(RV).- En un clima de profunda conmoción el Papa Francisco recibió hoy a los familiares de las víctimas del atentado terrorista perpetrado en Niza, el 14 de julio de 2016, que enlutó a la nación francesa y a las personas de buena voluntad de todo el mundo.

El Sucesor de Pedro reiteró su «cercanía en la oración» y toda su «ternura», junto con la de toda la Iglesia, en las palabras que dirigió a las cerca de mil personas,  llegadas desde Francia.

Compartiendo su dolor ante la «violencia que los golpeó ciegamente», sin distinción de origen, ni religión, el Papa dirigió su pensamiento en especial a los niños y a las familias, cuyas vidas fueron arrebatadas de forma tan dramática.

El Obispo de Roma hizo hincapié en la responsabilidad de los políticos y de las religiones ante la «urgente prioridad» de impulsar el diálogo y de no responder nunca al odio con el odio».

Una vez más el Papa reiteró que el Mensaje que el Evangelio de Jesús dirige a todos es el de responder a los asaltos del demonio sólo con las obras de Dios: perdón, amor y respeto.

Al comenzar su alocución, recordó a las víctimas más pequeñas de esa violencia ciega y a los que aún llevan las heridas en su cuerpo y alma, renovando su oración al Dios de misericordia:

«Queridos hermanos y hermanas

Con viva conmoción los encuentro a ustedes, que sufren en el cuerpo y en el alma porque, una tarde de fiesta, la violencia los golpeó ciegamente, a ustedes o a uno de sus seres queridos, sin tener en cuenta su origen o su religión. Deseo compartir su dolor, un dolor que se vuelve aún más fuerte cuando pienso en los niños, e incluso familias enteras, cuyas vidas fueron arrebatadas de repente y de forma tan dramática. A cada uno de ustedes les aseguro mi compasión, mi cercanía y mi oración.

Queridas familias, invoco al Padre celeste, Padre de todos, para que acoja consigo a sus queridos difuntos, para que encuentren pronto el descanso y la alegría de la vida eterna. Para nosotros los cristianos, el fundamento de la esperanza es Jesucristo muerto y resucitado. El Apóstol Pablo nos lo asegura: «Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él». (Rm 6, 8-9). Pueda la certeza de la vida eterna, que pertenece también a los creyentes de otras religiones, ser su consolación en el curso de la vida y constituir un fuerte motivo de perseverancia para proseguir con valentía vuestro camino acá en la tierra.

Le ruego al Dios de misericordia también por todas las personas que resultaron heridas, y en algunos casos atrozmente mutiladas, en el cuerpo y en el espíritu, y no olvido a todos aquellos que por ese motivo no han podido venir o están aún en el hospital. La Iglesia permanece a vuestro lado y los acompaña con inmensa compasión. Su presencia a su lado en estos momentos tan duros, le pide al Señor que salga a su encuentro y los ayude, poniendo en vuestros corazones sentimientos de paz y de fraternidad. El drama que conoció la ciudad de Niza ha suscitado por doquier significativos gestos de solidaridad y acompañamiento».

En este contexto, el Papa agradeció a  todas las personas que de inmediato socorrieron a las víctimas, y a las que aún hoy, prosiguiendo también por largo tiempo, se dedican a sostener y a acompañar a las familias.

Además de la Comunidad católica y su Obispo, Mons. André Marceau, el Santo Padre se refirió también a los servicios de asistencia y asociaciones, en especial a Alpes-Maritimes Fraternité, que  estaba presente en el encuentro, cuyos miembros pertenecen a distintas confesiones religiosas: «signo muy bello de esperanza», destacó el Obispo de Roma, haciendo hincapié en la urgencia de impulsar el diálogo interreligioso y recordando el mensaje cristiano:

«Me complace ver que entre ustedes las relaciones interreligiosas son muy vivas, y ello contribuye a aliviar las heridas de estos dramáticos sucesos. En efecto establecer un diálogo sincero y relaciones fraternas entre todos, en particular entre cuantos confiesan un Dios único y misericordioso, es una prioridad urgente que los responsables tanto políticos como religiosos, deben intentar favorecer y que cada uno está llamado a cumplir en su alrededor. Cuando la tentación de ensimismarse, o de responder al odio con el odio y a la violencia con la violencia es grande, una auténtica conversión del corazón es necesaria. Éste es el mensaje que el Evangelio de Jesús dirige a todos nosotros. Se puede responder a los asaltos del demonio sólo con las obras de Dios que son perdón, amor y respeto del prójimo, aunque sea diferente.

Queridos hermanos y hermanas, les aseguro una vez más mi oración toda la ternura del Sucesor de Pedro. Rezo por su querido país y sus responsables, para que se construya infatigablemente una sociedad justa pacífica y fraterna. Como signo de mi cercanía, invoco sobre cada uno de ustedes la ayuda de la Virgen María y la abundancia de las bendiciones celestes».

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)