Entrevista con el secretario general del Sínodo de los obispos – Un camino veloz


Es
decididamente positivo el balance del Sínodo al final de la primera semana de
trabajos y, por lo tanto, a mitad de camino de la tercera asamblea
extraordinaria, reunida desde el domingo en el Vaticano para debatir sobre la
familia. Quien habla es el secretario general del Sínodo de los obispos en una
entrevista a L’Osservatore Romano. El sábado, por la mañana temprano, los
locales del aula sinodal están casi desiertos y se oyen sólo las voces de los
colaboradores, que trabajan también el sábado. 

Aprovechando el momento más
tranquilo el cardenal Lorenzo Baldisseri relata sin formalidad, como es en su
estilo directo y eficaz, la preparación de la asamblea, el trabajo proficuo de
estos días verdaderamente intensos, el clima sereno, haciendo referencia, por
último, a las próximas etapas de un camino que se está recorriendo muy
ágilmente.

Eminencia,
para usted ha sido la primer vez, después de una vida sobre todo en las
representaciones pontificias de medio mundo: ¿cómo ha ido?

Tenía
un poco de preocupación porque —incluso habiendo participado en muchas
asambleas episcopales— no había estado nunca en un Sínodo y no lograba imaginar
como sería esta nueva experiencia. Pensaba en una complejidad y en una rigidez
mayores. En cambio no, el Sínodo es una asamblea como las demás, y existe una
estructura y hay muchas personas, incluso muy preparadas, que han ayudado.

¿Desde
cuando se está trabajando y cuáles son las novedades de esta asamblea?

Trabajamos
desde hace más de un año y, si bien no hubo cambios formales, hemos
experimentado una dinámica entre las normas y su aplicación, que obviamente
puede ser rígida o flexible, y hemos aprovechado de este espacio. Entre las
novedades, la principal y más significativa ha sido, en estos meses, la
participación personal del Papa en todas las reuniones del Consejo ordinario de
la Secretaría. En
el debate en el aula hemos simplificado muchas formalidades e introducido el
italiano, que incluso entre los padres sinodales es más conocido que el latín.
Permitiendo de este modo, en un clima más informal, trabajos más eficientes y
libres.

¿Hubo,
sin embargo, críticas sobre la información: un Sínodo blindado?

Todo
lo contrario. También en este ámbito hemos simplificado, apuntando a los
encuentros con los periodistas —incluso de cada uno de los padres, que son
obviamente libres de conceder entrevistas— y abandonando el sistema de los
resúmenes porque en realidad no reflejaban las intervenciones: el texto inicial
escrito se sintetizaba y difundía, pero el pronunciado en el aula luego se
modificaba. Pienso que de este modo se refleja más el debate. Un debate –lo
repito– realmente libre.

¿Cómo
han sido estos días?

Hemos
respirado un clima sereno, incluso en la confrontación leal de los diversos puntos de vista, porque
he visto en todos un gran amor a la
Iglesia como pueblo de Dios, en todos una fidelidad
indiscutible a la enseñanza en la tradición, con una mirada de misericordia a
las personas. Hemos escuchado a todos los que pidieron intervenir: 180
intervenciones programadas y 85 en el espacio reservado a las intervenciones
libres. En total, 265 intervenciones en el respeto escrupuloso de los tiempos,
tanto que sobró una hora y media, que naturalmente hemos utilizado
inmediatamente. «Usted tiene un reloj suizo» me dijo con un guiño el Papa. Pero
el debate se ha facilitado también por el hecho de que el sesenta por ciento de
las intervenciones llegaron antes y fue posible tenerlas en cuenta en la
relación «ante disceptationem», base precisamente del debate. Que no fue para
nada dramático, sino serio y constructivo.

¿Y
ahora?

El
lunes escucharemos la relación «post disceptationem», que está casi lista,
luego el lunes por la tarde en los
veinte círculos menores se prepararán los modos, es decir, las integraciones al
testo, para llegar al jueves a su
presentación en el aula. De aquí se pasará al documento final de esta asamblea,
la «relatio synodi», otra novedad, que será votada el sábado y entregada al
Papa. Mientras tanto, el sábado por la mañana, se publicará el «nuntius», es
decir, el mensaje de la asamblea sinodal, que quiere hablar a los católicos y a
los alejados, teniendo en cuenta a las personas, mujeres y hombres de hoy. El
domingo tendrá lugar la misa conclusiva durante la cual —con la presencia y la
participación de los jefes de las Iglesias orientales y de los presidentes de
todas las Conferencias episcopales del mundo, miembros de esta asamblea— será
proclamado beato quien ha instituido, en 1965, el Sínodo de los obispos:
Giovanni Battista Montini, Pablo VI. Desde el lunes nos encaminaremos hacia la
asamblea ordinaria que se tendrá dentro de un año. Procediendo con agilidad,
como hemos hecho hasta ahora. (g.m.v.)