La Casa-Familia Mocenisio 4 recibe a niños a los que tribunales para menores han considerado oportuno apartar de su familia de origen. Se trata de una tarea difícil y delicada en la que vale la pena colaborar. Por eso los alumnos del instituto Iunior International, con sede en Roma, decidieron apoyar a esa asociación. En un primer momento, elaboraron productos artesanales y, más tarde, durante una jornada de la solidaridad, los pusieron a la venta. La cantidad de dinero que recaudaron la destinaron a los niños de la Casa Familia Mocenisio 4.

Un estudiante de secundaria recuerda así esa jornada del 18 de abril: «Empezamos a preparar todo hace unos meses, con mucho cariño y mucho ánimo y ayudados por nuestros profesores. O sea que no era solo yo: todos en la escuela estábamos implicados en el proyecto. Todo comenzó cuando la mamá de un alumno de primaria pidió colaboración a la escuela para ayudar en la mejora y sostenimiento de una casa para huérfanos en la que ella hace actividades de voluntariado. Aceptamos encantados su propuesta y empezamos a trabajar. Esa mañana llegamos temprano a la escuela. Cada uno de nosotros tenía que vender algunos de los productos que habíamos preparado. Hubo incluso quienes compraron objetos hechos por sus mismos compañeros. Vinieron muchas personas y todas se interesaron por los productos que habíamos elaborado.

Mis compañeros de clase y yo hicimos lápidas de yeso con frases típicas de la Eneida —elegidas y grabadas junto con el profesor de Italiano— y también seleccionamos del jardín botánico, ayudados por el profesor de Ciencias, algunas plantas. Las macetas de barro las preparamos con el profesor de Arte: ¡la que yo hice la compraron inmediatamente! Algunas de nuestras mamás prepararon cosas buenísimas: pasteles, bollos, roscones, crepas y palomitas. También vendimos cómics antiguos, libros para niños, barquitos hechos con botellas de plástico en los que pusimos también plantas del jardín botánico… Haciendo todo esto, nos hemos dado cuenta de la amistad y del compañerismo que hay entre nosotros, pero ha sido, sobre todo, una muestra de afecto hacia esos niños que no pueden estar con sus familias o que las han perdido. Aquella mañana varios papás y mamás hicieron amistad con padres por los que antes no tenían mucha simpatía. Finalmente, gracias a esta iniciativa, hemos podido ayudar a la asociación Mocenisio 4 con más de 1,600 euros».

«Ha sido sorprendente ver a los niños así de implicados en el proyecto —dice la madre de un alumno de secundaria—: vendedores, acomodadores, cajeros… Esto es, sin duda, síntoma de una fuerte toma de conciencia y de un alto nivel de implicación. Para los muchachos, expresar su creatividad significa conocerse más a sí mismos y descubrir las propias capacidades y potencialidades, al tiempo que se experimenta el placer de ponerlas en práctica».

No cabe duda de que, participando en esta jornada, los estudiantes pusieron su creatividad al servicio de un gran bien. Y probablemente se han dado cuenta de ello. Ha sido una experiencia muy aleccionadora, porque los muchachos vieron que padres, alumnos y profesores —representados todos ellos en el escudo del Iunior International— compartían un mismo interés y se involucraban activamente en la organización de un evento; se dieron cuenta de que su trabajo ayudaba a conseguir un objetivo al que todos daban gran valor. El número de familias que participaron fue bastante amplio y se respiraba un ambiente de fiesta. Otro elemento que enriqueció la jornada fue la participación de los profesores que transmitían a los presentes, a través de datos y explicaciones, el significado del evento y su estrecha relación con el proyecto educativo de la escuela.