Archivos de Leyendas negras
Mayo 23, 2006 a las 10:08 am · Categorías relacionadas Leyendas negras
Muchas personas me han preguntado sobre los evangelios apócrifos, aquí adjunto un texto de Gonzalo Aranda sacado del libro de Aurelio de Santos, Los evangelios apócrifos. BAC. Madrid 1993 (octava edición).
Entre los evangelios apócrifos, que proliferaron en la Iglesia en el s. II y posteriormente, los hay fundamentalmente de tres clases: aquellos de los que sólo han quedado algunos fragmentos escritos en papiro y se asemejan bastante a los canónicos, los que se conservaron completos y narran con sentido piadoso cosas acerca de Jesús y de la Santísima Virgen, y aquellos otros que ponían bajo el nombre de un apóstol doctrinas extrañas distintas de las que la Iglesia creía por la verdadera tradición apostólica.
Los primeros son escasos y apenas dicen nada nuevo, quizás porque se conoce poco de su contenido. A ellos pertenecen los fragmentos del “evangelio de Pedro” que narran la Pasión.
Entre los segundos el más antiguo es el llamado “Protoevangelio de Santigo” que narra la permanencia de la Santísima Virgen en el templo desde que tenía tres años y cómo fue designado San José que era viudo para cuidar de ella cuando ésta cumplió los doce años. Los sacerdotes del Templo reunieron a todos los viudos y un prodigio en la vara de José consistente en que de ella surgió una paloma hizo que el fuera el designado. Otros apócrifos más tardíos que recogen la misma historia, como el el “Pseudo Mateo”, cuentan que la vara floreció milagrosamente. También se detiene el Protoevangelio en contar el nacimiento de Jesús cuando San José iba con María hacia Belén. Narra que el santo patriarca buscó una partera la cual pudo comprobar la virginidad de María en el parto. En una línea parecida otros apócrifos como “la Natividad de María” se detiene en narrar el nacimiento de la Virgen de Joaquín y Ana cuando éstos eran ya ancianos. La infancia de Jesús y los milagros que hacía siendo niño los cuenta el “Pseudo Tomás”, y la muerte de San José es el tema principal de la “Historia de José el Carpintero”. En los apócrifos árabes de la infancia, ya más tardíos se fija la atención en los Reyes Magos de los que en un apócrifo etíope se dan incluso los nombres que se han hecho tan populares. Un motivo muy querido en otros apócrifos, como el llamado “Libro del reposo” o el “Pseudo Melitón” fue la muerte y la Asunción de la Santísima Virgen, narrando que murió rodeada de los apóstoles y que el Señor transportó su cuerpo en un carro celeste. Todas estas leyendas piadosas circularon con profusión en la Edad Media y sirvieron de inspiración a muchos artistas.
Otro tipo de apócrifos son los que proponían doctrinas heréticas. Los Santos Padres los citan para rebatirlos y, con frecuencia, los designan por el nombre del hereje que los había compuesto, como el de Marción, Basílides o Valentín, o por los destinatarios a los que iban dirigidos, como el de los Hebreos o el de los Egipcios. Otras veces los mismos Santos Padres acusan a estos herejes de poner sus doctrinas bajo el nombre de algún apóstol, preferentemente Santiago o Tomás. Las informaciones de los Santos Padres se han confirmado con la aparición de unas cuarenta obras gnósticas en Nag Hammadi (Egipto) en 1945. Normalmente presentan presuntas revelaciones secretas de Jesús que carecen de cualquier garantía. Suelen imaginar al Dios Creador como un dios inferior y perverso (el Demiurgo), y la adquisición de la salvación por parte del hombre a partir del conocimiento de su procedencia divina.
Mayo 22, 2006 a las 11:10 am · Categorías relacionadas Cristianos perseguidos, Leyendas negras
En estos momentos complicados en los que van a sufrir numerosos ataques gratuitos queremos agradecerles la labor de apostolado tan grande que realizan y el trabajo incansable en la busqueda del Reinado de Cristo.
Muchas Gracias, P. Maciel.
Comunicado oficial.
La Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi, ante el comunicado de la Santa Sede renuevan su compromiso de servir a la Iglesia.
En relación con la noticia de la conclusión de la investigación de las acusaciones hechas al P. Marcial Maciel, nuestro venerado padre fundador, la Congregación de los Legionarios de Cristo informa cuanto sigue:
1. El P. Marcial Maciel ha recibido a lo largo de su vida un sinnúmero de acusaciones. En los últimos años, algunas de ellas fueron presentadas a la Santa Sede para que abriera un proceso canónico.
