La evangelización, un reto para todos

Viaje pastoral del prelado del Opus Dei a Portugal

Jueves, 6 de julioMiércoles, 5 de julioMartes, 4 de julioViaje pastoral a Madrid (España)


6 de julio

Por la mañana, Mons. Fernando Ocáriz, acompañado por el vicario regional, José Rafael Espírito Santo, acudió al palacio episcopal de Porto para saludar al obispo, Mons. António Francisco dos Santos. En su diócesis queda ubicada la casa de convivencias Enxomil.

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Por la tarde, el prelado tuvo un encuentro con personas de la Obra que le han regalado una raqueta de tenis —deporte que practica el prelado— decorada con símbolos portugueses. Entre los asistentes, estaban una de las personas que empezaron la labor del Opus Dei en Portugal, en 1951. Mons. Ocáriz recibió también a algunas familias y las alentó a ser ejemplo de vida cristiana.

Con Mons. António Francisco dos Santos, obispo de Porto.Al final del día, tuvo diversos encuentros con grupos de gente joven en el polideportivo del colegio Horizonte situado en Gaia. El sucesor de san Josemaría habló de los retos evangelizadores propuestos en la carta pastoral que dirigió a los fieles del Opus Dei el pasado febrero.

También pudo reunirse con un grupo de personas que están promoviendo en Braga la construcción de la nueva sede para el club juvenil Colina.


5 de julio

«Que tengamos vibración para predicar la palabra de Dios, que es siempre eficaz»

El miércoles 5 de julio, por la mañana, en la casa de convivencias Enxomil, Mons. Fernando Ocáriz charló durante cuarenta y cinco minutos con un grupo de sacerdotes de varias diócesis, sacerdotes de la prelatura y seminaristas.

Alentó los presbíteros a ser «sacerdotes al 100%. Que tengamos vibración para predicar la palabra de Dios, que es siempre eficaz. Y que tengamos sobre todo un enorme interés, creciente, a pesar de que a veces puede venir el cansancio, por la Eucaristía».

Subrayó también la importancia de la fraternidad entre los sacerdotes: hay que «querer de verdad a nuestros hermanos los sacerdotes. Y, en la medida en que podamos, ayudar y dejarnos ayudar».

Uno de los asistentes le preguntó cómo predicar bien cuando se piensa que el público es mejor que el predicador. El prelado contestó que una buena práctica es «predicar para uno mismo. Que cuando predicamos procuremos hacer oración y no solo una exposición abstracta, teórica, por bonita que sea. Aquello que estamos diciendo lo aplico yo en primer lugar porque lo necesito. Cuando eso es sincero, como debe serlo, entonces no hay que tener ningún reparo al predicar».

En este encuentro se habló de otros temas: la importancia de la unidad entre los sacerdotes, y con el obispo de la diócesis y el Papa; la atención pastoral de las familias; la oración como método pastoral más eficaz; y la necesidad de ser conscientes del amor que Dios nos tiene, como base inquebrantable de la alegría, aún en medio de grandes adversidades.

Mons. Fernando Ocáriz saludó a algunos de los presentes, entre los cuales estaba Tiago, un seminarista de Braga, que sufre una ceguera progresiva desde la infancia a causa de una enfermedad congénita y que se está preparando para el sacerdocio con la ayuda de las nuevas tecnologías y de una perra-guía.

Encuentros en Oporto

Por la tarde el prelado plantó un roble en el jardín de la casa de convivencias Enxomil y tuvo dos encuentros con personas del Opus Dei. En el primero, Paula, que viaja regularmente a las Islas Azores, le ofreció una imagen de la Virgen de la Esperanza. Otra asistente narró algunos detalles de una actividad de voluntariado que universitarias portuguesas desarrollarán el próximo agosto en Cabo Verde.

Mons. Fernando Ocáriz saludó también a tres de las primeras mujeres de la Obra en Portugal: Judite, Guilhermina y Glória. Habló con Luís y María José, un matrimonio que acudió con sus hijos. La hija mayor de Luís contó que, con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima está invitando a sus amigos y amigas a ofrecer a Dios cien rosarios, cien horas de estudio y cien horas de oración junto al sagrario.

Subrayó la urgencia de llegar a conocer a Cristo, que es el mejor modo de llegar a conocer a Dios.

Al final de la tarde, en un centro del Opus Dei situado en Oporto, el prelado pronunció una conferencia en la que comentó la carta pastoral que escribió a los fieles de la prelatura en febrero pasado. Subrayó la urgencia de llegar a conocer a Cristo, que es el mejor modo de llegar a conocer a Dios. Señaló que la fidelidad a la fe, a la Iglesia y a la propia vocación es siempre fidelidad a Cristo. Por eso, es necesario «recordar lo que decía San Pablo: para mí, vivir es Cristo, es ser Cristo».

Antes de regresar a la casa de convivencias Enxomil charló con un grupo de bachilleres. Uno de ellos se refirió al grande incendio que hace dos semanas devastó el centro de Portugal, causando más de sesenta víctimas, y preguntó cómo aceptar el sufrimiento. Mons Fernando Ocáriz, empezó por distinguir el sufrimiento que depende de la libertad de aquel provocado por situaciones como una catástrofe natural, que no depende de la libertad humana. «Es un misterio que no podremos entender enteramente», precisó, pero desde la cruz de Jesucristo siempre podemos sacar algún consuelo. En la cruz, es Dios quien quiere pasar por el sufrimiento, y desde entonces, de algún modo, el sufrimiento se puede transformar en salvación, por el amor.


4 de julio

Tras su estancia en Madrid, el prelado del Opus Dei ha viajado a Portugal para compartir unos días con los fieles de la Obra de ese país. Su primera etapa ha sido el santuario de Fátima.

En enero pasado, tras el congreso electivo, Mons. Fernando Ocáriz comunicó al vicario regional de Portugal su deseo de ir rezar a Fátima en el año del centenario de las apariciones de la Virgen a los santos Jacinta y Francisco y a sor Lucía.

Ayer, martes 4 de julio, llegó al santuario mariano desde Madrid a las cuatro de la tarde, donde le esperaba el vicario regional del Opus Dei en Portugal, don José Rafael Espirito Santo. Allí saludó a Fernando y Rita, un matrimonio portugués, y a sus hijos. Le esperaban también un pequeño grupo de sacerdotes de la prelatura y otros fieles, entre ellos algunos enfermos.

En la Capelinha, depositó un ramillete de flores a los pies de la Virgen de Fátima y se recogió durante media hora en oración.

Encendió tres velas ante la Virgen: dos llevaban una inscripción de color rojo con la frase Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam («Todos, con Pedro, a Jesús por María»), grabada con la misma caligrafía de san Josemaría, ya que se trataba una oración muy apreciada por el fundador del Opus Dei; la tercera vela tenía escrito en azul el texto Consummati in unum («Consumados en la unidad»).

Antes de continuar el viaje por tierras portuguesas, saludó a algunos matrimonios. Pudo charlar también con un grupo de jóvenes estudiantes que están haciendo voluntariado en un centro de ayuda para discapacitados y en residencias de ancianos cercanas al santuario.

Al final de la tarde, llegó al centro de convivencias Enxomil, donde residirá durante los próximos días.

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