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El pobre Da Vinci no puede levantarse para defenderse

Hace poco tiempo tome prestado una novela de ficción para divertirme a partir de un rato de sana evasión. Una novela de misterio, intriga y crimen surte ese efecto. Debo decir que yo o cualquier persona sensata aficionada a las obras de ficción, leídas o vistas en el cine, cuando accedemos a una de ellas no creemos lo que ahí se relata. Por ejemplo yo no creo que James Bond exista y  menos el hombre araña; la vemos, nos divertimos y nos vamos, o nos dormimos, si leemos de noche. Este hubiera sido el caso si la novela en cuestión fuera inocua, sin embargo, a pocas páginas avanzadas me encontré con un relato lleno de aversión e infamia en contra del cristianismo y, concretamente, de la Iglesia Católica.

Libros como estos hay muchos y los ignoramos, pero este en particular ha sido leído (comprado al menos) por más de dos millones de personas en apenas seis meses de edición. Esta novela no sería tanto un escándalo si el autor, en forma por demás intelectualmente deshonesta, no pretendiera que su desarreglado relato este  basado en fuentes históricas fidedignas, lo cual es abiertamente falso. Los editores y publicistas de libros y películas carecen, en su mayoría, de escrúpulos con tal de vender sus productos; por esta razón las llenan de atributos falsos. Un ejemplo reciente es la película de “El Rey Arturo” que tiene por subtítulo “la Historia Detrás de la Leyenda”. Muchos incautos que ven esta película creen en el subtítulo y publicidad y no saben que de Arturo, históricamente, solo es mencionado su nombre como el de un inglés que peleo con éxito contra los sajones alrededor del siglo V y VI d. c. y nada más (Nenio en el siglo VIII y Guillermo de Malmesbury en el XII) y que todo lo demás es ficción creada por varios escritores medioevales (monmouth -1147-, Mallory -1485-,  Tennyson -1859-  etc.).  Y El Código Da Vinci no sería un escándalo mayúsculo si una gran cantidad de ilusos, en su mayoría mujeres, no creyeran en las aberraciones expresadas como verdaderas y  basadas en documentos históricos como falsamente pretenden el autor y editor de este fraudulento best seller. Amigos míos católicos, cultos y profesionistas, algunos con maestría, han creído las mentiras llenas de encono de Dan Brown autor de este adefesio.

No pretendo a continuación hacer un recuento exhaustivo de las mentiras y pseudo verdades en este libro  -la peor mentira, la más seductora, tiene que rodearse de algunas verdades dichas a medias y distorsionadas-, menciono solo las más notables y verificables. Creo que una vez detectada una sola de las mentiras de un impostor es suficiente, si somos prudentes y no necios, para no confiar ya en lo demás que diga.

Primera, por evidente, mentira: Brown dice que Maria Magdalena procreo con El Señor Jesús y los descendientes de ellos formaron la dinastía Merovingia.  La verdad: En los orígenes de los reinos europeos, alrededor del siglo V, la Iglesia selecciona y educa a un joven guerrero de la tribu de los francos llamado Clodoveo, este se casa con la joven católica Clotilde, se convierte al catolicismo y lo siguen cerca de 3000 de sus guerreros en el bautismo. Clodoveo se vuelve, con el apoyo de la Iglesia, rey de los francos y sitúa su capital en Paris. Clodoveo en honor a su afamado abuelo Merovach, célebre guerrero entre los francos germánicos, da a su dinastía el nombre de Merovingia. Los merovingios gobiernan la actual Francia hasta mediados del siglo VII, en ese entonces los senescales del reino comienzan realmente a gobernar, el primer famoso de ellos es Carlos Martel. El hijo de Martel,  Pipino el Breve, derroca al último merovingio llamado Childerico III y forma la dinastía Carolingia. El más famoso de los carolingios es Carlo Magno, primer emperador del Sacro Imperio Romano Germánico de Occidente. En cualquier libro de historia antigua europea encuentra UD esto. (Roman Society in Gaul in the Merovingian Age, de Samuel Dill). ¡Cómo es posible que Brown diga semejante mentira tan fácilmente echada por tierra!

Segunda mentira: Para avalar la tesis anterior, Brown hace pedazos el mito del santo grial. Como UD recordará, este mito supone que quien encuentre el Santo grial, la copa  que uso Jesucristo en la última cena para instituir la Eucaristía, será poseedor de muchos beneficios; por esto era celosamente buscado por los caballeros andantes de la edad media. Y ahí están todos las ficciones bellamente escritas sobre ellos, en particular las del Rey Arturo conocidas como el Ciclo Bretón (Sir Tomas Mallory “La Muerte de Arturo”). A Brown  no le importa lo que dicen los creadores del mito, el inventa otro y dice que es histórico y la verdadera interpretación de la leyenda, dice que el Grial es, ciertamente, un recipiente y que este recipiente es el vientre de Maria Magdalena. ¿Cómo puede este autor tergiversar algo tan claro en las novelas medioevales? La periodista Sandra Miesel en su artículo “Dismantling The Da Vinci Code” en el Daily News de nueva Cork: “ El Código Da Vinci esta dirigido a los esotéricos”. Yo digo que esta dirigido al público consumista y por eso esta escrito en clave estridente y escandalosa, sin rigor académico ni honestidad, ya que todo lo que sirva para vender es bueno.

