(RV).- El pasado 24 de octubre el Santo Padre dialogó con los jesuitas reunidos en su 36° congregación general, diálogo que fue publicado por la revista jesuita Civiltà Cattolica este jueves 24 de noviembre. Entre los temas afrontados, la audacia profética, el clericalismo, la política y el discernimiento de las situaciones morales, la paz y la crisis de las vocaciones. Estos son algunos puntos de las respuestas del Papa sobre los temas tratados resaltados por nuestro compañero Sergio Centofanti. 

Una parresia actualizada. «Hoy más que nunca se necesita tener valor y  audacia profética, una parresia actualizada», dijo el Papa, señalando luego que a veces, «la audacia profética se une con la diplomacia, con un trabajo de convencimiento y al mismo tiempo con signos fuertes. Por ejemplo, la audacia profética está llamada a combatir una corrupción muy difundida en algunos países. Una corrupción por la cual, para dar un ejemplo, cuando terminan los períodos constitucionales de un mandato, enseguida se busca reformar la Constitución para permanecer en el poder».

La pequeña política. Sobre la política en general, el Papa refiere creer que «la política en general, la gran política, se ha degradado cada vez más en la pequeña política». «Faltan esos grandes políticos que eran capaces de jugarse en serio por sus ideales y no le tenían miedo al diálogo ni a la pelea, sino que iban adelante, con inteligencia y con el carisma propio de la política. La política es una de las formas más altas de la caridad. La gran política. Y en eso creo  que las polarizaciones no ayudan. Por el contrario, lo que ayuda en la política es el diálogo.»

La explotación de las naciones causa las guerras. «Trabajar por la paz es urgente» – reiteró– porque «estamos en la tercera guerra mundial, a pedacitos. Ahora los pedacitos se están juntando cada vez más. Estamos en guerra. No hay que ser ingenuos. El mundo está en guerra y el pato de la boda lo pagan algunos países. Pensemos en Medio Oriente, en África: allí se da una situación de continuas guerras. Guerras que se derivan de toda una historia de colonización y explotación. Es cierto que hay países que tienen su independencia, pero muchas veces el país que les dio la independencia se reservó el subsuelo para sí. África sigue siendo un objetivo de la explotación por las riquezas que tiene. Incluso por parte de países que antes ni pensaban en este continente. A  África  siempre  se  la  mira  desde  la  óptica  de  la  explotación. Y claramente esto provoca guerras». De este modo el pontífice señala nuevamente el camino de la paz, a través de la convivencia: «con las actitudes cristianas que el Señor nos marca en el Evangelio, se puede hacer mucho, y se hace mucho y se va adelante. A veces esto se paga a precios muy caros en la propia vida. Y bueno, pero se va delante de todas maneras. El martirio forma parte de nuestra vocación».

La Laudato Sii no es una encíclica verde sino social. Con respecto a la encíclica Alabado seas, sobre el cuidado de nuestra casa común, el Papa afirmó que no se trata de una encíclica verde, sino social, porque «es evidente que los que sufren las consecuencias son los más pobres, los que son descartados. Es una encíclica que confronta esta cultura del descarte de las personas».

El mundo líquido crea el desempleo. Respondiendo a una pregunta sobre el tema de la digitalización de esta época moderna el Papa subrayó que «la liquidez de la economía, la liquidez del trabajo: todo esto provoca desocupación. Y el mundo líquido». «Existe el deseo de recuperar la dimensión concreta del trabajo». 

El clericalismo, uno de los más serios males de la Iglesia. El Obispo de Roma volvió a hablar de una Iglesia pobre para los pobres: el clericalismo que tiene la Iglesia, dijo Francisco, se aparta de la pobreza. «El clericalismo es rico. Y si no es rico en dinero, es rico en soberbia. Pero es rico: hay en él un apego a la posesión. No se deja engendrar por la madre pobreza, no se deja custodiar por el muro pobreza. El clericalismo es una de las formas de riqueza más graves que se sufre hoy día en la Iglesia. Al menos en algunos lugares de la Iglesia». «En este punto de la pobreza San Ignacio nos ha superado en grande. Cuando uno lee cómo concebía la pobreza, ese voto que hace hacer de no cambiar la pobreza a no ser para estrecharla más…, tenemos que reflexionar».

Piedad popular. En América Latina – dijo – «la única cosa que más o menos se salvó del clericalismo es la piedad popular. Porque, como la piedad popular es una de esas cosas «de la gente» en la que los curas no creían, los laicos fueron creativos. Quizás haya sido necesario corregir algunas cosas, pero la piedad popular se salvó porque los curas no se metieron. El clericalismo no deja crecer, no deja crecer la fuerza del bautismo. La gracia y la fuerza evangelizadora de la expresión misionera la tiene la gracia del Bautismo. Y el clericalismo disciplina mal esta gracia y da lugar a dependencias, que tienen a veces a pueblos enteros en un estado de inmadurez muy grande».

Crisis de vocaciones. «Creo que las vocaciones existen, simplemente hay que saber cómo se las propone y cómo se las atiende. Si el cura siempre está apurado, si está metido en mil cosas administrativas, si no nos convencemos de que la dirección espiritual es un carisma no clerical sino laical (que también puede desarrollar el cura), y si no metemos y convocamos a los laicos en el discernimiento vocacional, es evidente que no vamos a tener vocaciones». «No promover vocaciones locales es un suicidio, es directamente esterilizar a una Iglesia, la Iglesia es madre. No promover las vocaciones es una ligadura de trompas eclesial. Es no dejar que esa madre tenga sus hijos. Y eso es grave».

