El Prelado inaugura el curso académico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

“Deseo que esta Universidad pueda ser una casa para todos aquellos que desean llevar a Cristo a cada miembro de la familia humana en el mundo”, de modo que “quien crea en Él pueda seguirlo, haciéndolo con mayor profundidad y agradecimiento”, y quien no crea “pueda encontrar respuesta a las inquietudes y a los deseos más profundos del propio corazón”.

Con estas palabras, Mons. Javier Echevarría, obispo prelado del Opus Dei y Gran Canciller de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, ha inaugurado el año académico 2016/2017, 32º de actividad de dicho centro.

 

En su discurso, Mons. Echevarría ha resaltado cómo en el Magisterio se puede seguir “un hilo común” que estimula a todos los hombres de ciencia y de cultura a entrar en relación “para pensar juntos sobre la dimensión social del ser humano y su perfección, es decir, sobre su camino a la felicidad”.

En el trabajo académico, esta actitud se puede traducir en una triple apertura: gracias a la cual es posible desarrollar “relaciones en la Universidad y desde la Universidad”: apertura a la comunicación recíproca entre profesores; apertura hacia otros ámbitos científicos y civiles externos; y apertura a la realidad concreta del hombre de hoy y de las necesidades de la sociedad.

“Se trata de escuchar y de escucharse –concluyó el Prelado–, para que la fe pueda inspirar las preguntas y las aspiraciones de los corazones de los hombres de hoy y de los diversos pueblos”, que en el caso de la Universidad con sede en Roma resulta patente por la procedencia de origen tan variada de profesores y alumnos.

En la homilía de la Santa Misa votiva del Espíritu Santo, celebrada en la Basílica de Sant’Apollinare, el Gran Canciller explicó que “confiar al Espíritu Santo los frutos del nuevo año académico es algo imprescindible, porque todos necesitamos una guía segura para nuestros pasos”.

“Confiar al Espíritu Santo los frutos del nuevo año académico es algo
imprescindible, porque todos necesitamos una guía segura para nuestros
pasos”.

Refiriéndose al Año Jubilar de la Misericordia, que está llegando a su fin, dijo que para entender mejor la misión que ha sido confiada a cada persona “basta con repasar las obras de misericordia, en este caso de manera especial las espirituales, que constituyen un programa para la formación integral, basada en el modelo de la persona de Jesús”.

La lección inaugural fue impartida por el profesor Juan José Sanguineti, ordinario de Filosofía del conocimiento, quien reflexionó sobre el tema “Querer y sentir”, y más concretamente sobre la relación entre voluntad, racionalidad y sentimiento

La lección inaugural fue impartida por el profesor Juan José Sanguineti,
ordinario de Filosofía del conocimiento, quien reflexionó sobre el tema
“Querer y sentir”

“Lo que importa no es tanto el predominio de la voluntad, la racionalidad o la afectividad, sino su enraizamiento armónico en la verdad de la persona, es decir, en sus verdaderos bienes, acogidos en el modo oportuno”, explicó el filósofo. Los sentimientos, de hecho, “son más auténticos cuando se trata de resonancias afectivas de la realidad. De ese modo, están basados en el mundo real y no han sido hinchados por la subjetividad”. Si, en cambio, las ideas o emociones cierran a la persona en sí misma, “en sus sueños o utopías, en sus satisfacciones, entonces se convierten en negativos y tienen necesidad de ser rectificados”.

“Los sentimientos acertados modelan la voluntad, la refuerzan y no solo confieren serenidad a la persona, sino también fuerza para actuar en las circunstancias difíciles”. Del mismo modo, “la subjetividad, cuando está equilibrada en su dinamismo -es decir cuando sentir, querer y comprender van en la misma línea-, está entonces más reparada para acoger la trascendencia hacia la que se orienta la persona (Dios, los otros, la sociedad)”.

Por lo tanto, “el criterio orientativo decisivo del sentir y del querer contemplativos está en el ser capaces de trascenderse hacia aquello que puede hacer florecer la existencia humana”, concluyó Sanguineti.

El Prelado concedió igualmente la medalla de la Universidad a profesores y empleados que cumplieron 25 años en el centro: Paul O’Callaghan, de la Facultad de Teología; Marco Munafò, de la secretaría de las facultades; Giuseppe Matteucci, de la Secretaría académica; y Fabrizio Viselli, de la Oficina Técnica.

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