Iluminar, inflamar y trabajar, el Papa a las Obras Misionales Pontificias

Llevar el Evangelio a toda criatura



(RV).- “Que en este Año Santo de la Misericordia, el ardor misionero que consumía al beato Paolo Manna – y del que surgió la Pontificia Unión Misionera – aún hoy siga haciendo arder, apasionar, renovar, repensar y reformar el servicio que esta Obra está llamada a ofrecer a la Iglesia entera”.

Con estas palabras el Papa Francisco animó a los participantes en la Asamblea de las Obras Misionales Pontificias, a quienes recibió en la Ciudad del Vaticano el primer sábado de junio. A todos ellos, acompañados por el Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el Santo Padre les agradeció su precioso servicio a la misión de la Iglesia que es el de “llevar el Evangelio a toda criatura” (Cfr. Mc 16,15).

El Obispo de Roma recordó que el encuentro de este año se produce en el centenario de la fundación de la Pontificia Unión Misionera (PUM), es decir la Obra que se inspira en la figura del beato Paolo Manna, sacerdote misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, que sostuvo san Guido Maria Conforti, y que fue aprobada por el Papa Benedicto XV el 31 de octubre de 1916; mientras cuarenta años después, el Venerable Pío XII la calificó como “Pontificia”. De este modo – explicó el Papa – y con la mediación de la Sede Apostólica, el Espíritu Santo condujo a la Iglesia a tener cada vez más conciencia de su propia naturaleza misionera, que posteriormente el Concilio Ecuménico Vaticano II llevó a su madurez.

Francisco destacó que la Unión Misionera tiene la tarea de iluminar, inflamar y trabajar organizando a los sacerdotes, y mediante ellos a todos los files, en favor de las misiones, tal como lo expresó su fundador en 1936. Sin embargo – dijo el Pontífice – formar en la misión a los obispos y sacerdotes no significaba reducir esta Unión a una realidad simplemente clerical, sino a sostener a la jerarquía en su servicio al carácter misionero de la Iglesia que es propio de todos: fieles y pastores, casados o consagrados, Iglesia universal e Iglesias particulares.

Hacia el final de su alocución, dirigiéndose a los queridos Directores Nacionales de las Pontificias Obras Misionales, el Santo Padre reafirmó que es la misión la que hace a la Iglesia y la mantiene fiel a la voluntad salvífica de Dios. Por esta razón – les dijo – “un generoso trabajo de formación permanente en la misión, dirigido a todos los fieles laicos, pastores, Iglesias antiguas y jóvenes, representa el corazón de su empeño, desarrollado con la intención de servir y alimentar la identidad misionera de toda la Iglesia.

“A la Virgen María, Reina de las Misiones, a los santos Pedro y Pablo, a san Guido Maria Conforti y al beato Paolo Manna – terminó diciendo el Papa – encomendamos con gratitud su servicio”. Y tras bendecirlos de corazón, Francisco les pidió que, por favor, recen por él.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)

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