Homilía y fotos de las ordenaciones diaconales (marzo 2018)

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Galería de fotos de la ceremonia

La misa de ordenación diaconal tuvo lugar en la parrroquia de san Josemaría (Roma). El prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, asistió a la ceremonia desde el presbiterio. Asistieron además numerosos familiares y amigos de los nuevos diáconos, así como otros muchos fieles del Opus Dei.

Los futuros presbíteros son Gabriel Robledillo, Javier Pérez y Emanuel Estrada. Antes de recibir el diaconado han desarrollado una carrera profesional en diversos campos, como ellos mismos han relatado en este artículo.

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Homilía de Mons. Klaus Küng en la ordenación de diáconos celebrada en la parroquia de san Josemaría (Roma), el 3 de marzo de 2018

Es una gran alegría que tres profesionales que han trabajado durante muchos años reciban la ordenación como diáconos, porque quieren convertirse en sacerdotes. El fundador del Opus Dei, san Josemaría, siempre tuvo un sentimiento especial cuando alguno de sus hijos se hacía sacerdote: por un lado, pensaba que todos los hombres y mujeres están llamados a la santidad y al apostolado en el medio del mundo y que esa vocación es de gran valor; por otro, sabía de la urgencia de tener buenos y santos sacerdotes.

Recuerdo muy bien que cuando se acercó la fecha de la ordenación mía y de otros candidatos, nos dijo: “No hace falta que seáis superhombres”. Y añadía que todos los hombres y todas las mujeres están llamados a la santidad y los sacerdotes ni más ni menos. Lo que sí le parecía específico para los sacerdotes –y lo mismo vale para los diáconos– es que reciben una llamada particular para servir. Y nos decía: “Tenéis que ser para los demás como una alfombra para que pisen blando.” Es lo mismo que repite tantas veces el Papa Francisco, cuando habla a seminaristas, a diáconos, a sacerdotes o a obispos. Como dice el Señor: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.”

El diaconado es un servicio triple: un servicio de la Palabra de Dios, un servicio del altar y un servicio al prójimo, a los hombres que sufren.

El servicio en la Palabra de Dios es hoy, en un momento en que tantas personas se han apartado de Dios, una tarea muy exigente. Es necesario pedir la ayuda del Espíritu Santo, tener un gran corazón y un oído cercano a la gente de la calle. Pero al mismo tiempo esta misión es muy hermosa, porque a menudo quienes ayudamos son como ciegos, que comienzan a ver y a darse cuenta de lo que reciben, de que Dios nos busca, nos ayuda y, por lo tanto, se vuelven muy felices.

El servicio del altar nos acerca al tesoro que tenemos y confiere la preciosa tarea de servir al Señor y al pueblo de Dios. Descubrir lo sagrado, la presencia del Señor, su cercanía, su bondad que nos llega y que nosotros podemos llevar a los sanos y enfermos es un trabajo hermoso.

Finalmente, el servicio de caridad, central en el oficio del diácono, es también central en la misión de la Iglesia como, con razón, afirma el Papa Francisco, porque precisamente las personas que no tienen conocimiento de la fe, de Cristo, de Dios, muchos a veces comienzan a sentir la proximidad del Señor a través del amor de los cristianos.

¿Qué cosas son importantes para llevar a cabo estas tareas del diácono y para preparase bien para el sacerdocio?

Vivir bien la entrega. Hoy vais a prometer solemnemente vivir célibes por amor a Dios y por amor a la Iglesia, a la que queréis servir. Personalmente estoy convencido de que para la eficacia de la vida sacerdotal es de gran importancia el ejemplo de una vida entregada, también en el sentido del celibato vivido por amor al Reino de los Cielos. Y me parece que, donde se despierta la fe, nacen familias cristianas con hijos y salen vocaciones con la disponibilidad de vivir célibes y de servir a los demás.

Lo que sí es segurísimo: para ser fiel, para llevar una vida de entrega, para ser eficaz como diácono o sacerdote u obispo hace falta vida interior. En la ordenación de diáconos os comprometéis, además, a rezar diariamente la oración de la Iglesia, el breviario. ¡Ser hombres de fe, cuidar la oración, tener cariño a la santa Misa, recibir con la debida frecuencia el sacramento de la penitencia y mantener una lucha ascética siempre de nuevo actualizada son la condición para estar contentos, alegres y optimistas aun en situaciones difíciles!

Todos necesitamos de la ayuda de Dios, necesitamos de su Palabra, de su presencia, de su perdón y de su gracia, de su cercanía. Y Él no se olvidará jamás de los que le sirven. También hoy en día un diácono, un sacerdote puede llegar a ser muy feliz y a ser muy fecundo.

Que Dios os bendiga. Si acudís a la Virgen, Ella os protegerá, os llevará siempre a Jesús y hará seguro vuestro camino.

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