Tercera mentira: Brown dice que la Iglesia, desde San Pedro,  es enemiga de la mujer y en particular, desde luego, de María Magdalena y su dinastía merovingia, por lo que ha pretendido aplastarla, pues si se descubre la verdad del Santo Grial perdería su poder mundial. La Iglesia por ello ha pretendido eliminar todo vestigio de la histórica veneración femenina en la sociedad y pone como ejemplo que las olimpiadas y los 5 aros de su bandera, son en honor a Afrodita. La verdad: cualquier historiador sabe que las olimpiadas se crearon en honor a Zeus Olímpico y que los aros se iban poniendo uno a uno a medida que se agregaban juegos a las  competencias y al llegar al quinto juego se suspendió la costumbre. No digo que no haya veneración a la mujer en la historia y actualmente (yo la venero), lo que resalta en forma abrupta y chocante es la mentira y la distorsión de la historia para avalar tesis absurdas

Cuarta mentira: Brown dice que los Caballeros Templarios, conocedores del misterio del santo grial (el vientre de Maria Magdalena y sus descendientes merovingios) construyeron las catedrales góticas con mensajes codificados que alaban y adoran a la mujer. De esta manera para Brown estas iglesias están llenas de símbolos sexuales que representan la anatomía sexual de la mujer, así, la entrada de las catedrales góticas tienen la forma de la vulva que nos lleva al útero de la madre iglesia. Atroz y desagradable ¿verdad? Brown sigue inspirado y nos revela que por esta veneración a la mujer y por conocer el verdadero significado del Santo grial los Caballeros del Temple fueron destruidos por la Iglesia. La verdad: Los Templarios no construyeron ningún edificio, ya no iglesia, pues no estaban preparados en estas artes de la construcción, su especialidad era el arte de la guerra y por ello temidos y respetados; nunca dirigieron a los masones albañiles en alguna construcción. Los templarios crearon la Carta de Cambio; en sus monasterios, estratégicamente instalados  a lo largo de la ruta de Europa a Tierra Santa, guardaban dinero que entregaban a los ricos peregrinos cuando lo necesitaban, previo depósito hecho por estos en Europa; por este servicio y por la protección brindada a dichos peregrinos cobraban una comisión. Esta función de banca primitiva y las grandes donaciones que les hicieron los convirtieron en una organización muy rica y poderosa. La Orden mantuvo un importante papel en el incipiente sistema financiero de Europa, principalmente en Francia hasta 1306. Los múltiples deudores de los Templarios en la Europa feudal se volvieron virtualmente sus enemigos y los destruyeron. Felipe IV de Francia,  ya que tenía con los templarios deudas impagables, en 1307 los mando arrestar, con las protestas del Papa Clemente. Fueron destruidos los Templarios por razones de dinero, no por vulvas o esoterismo alguno. (El Juicio de los Templarios de la Complutense de Madrid)

Hay múltiples mentiras más ya que el pobre Da Vinci no puede levantarse para defenderse.

Notara el lector que no tocamos aspectos religiosos ni de fe, es suficiente con los apuntes hechos sobre las mentiras objetivas y fácilmente demostradas como tales. Sin embargo la ofensa hecha a una institución religiosa y a la fe o creencia de miles de seres humanos es suficiente para desacreditar este mamotreto. Por otra parte, cabe decir que ni siquiera es original el autor en sus falacias, estas herejías tienen sus orígenes desde los primeros siglos en los gnósticos y siglos después en sus discípulos los cataros o albigenses. María Magdalena ya tenía entre los gitanos y entre los gnósticos, predecesores clásicos de los cataros, más fama y prestigio que los apóstoles, y la consideraban aún superior a Pedro.

Los cataros, camino que ya siguen los, dignos de compasión, seguidores de Brown, han recibido apoyo, con diferentes grados de seriedad, de vegetarianos, nacionalistas, feministas, esoteristas, buscadores de tesoros, iluminados, hippies, ahora de la New Age, libertarios, anticlericales, pacifistas, los integrantes de la Orden Solar que se autoinmolaron hace algunos años, inclusive fueron admiradores suyos los nazis. En fin por todos aquellos buscadores de ilusiones y negadores de la realidad. Las ruinas de los cataros y sus escondites forman parte de las rutas turísticas europeas actualmente, a igual que lo son ya los escenarios europeos donde se lleva a cabo la trama de la novela que nos ocupa. Y a igual que algunos inocentes preguntan por la tumba de Romeo y Julieta al visitar Verona, también estos ilusos tratan de encontrarle forma de vulva a las entradas de las iglesias góticas.

Pedro Gracián

pedro.gracian@gmail.com

 

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