Gracias san Josemaría, a quien no conozco…

Especial Recuerdos de la canonización de San Josemaría

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Conocí a san Josemaría con motivo de mi segundo cumpleaños. Me explico.

Me llamo Cristian, soy rumano y vivo en Madrid desde hace unos años. Estoy casado y tengo una niña preciosa.

El 22 de junio de 2015 nací de nuevo.

Me dedico desde siempre al cuidado de caballos. A darles de comer, a limpiarlos, y a procurar que estén a punto para que sus dueños los monten a sus anchas. Aprendí con mi hermano en la cuadra de un jinete olímpico y con ese curriculum trabajaba en Madrid desde 2004.

El 22 de junio de 2015, uno de esos caballos, sin querer, supongo, estuvo a punto de matarme. Me dios dos patadas en el brazo, caí al suelo, y me remató con una coz en la cabeza

El 22 de junio de 2015, uno de esos caballos, sin querer, supongo, estuvo a punto de matarme. Me dios dos patadas en el brazo, caí al suelo, y me remató con una coz en la cabeza. La historia clínica dice que tuve ocho fracturas distintas y dos paradas cardíacas.

Ambulancia. Tensión. “Este señor no llega a puerta”. De mi paso por la UCI no recuerdo nada. Dicen que algo hablé, que no sabía dónde estaba, y que, ante la sorpresa de muchos, en algún momento me levanté de la cama y di algún que otro paseo por los pasillos de Cuidados Intensivos.

A las dos semanas de mi ingreso a vida o muerte, pasé a planta. Y ahora aquí ando, con baja laboral, pero con muchas ganas de vivir.

Yo creo que las cosas no pasan porque sí.

Tengo 36 años y soy cristiano ortodoxo. Rezo todos los días. Sé que estoy vivo porque ha querido Dios. Los médicos me dicen: “Lo tuyo es un milagro”. Y eso es muy fuerte.

Tengo 36 años y soy cristiano ortodoxo. Rezo todos los días. Sé que estoy vivo porque ha querido Dios. Los médicos me dicen: “Lo tuyo es un milagro”

Poco a poco voy mejorando mis lesiones. La semiparálisis de mi mano izquierda es una realidad ineludible que trato de pelear tocando el violín. Me ayuda.

Oración, cariño y fe

Poco a poco voy descubriendo también otros personajes que han tenido un cierto protagonismo en mi curación. Uno de mis clientes me ha dicho que durante mi estancia en la UCI rezaron mucho a san Josemaría. Yo no sabía quién era san Josemaría hasta que volví a abrir los ojos.

Además de darle las gracias a san Josemaría y a la gente que ha rezado por mi curación, quiero agradecer lo bien que me he sentido tratado en este tiempo por mi familia y por mis amigos católicos

Según me cuentan, mientras estaba en coma vegetativo a punto de convertirme en un hombre paralítico, la oración al fundador del Opus Dei sonaba mucho alrededor de mi cama. Dicen. Yo, insisto, ni le conocía a él, ni al Opus Dei, pero la seguridad de su intercesión en la gente que me quiere me ha llevado a contar esta historia y dar las gracias. Otra cosa no puedo hacer.

Podía ser un extranjero perdido en los pasillos de un hospital y, sin embargo, he recibido muchas visitas

Además de darle las gracias a san Josemaría y a la gente que ha rezado por mi curación, quiero agradecer lo bien que me he sentido tratado en este tiempo por mi familia y por mis amigos católicos. Podía ser un extranjero perdido en los pasillos de un hospital y, sin embargo, he recibido muchas visitas. Mi ilusión por trabajar bien desde siempre, un compromiso que adquirí especialmente en 2005, durante el funeral de mi madre, me ha servido para hacerme amigos. Amigos de esos que rezan por ti y te sacan de la tumba con la misma fe de las hermanas de Lázaro.

Anécdota de Anecdonet.com