2. Ante las acusaciones hechas en su contra, él afirmó su inocencia y siguiendo el ejemplo de Jesucristo optó siempre por no defenderse de ninguna manera.
3. Considerando su avanzada edad y su precario estado de salud, la Santa Sede decidió no realizar el proceso canónico e “invitar al padre a una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público.”
4. Él, con el espíritu de obediencia a la Iglesia que siempre lo ha caracterizado, ha aceptado este comunicado con fe, con total serenidad y con tranquilidad de conciencia, sabiendo que se trata de una nueva cruz que Dios, el Padre de Misericordia, ha permitido que sufra y de la que obtendrá muchas gracias para la Legión de Cristo y para el Movimiento Regnum Christi.
5. Los legionarios y miembros del Movimiento Regnum Christi, a ejemplo del P. Maciel y unidos a él, acogemos y acogeremos siempre todas las disposiciones de la Santa Sede con profundo espíritu de obediencia y fe y renovamos nuestro compromiso de trabajar con toda intensidad para realizar nuestro carisma de la caridad y extender el Reino de Cristo sirviendo a la Iglesia.
http://www.legionariesofchrist.org/Intro_LC_Esp.html
Mayo 17, 2006 a las 6:44 pm · Categorías relacionadas Leyendas negras, Código da Vinci
Un impactante documental que desvela los misterios, enigmas e intereses ocultos detrás de la controvertida obra de Dan Brown. Expertos de diversos países proyectan luz sobre lo más oscuro de una obra que no deja a nadie indiferente.
Una visión veraz y, a la vez, apasionante.
Trailers
El lado oscuro del Código Da Vinci (Modem) [1,00 MB, a 240 kbps]
El lado oscuro del Código Da Vinci (ADSL) [3,62 MB a 905 kbps]
Pedidos en Casablanca Comunicación


Mayo 16, 2006 a las 11:39 am · Categorías relacionadas Leyendas negras, Código da Vinci
MÉXICO D.F., 16 May. 06 (ACI).- Debido a la gran acogida del documental Una Mirada detrás del Código Da Vinci, que explica las mentiras del libro de Dan Brown, la Comisión de Comunicación Social del Episcopado mexicano decidió que el vídeo estará disponible para ser descargado al computador desde su sitio web: http://www.cem.org.mx Asimismo, la Comisión anunció que otro documental enviado desde Roma, “El Código Da Vinci: Una Falsificación Magistral”, también estará disponible en el mismo sitio web.
De otro lado, confirmó que todas las personas que ya han enviado su ficha de depósito para adquirir el mencionado material en formato DVD, pronto lo recibirán. Para más información sobre ambos documentales puede escribir a: webcem@cem.org.mx
Mayo 10, 2006 a las 5:34 pm · Categorías relacionadas Leyendas negras, Código da Vinci
LIMA, 10 May. 06 (ACI).- Ante el próximo estreno de la película “El Código Da Vinci“, basada en la novela del mismo nombre de Dan Brown, la Oficina de Pastoral del Arzobispado de Lima ha preparado un documento titulado El Código Da Vinci y sus mentiras, “con el objeto de señalar las falsedades de tipo religioso y teológico que esta obra divulga de modo irresponsable, ignorante y mal intencionado”. Mons. José Antonio Eguren, Obispo Auxiliar de Lima, manifestó que el objetivo del documento es “alertar a los fieles católicos de la arquidiócesis de Lima sobre los contenidos que dicha obra difunde, y que son abiertamente anticatólicos, ya que denigran la persona de Jesucristo, atacan a la Iglesia y niegan la fe que profesamos”.
La versión electrónica de este documento, reveló, se puede descargar directamente del sitio web del Arzobispado de Lima http://www.arzobispadodelima.org También se puede descargar en: http://www.aciprensa.com/controversias/davinci2.htm
Mayo 7, 2006 a las 1:18 am · Categorías relacionadas Leyendas negras
Artículo sacado de: http://www.revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5689&Itemid=62
Los medios de comunicación han dado a conocer estos días un antiguo texto manuscrito encontrado en Suiza en 1983 y puesto en circulación por la National Geographic Society. Se trata de un papiro de 26 páginas escrito en copto, encontrado en una tumba de Egipto en 1978 y que ha rodado desde entonces por los círculos de anticuarios.
