Aprender a cuidar

Silvia está en 2º de Bachillerato. El curso final. Exámenes. Programas. Exámenes. Media. Selectividad versus reválida. Adiós instituto, hola Universidad. 17 años. Valladolid.

Su historia arranca con esta voz en off: “Un día vinieron a mi clase unas chicas de la Asociación Juvenil Trechel a contarnos su oferta de planes de verano. A mí me interesó en especial la idea de ayudar a personas con discapacidad mental, ya que había participado en otros proyectos de voluntariado en mi ciudad. Y me dije: ¿Por qué no?”.

Estudiar Enfermería, afirma Silvia,

Era el verano de 2015 y la aventura aterrizaba en Hungría. El objetivo de este proyecto de voluntariado era, nada más y nada menos, que el hospital psiquiátrico de Diösjeno. Con la imagen del centro médico de fondo, se escucha la voz de Silvia: “Lo primero que pensé fue: ¿Dónde me he metido?”. Y con primeros planos de sus pacientes en la pantalla, prosigue la joven: “Pero, poco a poco, con el cariño que intenté dar y el que recibía de esas personas, cambió mi percepción”.

Una experiencia “inolvidable” de verano. Así lo define ella. Tan inolvidable, que repitió en 2016, “porque sentía la necesidad de despedirme de verdad de esas personas que tanto me habían marcado, porque me han cambiado la vida”.

Hoy nos despedimos del Instituto de Diojeno, una gran experiencia #solidaria @voluntarizate pic.twitter.com/tY3MZ7N9lh
— Asociación Trechel (@clubtrechel) 28 de julio de 2016

Volar así a Hungría no es tomar un avión y desembarcar en un gran resort. Su viaje era otra cosa. Ahorro durante el curso. Y después, “casos complicados”, “realidades duras”, pero “todos somos personas y detrás de cada una hay una historia. Lo que he hecho, para mí, ha sido muy especial”.

Amanece pronto en Diösjeno. Desayuno y furgoneta rumbo al hospital. Orden de tareas matutinas: limpieza, jardinería, cocina, manualidades…

Amanece pronto en Diösjeno. Desayuno y furgoneta rumbo al hospital. Orden de tareas matutinas: limpieza, jardinería, cocina, manualidades… Después de comer: compañía, mimo y cuidados a los pacientes del psiquiátrico. Así, diez días. “Ves que hay gente que necesita muchísimo cariño, y que te da todo lo que tiene. Compruebas a cada paso que les estás haciendo felices”.

Enfermería: opción A

Silvia cursa 2º de Bachillerato. Es el esprint final antes de entrar a la Universidad. Desde sus dos veranos húngaros cavila seriamente estudiar Enfermería, al arte de saber cuidar a las personas con enfermedades. “De momento voy a centrarme en darlo todo este año. No lo tengo aún decidido, pero sé que, si finalmente me decanto por esa carrera, no me voy a arrepentir”.

Voluntarias de la Asociación Juvenil Trechel, de Valladolid.

Entre las variantes de la elección de sus estudios universitarios, Silvia ha agregado una más: Enfermería puede ser mi camino para “ayudar a mucha gente que está peor que yo y que necesita mi ayuda. Hacer bien la carrera me servirá para dar lo mejor de mí y me abrirá las puertas para participar en proyectos de voluntariado, que me encantan”.

Enfermería puede ser mi camino para “ayudar a mucha gente que está peor que yo y que necesita mi ayuda. Hacer bien la carrera me servirá para dar lo mejor de mí y me abrirá las puertas para participar en proyectos de voluntariado

Verano. Entre las miles de opciones de tomar la maleta y buscar un oasis por el mundo, Silvia encontró personas que sufren, personas que están solas, personas que lo agradecen todo. Es lógico que una experiencia que ha sido un punto de inflexión en su biografía la difunda con entusiasmo entre los jóvenes de su edad: “Si alguna vez tienes la oportunidad de hacer voluntariado, aunque no te llame la atención, te recomiendo que te informes, porque existen un montón de iniciativas. No dejes pasar la oportunidad, porque es algo increíble”.

Anécdota de Anecdonet.com