Papa: La Asunción de María, misterio grande para nuestro futuro



(RV).- Miles de fieles y peregrinos volvieron a darse cita en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus con el Papa Francisco en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En esta ocasión, el Santo Padre recordó esta fiesta es un misterio grande que tiene que ver con cada uno de nosotros y con nuestro futuro.

Al referirse al Evangelio de San Lucas (1,39-56) el Obispo de Roma  explicó que contemplamos a la Madre de Dios en su camino hacia la Jerusalén celestial, para encontrar, finalmente, el rostro del Padre y volver a ver el de su Hijo Jesús.  

De la Virgen el Pontífice destaco que fue la primera que creyó en  el Hijo de Dios, y que es la primera que ha sido llevada al cielo con cuerpo y alma. La primera que acogió y tomó en brazos a Jesús cuando aún era un niño, es la primera en ser acogida por sus brazos para entrar en el Reino eterno del Padre. Y añadió que esta humilde y sencilla muchacha, originaria de un pueblito apartado de la periferia del Imperio, precisamente porque acogió y vivió el Evangelio, es admitida por Dios para estar por la eternidad junto al trono de su Hijo. De este modo – destacó el Papa –  el Señor derriba a los poderosos de los tronos y eleva a los humildes (Cfr. Lc 1, 52).

En efecto María – dijo también el Papa Bergoglio – nos precede en el camino por el cual se encaminan quienes, mediante el Bautismo, han unido su vida a Jesús, tal como lo hizo Ella. De modo que esta fiesta preanuncia los “cielos nuevos y la tierra nueva”, con la victoria de Cristo resucitado, de donde se desprende el gozo que expresa en el cántico del Magníficat, que se convierte en el canto de la entera humanidad, que se complace al ver al Señor que se inclina sobre todos los hombres y mujeres, criaturas humildes, para que estén con Él en el cielo.

Francisco invitó a pensar de modo especial en las mujeres arrolladas por el peso de la vida y por el drama de la violencia, en las mujeres esclavas de la prepotencia de los poderosos, en las niñas obligadas a realizar trabajos inhumanos, en las mujeres obligadas a entregarse en el cuerpo y en el espíritu a la avidez de los hombres. Y formuló su deseo que de que cuanto antes llegue para ellas el inicio de una vida de paz, de justicia y de amor en espera del día en que, finalmente, se sentirán aferradas por las manos que no las humillan, sino que con ternura las levantan y conducen hasta el cielo.

Después de rezar a la Madre de Dios, el Obispo de Roma saludó a los diversos grupos presentes en la Plaza.  Y afirmó que a la Reina de la paz, que contemplamos en la gloria celestial deseaba encomendar una vez más las ansias y los dolores de las poblaciones que en tanta partes del mundo son víctimas inocentes de los conflictos persistentes.

De modo especial el pensamiento del Santo Padre se dirigió a los habitantes de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo, afectados recientemente por nuevas matanzas, implorando que María ¡obtenga para todos sentimientos de comprensión y deseo de concordia!

Tras saludar a los demás fieles romanos y peregrinos procedentes de diversos países, Francisco deseó a todos feliz fiesta de la Asunción, sin olvidarse de quienes transcurren sus vacaciones o de los que no han podido realizarlas, así como de los enfermos y las personas que se encuentran solas, incluyendo a quienes durante estos días aseguran los servicios indispensables para la comunidad.

El Papa se despidió agradeciendo la presencia de tantas personas y recordándoles, como suele hacer, que no se olviden de rezar por él.

(María Fernanda Bernasconi – RV). 

(from Vatican Radio)

Anécdota de Anecdonet.com