El documento, que ha sido presentado como el «Evangelio de Judas», es un texto escrito alrededor del año 300, según confirman los análisis de carbono 14, el estilo de escritura y el contenido. Lo más probable es que se trate de una copia del «Evangelio de Judas», citado por san Ireneo de Lyon en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 185.
Pocas veces se han dicho tantas inexactitudes sobre un texto antiguo. Porque el «Evangelio de Judas» no es un evangelio, ni fue escrito por Judas, ni tiene ningún interés para la fe cristiana, ni la Iglesia ha tratado de ocultarlo.
No es un Evangelio, porque los verdaderos evangelios son escritos que contienen la historia y vida de Jesucristo tal y como fue trasmitida por testigos presenciales o por personas que estuvieron en contacto directo con ellos. La crítica textual, católica o no católica, sólo conoce como tales los de san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan.
Tampoco es un libro escrito por Judas, porque el texto fue escrito en el siglo cuarto o quinto y Judas murió en el primer tercio del siglo primero. Aunque se tratara de una copia de un supuesto original, éste no sería anterior al año 150.
No aporta nada a la fe cristiana, porque fue redactado por la secta gnóstica de los «caínitas». Esta secta pretendía reivindicar personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que cayeron en una gran maldad, por ejemplo, Caín que mató a su hermano Abel y Judas, que vendió a Jesús por treinta monedas. Este tipo de escritos gnósticos proliferaron durante el siglo segundo y tercero y fueron rechazados por el conjunto de la comunidad cristiana, al considerarlos incompatibles con la fe.
Por último, la Iglesia no ha negado nunca ni ha pretendido ocultar ninguno de los «Evangelios» conocidos científicamente como «apócrifos». De hecho, están publicados desde hace años en importantes editoriales católicas. Por ejemplo, en España existe una edición completa en la prestigiosa editorial Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), de Madrid.
Los contenidos del «Evangelio de Judas» interesan únicamente para conocer un poco mejor a los gnósticos. La principal diferencia entre los gnósticos y los cristianos radica en su concepción acerca del origen del mal. Los cristianos creemos en un Dios bueno que ha creado un mundo bueno. Los gnósticos, en cambio, creen en un Dios que ha creado el mal y ha creado al hombre de manera desordenada. Por otra parte, los cristianos creemos que el mal procede del uso indebido de la libertad, mientras que los gnósticos afirman que Dios quiere el mal en el mundo y por eso se explica la acción de hombres malos, como Caín o Judas. Eso explica que el «Evangelio de Judas» presente a éste como una persona que se vio obligada por Dios a cumplir un rol histórico ya determinado. Mientras la fe cristiana ve en Judas un apóstol que abusó de su libertad, la secta gnóstica le considera una persona que vino a este mundo con el sello de una condena fatal.
Sin embargo, la fe cristiana no entra a juzgar si Judas está o no condenado. Sólo Dios lo sabe. Porque sólo Él conoce si Judas se arrepintió o no en el último momento de su vida. En última instancia, mayor gravedad que la de su pecado habría sido desconfiar de la misericordia infinita de quien también murió por él.
Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Mayo 5, 2006 a las 12:26 pm · Categorías relacionadas Leyendas negras, Código da Vinci

*Dr. Jesús María Yépez
La Fundación National Geographic ha anunciado al mundo a través de los medios de comunicaciones masivos con bombos y platillos que ha tenido acceso a unos papiros de 1.700 años de antigüedad conocidos como el Evangelio de Judas . Explicaron como un deteriorado manuscrito en dialecto copto desenterrado de Egipto a finales de las décadas de los 70, se había abierto camino a través del mercado negro de antigüedades hasta que fue rescatado de la oscuridad por la Maecenas Foundation for Ancient Art de Basel (Suiza). la Fundación National Geographic ha invertido cientos de miles de dólares en un proceso que ha unido a paleontólogos, restauradores, arqueólogos, académicos y traductores en la recuperación de un documento cuya historia parece sacada de una película de leyenda tipo Indiana Jones.
