REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

¡No está todo dicho y hecho! Y por más grande que sean las dificultades, impedimentos, problemas, es posible algo nuevo y distinto, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas y las cosas pueden cambiar aunque parezca imposible. Porque no hay nada imposible para Dios.

Por eso tenemos que revelarnos al aburrimiento, a la rutina, a la desesperanza, al miedo, sí, al miedo que nos aprisiona. Y abrir de par en par el corazón al estupor.

Sobre el estupor de la Navidad habló Francisco el 19 de diciembre: «No se olviden de esta palabra: estupor. El estupor», «para celebrar de modo beneficioso la Navidad, estamos llamados a detenernos en los «lugares» del estupor. ¿Y cuáles son estos lugares del estupor en la vida cotidiana? Son tres. El primer lugar es el otro, en el cual reconocer a un hermano, porque desde que se produjo el Nacimiento de Jesús, cada rostro lleva impresas las semblanzas del Hijo de Dios. Sobre todo cuando es el rostro del pobre, porque como pobre, Dios entró en el mundo y dejó, ante todo, que los pobres se acercaran a Él».

Otro lugar del estupor es la historia –afirmó Francisco: «nos parece determinada por la economía de mercado, regulada por la finanza y las especulaciones, dominada por los poderosos de turno. En cambio, el Dios de la Navidad es un Dios que «desordena las cartas». Le gusta hacerlo.  Como canta María …derriba a los poderosos de su trono y eleva a los humildes, colmando de bienes a los hambrientos y despidiendo a los ricos con las manos vacías (cfr. Lc. 1,52-53)».

«Un tercer lugar del estupor es la Iglesia: …La Iglesia que llama al Señor: «¡Ven, Señor Jesús!». La Iglesia madre que siempre tiene las puertas abiertas de par en par y los brazos abiertos para acoger a todos. Es más, la Iglesia madre que sale de sus propias puertas para buscar con sonrisa de madre a todos los alejados y llevarlos a la misericordia de Dios. ¡Este es el estupor de la Navidad!».

(from Vatican Radio)