Os pido una cosa: que no dejéis ningún día, que no dejéis ningún día, que no dejéis ningún día –os lo digo tres veces para que se os grabe bien–, de rezar por la gente que está en el paro, por la gente que no tiene trabajo. Tenemos que acompañarles en esa tragedia.

Hijos míos, en estos momentos de crisis, no podemos vivir «yo a lo mío y a los demás que les parta un rayo»

Os contaré una cosa que nuestro Padre (San Josemaría) dejó escrita: que un hombre de una posición económica relevante le dijo: «Padre, yo no sé si soy honrado o no, porque no me han faltado nunca los medios económicos, porque cuando mi mujer o mis hijos se han puesto enfermos he tenido donde llevarles para que les atendieran, porque cuando ha llegado el momento de descanso hemos podido trasladarnos de lugar. No me ha faltado nada. Por eso, digo con sinceridad, que no sé si soy honrado viendo la situaciones en que se encuentran muchas personas».

No dejéis ningún día de rezar por la gente que está en el paro, por la gente que no tiene trabajo

Hijos míos, en estos momentos de crisis, no podemos vivir «yo a lo mío y a los demás que les parta un rayo». ¡No! Tenemos que estar pidiendo que encuentren la solución para ese problema que tienen.