Todo indica que se trata de un evangelio gnóstico, la gran corriente del cristianismo que en los siglos II y III disputó la hegemonía de la interpretación del mensaje de Jesús a la corriente conservadora de la Iglesia. Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú; el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas. Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo
Sea como fuere, el llamado “Evangelio de Judas” es una obra real que circuló por lo menos durante algunos años entre ciertos sectores del mundo antiguo. Este “evangelio”, sin embargo, nunca fue incluido entre los evangelios canónicos e inspirados reconocido y aceptado por la Iglesia. Ireneo, un obispo de Lyon (Francia) discípulo de Policarpo, que vivió entre el 130 al 195 d.C. escribió en su primer tratado que nos ha llegado para refutar a los gnósticos y otras corrientes heréticas de su tiempo. Ireneo nos muestra en sus escritos cual era la doctrina común de la iglesia hacia fines del segundo siglo; en su obra Contra los Herejes 1,31,1, escrita en torno al año 180.
menciona ya la existencia de un llamado Evangelio de Judas, utilizado por una secta gnóstica conocida como los cainitas. Los cainitas fue una secta gnóstica (175-225) que pretendía que el Creador era malo y ensalzaba tanto a Caín como a Judas. Ireneo sostenía que el “Evangelio de Judas” era una “historia ficticia” que la secta de los cainitas (seguidores de Caín) había escrito “en el estilo de los evangelios”. Los cainitas (según Ireneo) creían que Judas tenía conocimientos secretos, y que la meta de Judas era “causar confusión en los cielos y en la tierra”.
Este manuscrito es posible que pertenezca a uno de los papiros de Nag Hammadi que se extraviaron después de su descubrimiento en 1945. Al igual que éstos, es una traducción del siglo IV al copto de un original griego del siglo II, pues el copto era la lengua más utilizada por los cristianos egipcios a partir del siglo III. En la Antigedad era muy frecuente, tanto entre los judíos como entre los cristianos o los griegos, atribuir un escrito a un personaje famoso para darle mayor autoridad. Esto es lo que se denomina la pseudoepigrafía o falsa atribución. Se acostumbraba a atribuirlos a un personaje histórico relacionado con Jesús, bien como seguidor de éste o bien como enemigo. Baste recordar el interesante escrito conocido como Actas de Pilato, basado en la creencia de que Poncio Pilato se habría arrepentido y convertido, tanto es así que la Iglesia Copta lo conmemora entre sus santos al igual que la católica venera a san Cornelio, el centurión que atravesó con su lanza el costado de Jesús.
La enorme cantidad de evangelios gnósticos y ocultistas que proliferaban en las comunidades cristianas definitivamente no transmitían para nada la enseñanza de Jesucristo y no hacían más que confundir a los creyentes. Por esto, la Iglesia se vio en la necesidad de prohibir la circulación de numerosos evangelios apócrifos entre sus comunidades. Los Evangelios canónicos en todo caso no representaron mayor problema a la hora de descartar a los falsos; solo San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, eran claramente legítimos, el resto eran groseras alucinaciones e inventos. De estos cuatro evangelios existen copias desde el siglo II. Por esa razón, a la Iglesia no le preocupa el encuentro y la traducción de este texto escrito algunos siglos después, ya que no transmite una enseñanza auténtica sino algo creado en el siglo III. No dice otra cosa que lo que pensaba un pequeño grupo sectario, rechazado por los cristianos.
Al igual que con el “Código Da Vinci”, y algunas películas, se pretende señalar que estos textos fueron “ocultados” por la Iglesia Cristiana y que contienen “la verdad” sobre Jesucristo y los primeros años de la Iglesia. Esto es una falsedad sin precedentes, nunca antes tanta gente estuvo tan dispuesta a caer en engaños de este tipo, estos textos se han conocido desde siempre, tanto por católicos como por protestantes, y siempre ocuparon el lugar que merecen: Textos antiguos de esoterismo, gnosticismo y ocultismo que solo sirven para reconstruir algunos aspectos de la vida y de la sociedad en medio de la cual se desarrolló el cristianismo, pero nunca han sido revelación de Dios, y así lo han destacado todos los eruditos honestos de la historia, de todas las confesiones.
El enorme éxito financiero de “El Código da Vinci” ha abierto sin duda la caja de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías y novelas de este tipo.
