menesterosos casi permanentes, sean los temporeros del campo, o bien otras aves de paso que aparecen y se marchan de repente porque su vida es moverse de ciudad en ciudad en busca de empleo.

Con el paso de los años, y gracias al apoyo de los medios de comunicación, el comedor de san Roque ha llegado a ser muy conocido en Jaén. Ha recibido, entre otros, el premio “Jiennenses del año 2012”, una distinción prestigiosa que convoca todos los años el Diario JAÉN. Y el año pasado cosechó una “Estrella” de La Caixa, por la labor social que realizan. A José María le caen bien estas medallas. Son prueba de que su sueño “sigue en la onda” y, sobre todo, “son un pasito delante de los que, cada tarde, hacen cola en nuestra puerta”.

Anécdota de Anecdonet.com