Profundizar la Evangelii Gaudium. El Santo Padre Francisco invitó a profundizar sobre la  Exhortación apostólica, «Evangelii gaudium» porque en ella se encuentra todo un modo de encarar diversos problemas eclesiales y la evangelización misma de la vida cristiana. 

El discernimiento de las situaciones morales. «El discernimiento es el elemento clave: la capacidad de discernimiento. Y estoy notando precisamente la carencia de discernimiento en la formación de los sacerdotes. Corremos el riesgo de habituarnos al «blanco o negro» y a lo que es legal.  Estamos bastante cerrados, en general, al discernimiento. Una  cosa es clara: hoy en una cierta cantidad de seminarios ha vuelto a reinstaurarse una rigidez que no es cercana a un discernimiento de las situaciones. Y eso es peligroso, porque nos puede llevar a una concepción de la moral que tiene un sentido casuístico. Con diferentes formulaciones, se estaría siempre en esa misma línea». «Es evidente que en el campo moral hay que proceder con rigor científico – agregó – y con amor a la Iglesia y discernimiento. Hay ciertos puntos de la moral sobre los cuales solo en la oración se puede tener la  luz  suficiente  para  poder  seguir  reflexionando  teológicamente. Y en esto, me permito repetirlo, y lo digo para toda la teología, se debe hacer «teología de rodillas». No se puede hacer teología sin oración. Esto es un punto clave y hay que hacer así».

La globalización destruye los pueblos indígenas. Al responder a una pregunta sobre el trato dispensado por parte de los colonizadores a los pueblos indígenas, en discusión hasta nuestros días, el Papa afirma que hoy el proceso de globalización uniformante entra en destrucción de las culturas indígenas, que son en cambio lo que hay que recuperar. «Hay que recuperarlas con la hermenéutica correcta, que nos facilita esta tarea. Una hermenéutica que no es la misma que había en la época de la colonia. La hermenéutica de aquella época era la de buscar la conversión de los pueblos, la de ensanchar la Iglesia…, y por lo tanto se anulaban las independencias indígenas. Era una hermenéutica de tipo centralista, donde el imperio que dominaba era el que de alguna manera imponía su fe y su cultura. Es comprensible que se pensara así en aquella época, pero hoy es necesaria una hermenéutica radicalmente diferente. Tenemos que interpretar las cosas de otra manera: valorando a cada pueblo, su cultura, su lengua. Nos tiene que ayudar este proceso de inculturación, que fue cobrando cada vez mayor importancia a partir del Vaticano II». «Las hermenéuticas juegan un papel central. En este momento creo que es importante, con esta mayor conciencia que tenemos respecto de los pueblos indígenas, apoyar la expresión, la cultura de cada uno de ellos… y la misma evangelización, que toca también a la liturgia y llega hasta las expresiones de culto. Y la Congregación para el culto divino acepta esto».

No nos salvamos solos. Una pregunta también fue dirigida al pontífice acerca de la salvación comunitaria y personal: «Nadie se salva solo. Creo que este principio hay que mantenerlo muy claro: la salvación es para el pueblo de Dios. Nadie se salva solo. El que pretende salvarse solo, a través de un camino propio de cumplimiento, termina en ese adjetivo que Jesús usa tantas veces: hipócrita. El Señor vino a salvar a todos».

Teología y vida real. «Debe haber estudio académico, contacto con realidades, no solo periféricas sino limítrofes en la periferia, oración y discernimiento personal y comunitario». «Debe haber estudio académico, contacto con realidades, no solo periféricas sino limítrofes en la periferia, oración y discernimiento personal y comunitario».

No cerrar las puertas a las críticas. Sobre las críticas a las Compañía el Papa señaló que «hay que escucharlas todas y discernirlas. Y no cerrar la puerta a ninguna crítica, porque corremos el riesgo de habituarnos a cerrar puertas. Y eso no es bueno. Después de un discernimiento se puede decir: esta crítica no tiene ningún fundamento y descartarla. Pero tenemos que someter todo lo que vamos oyendo de críticas a un discernimiento yo diría cotidiano, casero, pero siempre con buena voluntad, con apertura de corazón  y delante del Señor».

La consolación del Papa. El Santo Padre confesó «porque estamos en familia», ser «bastante pesimista» porque tiende siempre a ver la parte que no ha funcionado: «Así que para mí la consolación es el mejor antidepresivo que he encontrado. La encuentro cuando me pongo delante del Señor, y dejo que El manifieste lo que ha hecho durante el día. Cuando al final del día me percato de que soy conducido, cuando me percato que pese a mi resistencia, hubo una conducción ahí, como una ola que me llevó adelante: eso me consuela. Es como sentir: Él está aquí'». 

El texto completo en el siguiente enlace: «TENER CORAJE Y AUDACIA PROFÉTICA» Diálogo del Papa Francisco con los jesuitas reunidos en la Congregación General XXXVI

(Griselda Mutual –  Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)