Michael Baigent, autor de “Sangre Santa, Santo Grial”, ahora ha escrito el libro “The Jesus Papers” (Los documentos de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la crucifixión. Y un nuevo estudio “científico” recién publicado afirma que las condiciones meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo flotante en el Mar de Galilea, cuando en el Evangelio dice que caminaba sobre el agua. Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las afirmaciones bíblicas
Que la figura evangélica de Judas fuese utilizada por los grupos gnósticos que defendían una interpretación críptica, esotérica y simbólica del mensaje de Jesús, no tiene, pues, nada de sorprendente. La recuperación de este nuevo texto será de gran interés para conocer mejor algunas de las corrientes cristianas de los primeros tiempos, pero no alterará en nada la fe de los creyentes ni nuestros conocimientos de la figura histórica de Jesús de Nazaret. No es de extrañarnos que en esta época de relativismo, aparezcan sujetos inescrupulosos y con intenciones ocultas, tratando de engañar a las masas, pretendiendo que estos escritos antiguos tienen alguna validez teológica o doctrinal, o por lo menos de verdad histórica; sin duda es un ataque a la Biblia y a la Iglesia Cristiana. Este texto antiguo representará un gran negocio para los editores, pero sólo un pequeño avance para la ciencia.
“Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y lazo, en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:9-10)
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los se salvan, esto es a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos” (1 Corintios 1:18-19)
“El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
Para comentarios o más información escribanos al mail: seminarioalfayomega@yahoo.es
*El autor es Médico Cirujano con Postgrado en Salud Pública, posee un Doctorado en Teología, mención Consejería. Es Presidente y Profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega y es Pastor Principal en la Comunidad Cristiana Vida Abundante de Puerto Ordaz, Venezuela.
Abril 29, 2006 a las 12:14 am · Categorías relacionadas Leyendas negras, Código da Vinci
El Opus Dei informa en http://www.opusdei.es/art.php?p=15203
Jesucristo y la Iglesia
En los últimos meses hemos recibido muchas consultas sobre Jesucristo y la Iglesia con motivo del libro y la película “Código Da Vinci”. Un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra, responde a las 53 preguntas más frecuentes. (En formato html y pdf)
27 de abril de 2006
PDF: Lea todas las preguntas y respuestas en un sólo documento (6 Mb)
El equipo que ha realizado este trabajo está compuesto por los profesores Francisco Varo (director), Juan Chapa, Vicente Balaguer, Gonzalo Aranda, Santiago Ausín y Juan Luis Caballero.
1. ¿Qué sabemos realmente de Jesús?
2. ¿Qué fue la estrella de Oriente?
3. ¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?
4. ¿Qué significa la virginidad de María?
5. ¿Estuvo casado San José por segunda vez?
6. ¿Qué fue la matanza de los inocentes?, ¿es histórica?
7. ¿Jesús nació en Belén o en Nazaret?
8. ¿Dónde y cómo nació Jesús?
9. ¿Estaba Jesús soltero, casado o viudo?
10. ¿Quiénes fueron los doce Apóstoles?
11. Situación actual de la investigación histórica sobre Jesús
12. ¿Qué credibilidad histórica tiene la Biblia?
13. ¿Quiénes fueron los evangelistas?
14. ¿Cómo se escribieron los evangelios?
15. ¿Cómo se transmitieron los evangelios?
16. ¿En qué idioma habló Jesús?
17. ¿Qué relaciones tuvo Jesús con el imperio romano?
18. ¿Se puede negar la existencia histórica de Jesús?
19. ¿Qué son los evangelios canónicos y los apócrifos? ¿Cuáles y cuántos son?
20. ¿Qué diferencias hay entre los evangelios canónicos y los apócrifos?
21. ¿Qué dicen los evangelios apócrifos?
22. ¿Qué son los gnósticos?
23. ¿Qué datos aportan sobre Jesús las fuentes romanas y judías?
24. Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran?
25. ¿Qué aportan los manuscritos de Qumrán?
26. ¿Qué es la biblioteca de Nag Hammadi?
27. ¿Jesús tuvo hermanos?
28. ¿Quién fue María Magdalena?
29. ¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena?
30. ¿Qué dice el “Evangelio de María [Magdalena]”?
31. ¿Era normal que tantas mujeres rodearan a Jesús?
32. ¿Qué influencia tuvo San Juan Bautista en Jesús?
33. ¿Jesús era discípulo de San Juan Bautista?
34. ¿Qué relaciones tuvieron Pedro y María Magdalena?
35. ¿Qué pasó en la Última Cena?
36. ¿Por qué condenaron a muerte a Jesús?
37. ¿Quién fue Caifás?
38. ¿Qué era el Sanedrín?
39. ¿Cómo fue la muerte de Jesús?
40. ¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?
41. ¿Pudieron haber robado el cuerpo de Jesús?
42. ¿Quién fue José de Arimatea?
43. ¿En qué consiste sustancialmente el mensaje cristiano?
