Ciudad del Vaticano, 4 de octubre de 2015 (Vis).-En el ángelus dominical el Papa volvió a pedir a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro oraciones por el Sínodo sobre la Familia inaugurado hoy con la celebración eucarística en la basílica de San Pedro.
»Los Padres Sinodales, provenientes de todas las partes del mundo y reunidos en torno al Sucesor de Pedro -dijo- reflexionarán durante tres semanas sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad, de cara a un atento discernimiento espiritual y pastoral. Tendremos la mirada fija en Jesús para individuar, sobre la base de su enseñanza de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para la tarea de la Iglesia con las familias y para las familias, para que el proyecto originario del Creador sobre el hombre y la mujer se cumpla y obre con toda su belleza y su fuerza en el mundo de hoy».
En este sentido citó la lectura del Libro del Génesis sobre la complementariedad y reciprocidad entre el hombre y la mujer que uniéndose se transforman en una sola carne, »es decir, una sola vida, una sola existencia» y así »transmiten la vida a los nuevos seres humanos: se transforman en padres. Participan de la potencia creadora de Dios mismo». »Pero ¡atención! -advirtió- Dios es amor y se participa en su obra cuando se ama con El y como El…..Y este es el amor que reciben los esposos en el sacramento del matrimonio. Es el amor que alimenta su relación, a través de alegrías y dolores, momentos serenos y difíciles. Es el amor que suscita el deseo de generar hijos, de esperarlos, acogerlos, criarlos, educarlos . Es el mismo amor que, en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños: «Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis».
»Hoy pedimos al Señor que todos los padres y educadores del mundo, y también toda la sociedad -exclamó- se hagan instrumentos de la acogida y el amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones con la ternura y la atención de un padre y al mismo tiempo, de una madre. Pienso en tantos niños hambrientos, abandonados, explotados, obligados a la guerra, rechazados. Son dolorosas las imágenes de niños infelices, con la mirada perdida, que escapan de la pobreza y los conflictos, y llaman a nuestras puertas y a nuestros corazones implorando ayuda. Que el Señor nos ayude a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaz de acoger, con reglas adecuadas, pero acoger, acoger siempre, con amor».
El Papa finalizó pidiendo la inspiración del Espíritu Santo para los Padres Sinodales y la intercesión de la Virgen María y uniéndose a cuantos hoy en el santuario italiano de Pompeya rezaban la tradicional »Súplica a la Virgen del Rosario».
Después del ángelus, Francisco recordó que ayer en Santander (España) fueron proclamados beatos Pio Heredia y diecisiete compañeros y compañeras de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia y de San Bernardo, asesinados por su fe durante la guerra civil española y la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado. »Alabemos al Señor por sus valientes testimonios, y por su intercesión -dijo- supliquémosle que libere al mundo del flagelo de la guerra».
También rezó por las víctimas del corrimiento de tierras que arrasó una aldea entera en Guatemala así como por las del aluvión en la Costa Azul (Francia) y pidió actos de solidaridad concreta para todos ellos. Antes de despedirse saludó con afecto particular a los peregrinos italianos en la festividad de su patrón, San Francisco de Asís.