La
familia estuvo en el centro de la segunda jornada del Papa Francisco en
Ecuador. Una «gran riqueza social» la definió el Pontífice al hablar ante una
inmensa multitud de personas en la gran explanada del parque de Los Samanes en
Guayaquil –donde presidió la misa el lunes 6 de julio por la mañana– y al
recordar su papel insustituible en la sociedad.

De aquí
el llamamiento a sostenerla garantizándole ayudas y servicios. Que no son
–precisó el Papa Francisco– una especie de «limosna» sino una auténtica «deuda
social» respecto a una institución que «tanto aporta al bien común». Para el
Papa la familia sigue siendo hoy una fortaleza para la vida de toda sociedad:
es una escuela para los más pequeños, un punto de referencia para los jóvenes,
un lugar de acogida para los ancianos. Ella constituye además una «Iglesia
doméstica» donde se aprende el estilo del amor y del servicio, y donde se
transmite cada día la ternura y la misericordia.

Al
respecto el Papa Francisco hizo referencia al jubileo extraordinario, que se
abrirá el 8 de diciembre próximo, y al Sínodo de los obispos en programa en el
mes de octubre. El Papa invitó a madurar un auténtico discernimiento espiritual
para determinar soluciones concretas a los desafíos que la familia está llamada
a afrontar. Con la certeza de que también lo que parece «impuro» o provoca
escándalo y miedo –aseguró– puede ser transformado por Dios en un «milagro».

Homilía de la misa en Guayaquil 

Saludo a los fieles de Quito