44. ¿Quién fue San Pablo? ¿Cómo trasmitió las enseñanzas de Jesús?
45. ¿Qué dice el Evangelio de Felipe?
46. ¿Cómo se explican los milagros de Jesús?
47. ¿Jesús quiso realmente fundar una Iglesia?
48. ¿Qué es el Santo Grial? ¿Qué relaciones tiene con el Santo Cáliz?
49. ¿Quién fue Poncio Pilato?
50. ¿Qué afinidades políticas tenía Jesús?
51. ¿Quién fue Constantino?
52. ¿Qué fue el Edicto de Milán?
53. ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea?
Estas preguntas son contestadas en formato pdf en la página del Opus Dei http://www.opusdei.es/art.php?p=15203
Marzo 23, 2006 a las 11:08 am · Categorías relacionadas Leyendas negras
Alejandro Rodríguez de la Peña
“Leyendas negras de ayer, hoy y mañana”
Publicado en Alfa y Omega, 20.V.05
Cuando se aborda la historia de la Iglesia católica, tarde o temprano nos encontraremos con el fenómeno historiográfico que se ha dado en llamar leyenda negra. Ésta consiste en una labor de propaganda, de desinformación, que, a través de la presentación tendenciosa de los hechos históricos, bajo la apariencia de objetividad y de rigor histórico o científico, procura crear una opinión pública, bien anticlerical, bien anticatólica. Por eso se aparta de lo que podría aceptarse como una simple crítica, una denuncia honesta y rigurosa de los errores cometidos por los miembros de la Iglesia, dando en cambio una imagen voluntariamente distorsionada del pasado de la Iglesia, para convertirla en una descalificación global de una misión milenaria, tanto antes como, sobre todo, en la actualidad.
La leyenda negra de la Iglesia no es un asunto baladí que deba ser objeto de preocupación sólo para los historiadores. Lo cierto es que todos los católicos nos jugamos mucho en la lucha contra sus manipulaciones. Y es que la descalificación global de esta institución religiosa a largo de toda su historia compromete seriamente ante la opinión pública su legitimidad social y moral de cara al futuro. Un fenómeno reciente como la polvareda social levantada por la novela El Código Da Vinci resulta ser un magnífico ejemplo del peligro que la manipulación de la historia de la Iglesia entraña para su acción pastoral actual.
Los ataques, desde antiguo
En realidad, los ataques demagógicos y panfletarios contra el pasado y el presente de la Iglesia datan de muy antiguo. En efecto, podemos encontrar diatribas furibundas contra el cristianismo católico por parte de autores paganos grecorromanos (Celso, Zósimo, Juliano el Apóstata…), de los diferentes heresiarcas medievales y de los polemistas judíos y musulmanes. Pero la polémica anticatólica se acentuó y cobró una especial virulencia en la segunda mitad del siglo XVI, cuando las discusiones entre católicos y protestantes invadieron también el campo historiográfico y literario, surgiendo entonces todo un modelo de difamación sistemática de la Iglesia.
Más en concreto, encontramos el origen del discurso anticatólico actual en la llamada leyenda negra, un conjunto de acusaciones contra la Iglesia y la monarquía hispánica que se generó y se desarrolló en Inglaterra y Holanda, en el curso de la lucha entre Felipe II y los protestantes.
El anticatolicismo llegó a ser, con el tiempo, parte integral de la cultura inglesa, holandesa o escandinava. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia papista, y difundieron por Europa la idea de que la Iglesia católica era la sede del Anticristo, de la ignorancia y del fanatismo. Tal idea se generalizó en el siglo XVIII, a lo largo y ancho de la Europa iluminista y petulante de la Ilustración, señalando a la Iglesia como causa principal de la degradación cultural de los países que habían permanecido católicos.
En los prejuicios difundidos sobre la historia de la Iglesia se observan dos elementos básicos y, en no pocas ocasiones, íntimamente entremezclados: la visión de la Iglesia medieval y moderna como una institución oscurantista, reaccionaria y enemiga de todo progreso intelectual o social; y su caricaturización como una fuerza represiva e intolerante, enemiga de los derechos humanos y promotora de las Cruzadas y la Inquisición.
Se suele afirmar, por ejemplo, que las Cruzadas fueron guerras de agresión provocadas contra un mundo musulmán pacífico. Esta afirmación es completamente errónea. Ahora mismo tenemos en nuestras pantallas una película, El reino de los cielos, bastante proclive a esta angelización de los musulmanes del medievo. Pero lo cierto es que, desde los mismos tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España. En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano: Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas… Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad, sino que eran su verdadero centro.
