Ébola: “Para los que confían en Dios, la esperanza no se pierde”

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Steve Ogunde es un ingeniero keniano que trabaja en Liberia. Contribuye con la instalación de agua y servicios de salud para las personas afectadas por la crisis del ébola. En los últimos 25 años ha llevado a cabo trabajos similares en otras situaciones de desastre en Ghana, Burundi, Sudán, Etiopía, Siria, Turquía y las Filipinas.

Steve, ¿cuál es tu trabajo en Liberia?

Mi trabajo es Wash/IPC, es decir: limpieza del agua, higiene, protección y control de las infecciones. Esto involucra la provisión de agua, altamente clorada, para desinfectar, descontaminar y manejar los desperdicios (sólidos y líquidos), incluyendo los desechos médicos: recolección, almacenamiento, transporte y desecho.

¿Cómo te mantienes seguro en estas situaciones?

La seguridad en la Unidad de Tratamiento de Ébola (UTE) significa usar equipo de protección personal y agua clorada para lavarse las manos. La prioridad es proteger a mis colegas y a mí para que podamos ayudar a los pacientes de ébola sin infectarnos en el proceso.

¿Cuál es tu impresión de la situación en Liberia?

En este momento parece que la situación no tiene solución, pero la verdad es que para los que confían en Dios, la esperanza no se pierde. No es sencillo darse cuenta que el paciente que admitimos y cuidamos puede estar a uno o dos días de la muerte. Pude ver a un hombre y a su esposa llegar en ambulancia y ambos murieron pocos días después. La primera en morir fue la mujer. El hombre estaba en el ala de pacientes no confirmados de ébola. Lloró mucho cuando se le informó sobre la muerte de su esposa. Vi el sentimiento de un hombre llorando la muerte de una mujer joven. Él ya estaba muy debilitado por la enfermedad; tenía claro que ni siquiera podría ver el entierro de su amada… murió 12 horas después. Los cinco hijos que dejaron llegaron a la UTE al día siguiente. Los hijos pequeños tienen ébola, pero los mayores, de 15 y 17, no están enfermos, por lo que regresarán a su casa. Sin embargo, las posibilidades de sobrevivir son muy pequeñas para los niños chicos, que aún están bajo observación.

¿Crees que vamos a ganar la batalla contra esta epidemia?

Con Dios todo es posible. Sin embargo, hablando desde un punto de vista humano, el camino para conseguir una cura médica para el ébola todavía es largo. Aun así, creo que si implementamos limpieza e higiene en las poblaciones, y con la detección temprana y aislamiento de las víctimas, entonces esto minimizará la infección y reducirá el actual índice de mortalidad. Se necesita mucha investigación y oración para lograr un parteaguas.

¿Cómo logras trabajar y rezar al mismo tiempo?

Estoy en la UTE 12 horas al día, siete días a la semana. Me las arreglo para ir a la misa domingo en la mañana gracias a un acuerdo que hice con mi supervisor. Trato de hacer mis normas diarias. Hago la oración de la tarde caminando por la calle o de pie en una esquina silenciosa afuera de la Unidad. El clima aquí es muy caluroso –a veces hasta de 45° C- y bastante húmedo. Estoy completamente exhausto en la tarde y cuando intento hacer la oración es fácil que me quede dormido, entonces trato de hacer todas mis oraciones tan temprano como pueda. En el día, durante el trabajo, trato de pensar en Dios y en los pacientes. Esto me mantiene rezando y pidiendo al Señor que ayude a esta gente y que nos ayude a conseguir un avance para la cura.

¿Cómo está tu familia? ¿Te mantienes en contacto con ellos desde Liberia?

Mi esposa y yo hablamos diario a través del WhatsApp y del teléfono. También llamo a mis tres hijos una vez por semana. No es suficiente, pero me siento solo si no lo hago. Pero, sobre todo, mantengo a mi familia en mi oración pidiendo al Señor que haga por ellos lo que yo no puedo hacer debido a mi ausencia física.

¿Cómo te ayuda el espíritu de la Obra en tu trabajo?

Obtengo ánimo intentando seguir el ejemplo del Beato Álvaro. Trato de rezarle varias veces durante el día. El espíritu de la Obra me da la fuerza para enfrentar la realidad de la muerte, aunque ésta signifique el fallecimiento de una familia entera. Me doy cuenta que, en realidad, no podemos hacer nada por nosotros mismos, a menos que el Señor nos ayude. Puedo ver la impotencia de mis colegas médicos que no tienen una solución a la vista. Veo la diferencia entre una persona que reza y aquella que quiere confiar únicamente en su propia experiencia. La fuerza de la oración entra con más vigor y hace una gran diferencia.

¿Qué haces para que la gente se acerque a Jesús en esas circunstancias?

En medio de la desesperación que enfrentamos en nuestro trabajo, permanecer calmado mediante la oración es lo más efectivo para las víctimas del ébola. También me ayuda a resolver conflictos con y entre mis colegas.

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