(RV).- El Papa Francisco envió su mensaje a los participantes a la segunda sesión de la COP22 sobre el cambio climático, reunidos en Marrakech.

Dirigiéndose al Ministro del Exterior y presidente de la 22ª Sesión de la Conferencia de los Estados Parte en la Convención – Cuadro de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos, Sr. Salaheddine Mezouar, el Papa inicia su mensaje partiendo de la actual situación de degrado ambiental que se vive, la que indica como «fuertemente vinculada al degrado humano, ético y social». Una situación que interpela a todos – señala –  y que «lleva a reunirse con un sentido renovado de conciencia y de responsabilidad».

En el mensaje el Santo Padre afirma que la adopción por parte del reino de Marruecos de la COP22, representa una toma de conciencia de que – frente a temas tan complejos como el cambio climático – la acción individual y/o nacional no es suficiente, sino que se necesita de «una respuesta colectiva responsable comprendida como la colaboración para construir la casa común».

Asimismo nota que la rápida entrada en vigor del Acuerdo refuerza la convicción de que «es posible y debido, vehicular la inteligencia para dirigir la tecnología, cultivar y limitar el propio poder y poner esto al servicio de otro tipo de progreso, más sano, más humano, más social y más integral (Enc. Laudato si’ ibid.,112) que sea capaz de poner la economía al servicio de la persona humana, de construir la paz y la justicia, y de salvaguardar el ambiente».

«El acuerdo de París, – escribe – ha trazado un camino claro sobre el cual la entera comunidad internacional está llamada a compremeterse; la COP22 representa una etapa central de este recorrido. Este incide sobre toda la humanidad, en particular sobre los más pobres y las generaciones futuras, que representan la componente más vulnerable del preocupante impacto de los cambios climáticos y vuelve a llamar a la grave responsabilidad ética y moral de actuar sin demora, de la manera más libre posible de presiones políticas y económicas, superando los intereses y los comportamientos particularistas».

Así es como con tal perspectiva, el pontífice dirige sus saludos al Presidente y a los participantes en dicha conferencia, con el aliento para que los trabajos de estos días estén animados por el mismo espíritu colaborativo y propositivo puesto de manifiesto en la COP21.»Después de ésta ha iniciado la fase de aplicación del Acuerdo de París, delicado momento en el que nos confrontamos, entrando en modo más concreto en la elaboración de las normas, de los mecanismos institucionales y de los elementos necesarios para su correcta y eficaz aplicación. Se trata de aspectos complejos que no se pueden delegar únicamente al diálogo técnico, sino que necesitan de un apoyo continuo y de impulso político, basado en la conciencia de que ‘somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia’ (ibíd., 52)».

Así es como uno de los aportes principales del acuerdo que destaca el Papa Bergoglio es aquel de estimular y promover estrategias de desarrollo nacional e internacional que estén basadas en una calidad ambiental solidaria, que anime asimismo a la solidaridad hacia las poblaciones más vulnerables, y que haga pie en los vínculos existentes entre la lucha al cambio climático y la lucha contra la pobreza. «Somos conscientes – agrega– que no se puede limitar todo a la dimensión económica y tecnológica», las cuales define como «necesarias pero no suficientes»: «es esencial y obligado tener en consideración también los aspectos éticos y sociales del nuevo paradigma de desarrollo y de progreso».

En este punto del Mensaje el Obispo de Roma dirige la atención  – citando nuevamente la Laudato sí  – a la educación y a la promoción de estilos de vida dirigidos a favorecer modelos de producción y de consumo sostenibles, con el consecuente crecimiento de una conciencia responsable hacia nuestra casa común, y llama a los Estados miembros y a la sociedad civil, al sector privado, al mundo científico, a las instituciones financieras, a las autoridades sub nacionales, a las comunidades locales, y a las poblaciones indígenas a dar su propia contribución a tal fin.

El Sucesor de Pedro concluye enviando sus mejores deseos para que los trabajos de la Conferencia «estén guiados por una conciencia de responsabilidad que impulse a cada uno a promover de modo serio una cultura del cuidado de la creación y del prójimo que impregne a toda la sociedad».

«El estilo de vida basado en la cultura del descarte es insostenible y no debe tener lugar en nuestros modelos de desarrollo y de educación», reitera, e indica, por último, el desafío educativo y cultural al cual «no se puede dejar de responder» durante el proceso de implementación del Acuerdo de París.

(Griselda  Mutual – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)