¡Así se escribe la Historia!
Otro lugar común de la leyenda negra anticatólica es –no podía ser de otro modo– la acción de la Inquisición en la Edad Media y la Moderna. Por ejemplo, todo el mundo ha oído hablar del caso de Galileo Galilei, casi siempre de modo deformado, ya que no se suele explicar que el sabio italiano apenas sufrió otro castigo que un cómodo arresto domiciliario en un palacio cardenalicio. Por el contrario, son pocos los colegiales que saben que Antoine Lavoisier, uno de los fundadores de la Química, fue guillotinado a causa de sus ideas políticas, por un tribunal durante el Terror jacobino, al grito de ¡La Revolución no necesita científicos! No olvidemos tampoco que, en Ginebra –la Meca del protestantismo–, Juan Calvino no dudó en mandar a la hoguera al ilustre descubridor de la circulación de la sangre, nuestro compatriota Miguel Servet. El científico aragonés fue tan sólo una de las quinientas víctimas de diez años de intolerancia calvinista en una ciudad con apenas diez mil habitantes. Con esta proporción brutal de represaliados, la Inquisición española habría debido quemar ¡un millón de personas cada siglo! –en realidad, fueron tres mil en trescientos años–. Aun así, Torquemada ha pasado al argot popular como sinónimo de intolerancia, y Calvino es ponderado por muchos como uno de los padres de las democracias liberales del norte de Europa.
Un ejemplo reciente de cómo la leyenda negra ha cobrado nuevos bríos últimamente lo hallamos en el ya mencionado Código Da Vinci. Su autor, Dan Brown, deja caer que la Iglesia habría quemado a cinco millones de brujas (p. 158), cuando todos los especialistas, con Brian Pavlac a la cabeza, limitan la cifra a 30.000, a lo sumo, para el período 1400-1800 (por cierto, el 90% víctimas de la Inquisición protestante, y no de la católica).
Esto conecta con el ominoso concepto de Gendercide (genocidio de las mujeres), que han acuñado el feminismo y el lesbianismo radicales en las universidades norteamericanas. Esto es, la criminalización de la Iglesia católica, que cargaría con una mancha histórica tan negra como el Holocausto nazi. De la misma forma que el nazismo ha quedado desacreditado para siempre jamás por su ejecutoria asesina contra los judíos, la Iglesia carecería de toda legitimidad como institución por su pasado criminal en relación a las mujeres. Barbaridades como ésta se leen y se escuchan en algunos departamentos de Gender studies de los Estados Unidos.
No en vano, el Código Da Vinci se basa en una serie de absurdas creencias neo-gnósticas y feministas que entran en oposición directa no sólo con el cristianismo, sino con la Historia académica tal y como es enseñada en todas las universidades respetables del mundo. Mucho se ha hablado de la inverosímil hipótesis de Dan Brown de que Cristo y María Magdalena estaban casados y tuvieron descendencia, pero eso sólo es la punta de un iceberg de disparates. Convenientemente camufladas tras la atractiva trama narrativa propia de un thriller policíaco, el autor va deslizando aquí y allá ideas propias de una cosmovisión que enseña que el cristianismo es una mentira violenta y sangrienta, que la Iglesia católica es una institución siniestra y misógina, y que la verdad es, en última instancia, creación y producto de cada persona.
La realidad, como es
Volviendo al espinoso asunto de la Inquisición, si queremos ser rigurosos, hay que señalar que el Santo Oficio era un tribunal dedicado a investigar si entre los católicos había herejes, un tema gravísimo entonces, al que ahora no se da importancia porque las sociedades no son confesionales. Pero es que entonces las disputas teológicas daban lugar a guerras y conmociones sin cuento (las guerras de religión en Europa provocaron un millón de muertos entre 1517 y 1648). Por consiguiente, la Inquisición era un instrumento básico para el mantenimiento de la paz en un reino. Por otro lado, un hecho no suficientemente conocido es que la Inquisición no tenía jurisdicción alguna sobre los no bautizados. Por tanto, ni judíos ni musulmanes podían ser juzgados, detenidos o acosados por la Inquisición.
