Mons. Ocáriz: «Vale la pena vivir la propia vida entregándola por los demás»

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Jornadas del viaje pastoral de Mons. Fernando Ocáriz a Italia

21 y 22 de agosto23 de agosto


23 de agosto

Por la mañana, celebró en la parroquia de san Gioachimo la misa de funeral por María Dolores Jiménez, una de las primeras personas del Opus Dei que comenzó las actividades apostólicas en Milán.

“Reflexionamos hoy sobre el misterio de la vida y de la muerte de los hijos e hijas de Dios ―dijo en la homilía―. Él es la luz que, en el dolor, hoy resplandece gloriosa. Ahora nos atrevemos incluso a dar gracias a Dios: gracias, Señor, porque en la vida de esta hija tuya has hecho brillar un rayo de Tu vida. Gracias porque, incluso en estos momentos dolorosos de separación, aprendemos cómo vivir de verdad la vida sobre esta tierra: no como quienes persiguen el éxito efímero y superficial, sino como quien ha comprendido que Dios no se deja nunca ganar en generosidad. ¡Vale la pena vivir la propia vida entregándola por los demás!”.

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Antes de dirigirse a la casa de convivencias “Castello di Urio”, cercana a Milán, el prelado saludó a algunas familias. “Me ha recordado ―cuenta Cristina, que vive en La Spezia―, que yo no soy de la Obra, sino que yo soy la Obra en mi ciudad, en mi barrio, en mi familia”.

Me ha recordado ―cuenta Cristina, que vive en La Spezia―, que yo no soy de la Obra, sino que yo soy la Obra

Una petición que el prelado realizó a todos fue rezar por el Papa Francisco: “El Papa sostiene sobre sus hombros un gran peso: problemas, dificultades, situaciones complejas que resolver en un contexto frecuentemente hostil a la Iglesia, de persecución. Él valora mucho la ayuda de todos, por eso repite constantemente: ‘¡Reza por mí!’. No es una muletilla que repite sin pensar, no: lo necesita verdaderamente, porque la Iglesia no es sólo responsabilidad de los sacerdotes, sino de todos, y él es la Cabeza visible de la Iglesia”.

En el ‘Castello di Urio’, el prelado pasó un rato de tertulia con algunas personas del Opus Dei que transcurren allí unos días de formación y de reposo. Les recordó la importancia de la lectura frecuente del Nuevo Testamento, desde el evangelio de san Mateo hasta el Apocalipsis: “Cuando acabéis, empezad de nuevo con san Mateo, porque siempre habrá luces nuevas que descubrir, aunque conozcamos esos textos”, dijo.

Lo importante es la juventud del alma, que sólo puede dar el amor

Mons. Fernando Ocáriz habló de la importancia de la coherencia en la vida del cristiano: “Vivir el Evangelio allí donde cada uno debe cumplir sus deberes, trae siempre beneficios de naturaleza social. Vivir como cristianos en medio del mundo, esa sí que es una verdadera revolución, sin violencias de ningún género”. Subrayó además la importancia de recibir formación humana y cristiana, sea cual sea el nivel cultural de cada uno.

Señaló además que “un cristiano, una persona del Opus Dei, no se debe sentir nunca solo, ni siquiera en el desierto del Sahara, porque si vive unido a Cristo, estará unido a través de la comunión de los santos a todos y en todas partes”.

En otra de las reuniones de esta jornada, Gabriella, una de las primeras personas del Opus Dei de Italia, preguntó al prelado: ¿Y qué nos dice sobre la vejez?”. “¡No existe! ―respondió Mons. Ocáriz bromeando―: lo importante es la juventud del alma, que sólo puede dar el amor”. En el encuentro estaba también Maria, la primera numeraria suiza, quien preguntó cómo reaccionar cuando se vive con gente mucho más joven, y se tiene la sensación de que siempre te dicen qué hacer: “Lo que hagas, hazlo sólo por amor. No podemos pensar en hacer con alegría sólo lo que nos gusta; también podemos estar alegres cuando hacemos lo que no nos gusta o nos contraría, si metemos amor”.


21 y 22 de agosto

El prelado llegó a Milán el 21 de agosto a última hora de la tarde y acudió directamente a rezar a la capilla ardiente de María Dolores Jiménez, quien había fallecido pocas horas antes de la llegada de Mons. Fernando Ocáriz. María Dolores fue uno de los primeros fieles del Opus Dei en comenzar el trabajo apostólico en Milán.

El 22 de agosto por la mañana, el prelado celebró una misa a la que asistieron las directoras de la Asesoría regional del Opus Dei en Italia. En la homilía de la fiesta de Santa María Reina, recordó que “la Virgen es Reina del mundo y del Universo y siempre tiene un papel de mediadora. Es ella quien distribuye todas las gracias del Cielo. No importa cuánto sean grandes las dificultades que tengamos que atravesar: Ella estará siempre a nuestro lado”.

A continuación, charló un rato con un numeroso grupo de jóvenes que reciben formación espiritual en los centros de la Prelatura del norte de Italia. Eleonora, pastelera de 28 años, pidió a Mons. Ocáriz un consejo para acercar la fe a los amigos que se han alejado de Dios. “Más que discutir o debatir sobre el Señor —respondió—, lo importante es hacer amistad. En la amistad se transmite afecto y se comparte lo que uno lleva dentro. Le puedes contar, por ejemplo, que después de confesarte sientes siempre mucha alegría —si eso te ocurre, claro—”.

Convertir la vida en un acto de amor

Además, el prelado saludó a diversas familias, que le transmitieron numerosas intenciones por las que rezar. A cambio, les pidió que cada uno y cada una se empeñe por cultivar tanto la unidad entre los cónyuges y con los hijos como la amistad con otras familias.

“Una persona que hace las cosas por obligación no puede ser feliz. La libertad de espíritu implica hacerlo todo por amor”

Por la tarde, en otro encuentro, recordó unas palabras de san Josemaría en las que señalaba que una herencia que dejaba a los fieles del Opus Dei era “el amor a la libertad y el buen humor”. “Una persona que hace las cosas por obligación no puede ser feliz. La libertad de espíritu implica hacerlo todo por amor. Si no te sientes libre, piensa en cómo reaccionar y tratar de convertir todo lo que hagas en un acto de amor”.

Además, visitó la parroquia de san Gioachimo, que la arquidiócesis de Milán confió hace tres años a la atención pastoral de sacerdotes de la prelatura. Durante la visita, el párroco, don Marco Busca, se detuvo en la pila bautismal y sus peculiares características, ya que el rito ambrosiano —rito litúrgico proprio de la diócesis de Milán— permite el bautismo por inmersión.

El prelado invitó a las familias presentes a agradecer a Dios poder servir a la Iglesia de diversos modos, colaborando con la parroquia. Además, les recordó cuánto necesita el Santo Padre que cada uno le ayude a sostener el peso de la Iglesia. Finalmente, Mons. Ocáriz pidió oraciones por el cardenal Angelo Scola, y por su sucesor al frente de la Iglesia de Milán, monseñor Delpini.

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