«El Evangelio de la liturgia de hoy nos habla
del hombre que deja las noventa y nueve ovejas para buscar la centésima
perdida. La caridad del Papa es precisamente esto: dejarlo todo para llegar a
los lejanos, para que como dijo Jesús, «ni uno solo de estos pequeños se
pierda»».

De esta forma el arzobispo Konrad Krajewski explica a nuestro periódico
el espíritu que inspira el trabajo de la Limosnería apostólica, que en estos
días está presente especialmente donde más dramáticas y urgentes son las
emergencias sociales.

Por otra parte, recuerda el prelado, «la caridad no hace distinciones
de color, raza o religión». No hace
diferencias según el lugar de procedencia, así como tampoco tiene en
cuenta horarios o días de fiesta: «Va al encuentro de los necesitados
en cualquier momento y en cualquier ocasión». La caridad de Francisco — aclara
el lismosnero— «es para todos los necesitados de Roma, su diócesis: tanto los
que viven mucho tiempo en la Urbe, como los recién llegados como refugiados,
inmigrantes, solicitantes de asilo».

El corazón y la mente necesitan de los brazos para hacer llegar
dondequiera las ayudas. Y aquí es donde entran los voluntarios de la
Limosnería. La suya es una actividad diaria: «Una especie de intervención de
emergencia –la define Monseñor Krajewski– donde hay más necesidad y hace más
falta». Siguen el estilo evangélico de que la mano derecha no sepa lo que hace
la izquierda. A veces, su discreto trabajo termina en
la prensa, como sucedió con la última visita realizada por el prelado. Acompañado por los voluntarios de la Guardia suiza
pontificia, con una furgoneta con placa scv de la Limosnería, visitó el centro
de acogida Baobab de Roma. Entregaron el 10 de agosto por la tarde —como lo habían hecho la semana anterior y en los meses
precedentes — cajas de comida: pasta, leche, arroz,
galletas, productos enlatados y aceite. Los
destinatarios de estas donaciones del Papa fueron los inmigrantes alojados en
la estructura. También hace un mes, el limosnero había llevado al centro Baobab
algunas medicinas como regalo de Francisco: cincuenta kilos de fármaco contra
la sarna (especialmente preparados por la Farmacia vaticana), un centenar de
cajas de antibióticos y antihistamínicos y cincuenta pomadas antimicóticas,
distribuidas a continuación por los voluntarios de la asociación Medicina solidaria y la Unión
nacional italiana de transporte de enfermos a Lourdes y santuarios
internacionales (UNITALSI).