Ciertamente, el Santo Oficio usaba el tormento como todos los tribunales de la época, pero generalmente con mayores garantías procesales, ya que se realizaba siempre en presencia del notario, los jueces y un médico, y sin que se pudieran causar al reo mutilaciones, quebrantamiento de huesos, derramamiento de sangre ni lesiones irreparables. Finalmente, hay que llamar la atención sobre el hecho de que la mayoría de las penas eran de tipo canónico, como oraciones o penitencias. Las condenas a muerte fueron rarísimas, y sólo en casos muy graves sin arrepentimiento, pues si había arrepentimiento había indulgencia con el reo. Como ya se ha dicho, en sus tres siglos de historia, la Inquisición ajustició a unos 3.000 reos (de un total de 200.000 procesados). Esta cifra, con ser alta, representa tan sólo la décima parte de los asesinados en Francia por el régimen del Terror jacobino en el periodo 1792-1795. Es decir, en tan sólo tres años, los hijos de la Ilustración iluminista habían multiplicado por diez las víctimas fruto de trescientos años de actuación de la Inquisición católica. ¿Y quien se atreve hoy en día a mentarle este hecho a un defensor de la democracia liberal, cuyos fundamentos mismos sentó la Revolución Francesa? ¿Porqué, entonces, tenemos los católicos que aguantar día sí día también que algunos sectarios nos recuerdan la Inquisición cada vez que nos identificamos como hijos de la Santa Madre Iglesia?
Conquista de América: ni robo, ni genocidio
El empecinado odio anticatólico y antihispanista afirma, en primer lugar, que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista. La verdad es que, antes de la llegada de los españoles, los indios concretos y singulares no eran dueños de ninguna tierra, sino empleados gratuitos y castigados de un Estado idolatrizado y de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma; y el saqueo y el despojo, las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas, exacciones virulentas y pesados tributos fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias. Ni los más indigentes quedaban exceptuados, y solían llevar como estigmas de su triste condición mutilaciones evidentes y distintivos oprobiosos. Una justicia claramente discriminatoria distinguía entre pudientes y esclavos, en desmedro de los últimos. La verdad es, también, que los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles –mayas, incas y aztecas– lo eran a expensas de otros dueños, a quienes habían invadido y desplazado. Y que fue ésta la razón por la que una parte considerable de tribus aborígenes –carios, tlaxaltecas, cempoaltecas, zapotecas, otomíes, cañarís, huancas, etcétera– se aliaron naturalmente con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento.
Sólo a partir de la conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos. Es España la que se plantea la cuestión de los justos títulos, con autoexigencias tan sólidas que ponen en tela de juicio la misma autoridad del monarca y del Pontífice. Es España –con ese maestro admirable del Derecho de Gentes que se llamó Francisco de Vitoria– la que funda la posesión territorial en las más altas razones de bien común y de concordia social, la que insiste una y otra vez en la protección que se le debe a los nativos en tanto súbditos, la que garantiza y promueve un reparto equitativo de precios, la que atiende sobre abusos y querellas, la que no dudó en sancionar duramente a sus mismos funcionarios descarriados, y la que distinguió entre posesión como hecho y propiedad como derecho, porque sabía que era cosa muy distinta fundar una ciudad en el desierto y hacerla propia, que entrar a saco a un granero particular. Por eso, sólo hubo repartimientos en tierras despobladas y encomiendas «en las heredades de los indios». Porque, pese a tantas fábulas indoctas, la encomienda fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Por la encomienda, el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente. Por la encomienda, organizaba su propio gobierno local y regional, bajo un régimen de tributos que distinguía ingresos y condiciones, y que no llegaban al Rey –que renunciaba a ellos–, sino a los conquistadores. No es España la que despoja a los indios de sus tierras. Es España la que les inculca el derecho de propiedad, la que les restituye sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios Estados tribales, la que los guarda bajo una justicia humana y divina, la que los pone en paridad de condiciones con sus propios hijos, e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y proletarios europeos.
Se dice también que la Conquista, caracterizada por el saqueo y el robo, produjo un genocidio aborigen. La verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida; el derrumbe de la población indígena –que nadie niega– no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano. La verdad es que la acusación homicídica como causa de despoblación no resiste las investigaciones serias de autores como Nicolás Sánchez Albornoz, José Luis Moreno, Ángel Rosemblat o Rolando Mellafé, que no pertenecen precisamente a escuelas hispanófilas. La verdad, incluso, es que hasta las mitas, los repartimientos y las encomiendas, lejos de ser causa de despoblación, son antídotos que se aplican para evitarla. Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mundos. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura, hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la cristiandad, difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante. Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.
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