Finalmente, decidimos avanzar poco a poco hasta llegar a un sector desde el que podemos ver el altar. A mi alrededor, gente venida desde toda la isla. Conmigo está mi amigo Rohan, de Colombo, un joven sociólogo que trabaja en proyectos de cooperación al desarrollo. Habla cingalés e inglés. A su lado se encuentra Vimala, una señora que ha venido con su familia desde Jaffna, donde regenta una humilde tienda de comestibles. Vimala, que solo habla tamil, ha hecho un largo viaje desde su ciudad. El tren especial que les ha traído partió ayer por la tarde y han pasado la noche de viaje, para llegar de madrugada.

Hoy los católicos de Sri Lanka, aunque minoría, somos conscientes de nuestra responsabilidad. Se trata del único de los grandes grupos religiosos que aglutina cingaleses y tamiles por igual

Rohan y Vimala podrían parecer muy distintos, pero rezan unidos junto al Papa Francisco, dando gracias por la Canonización del sacerdote al que ambos deben su fe, San José Vaz.

En Sri Lanka consideramos a San José Vaz, si bien de origen indio, como el primer santo de la isla. Y con todo merecimiento. A finales del siglo XVII la fe que habían sembrado los misioneros portugueses agonizaba bajo la persecución holandesa. La ausencia de sacerdotes presagiaba la desaparición de los católicos en pocas generaciones, y José Vaz era consciente de esta situación. Por ello viajó a escondidas, disfrazado de mendigo, para ofrecer su ayuda a los católicos y reedificar la Iglesia. Tras veinticuatro años de predicación infatigable, con gran riesgo para su vida, su objetivo estaba cumplido. Trescientos años después, el medio millón de fieles congregados junto al Papa Francisco éramos una prueba viviente de los frutos de la audacia del nuevo santo.

En nuestras manos está ser ejemplo de perdón, reconciliación y justicia, las palabras más frecuentes en los discursos del Papa Francisco durante estos días

Hoy los católicos de Sri Lanka, aunque minoría, somos conscientes de nuestra responsabilidad. Se trata del único de los grandes grupos religiosos que aglutina cingaleses y tamiles por igual, y por ello sabemos que en nuestras manos está ser ejemplo de perdón, reconciliación y justicia, las palabras más frecuentes en los discursos del Papa Francisco durante estos días.

Cuando, tras la ceremonia, Rohan y yo caminábamos entre la muchedumbre, le pedía a San José Vaz que nos ayudara a todos a poner en práctica las palabras que Francisco acababa de dirigirnos: «…pido al Señor que los cristianos de este país, siguiendo el ejemplo de san José Vaz, se mantengan firmes en la fe y contribuyan cada vez más a la paz, la justicia y la reconciliación en la sociedad de Sri Lanka. Esto es lo que el Señor quiere de vosotros. Esto es lo que san José Vaz os enseña. Esto es lo que la Iglesia necesita de vosotros«.

Álvaro Hernández, desde Colombo (Sri Lanka)