El Pastor nace entre Ovejas, en la plaza de San Pedro en Roma


El pesebre de la plaza del santuario de san Pedro en el Vaticano es distinto cada año. Este año el pesebre tiene muchas ovejas. Conté 20 entre ovejas y corderos. Tantas ovejas junto al gran Pastor, me recuerdan las palabras de Francisco, que pocos días después de su elección habló ya de “el pastor con olor a oveja”, refiriéndose al ministerio y misión del sacerdote y el obispo. El “olor a oveja” como signo decisivo de que el sacerdote está con el pueblo, entre la gente, como ha pasado como el Hijo de Dios, metido hasta los tuétanos entre nosotros.

De la Escritura Sagrada viene la imagen del sacerdote como pastor y Jesús es el sumo y eterno Sacerdote, el Buen Pastor de las ovejas: “conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí” (Jn.10). Jesús es el Pastor que sale a buscar la oveja extraviada y la devuelve al redil cargándola sobre los hombros; es el Hijo de Dios que pone su morada entre nosotros. Con su Encarnación el Hijo de Dios se impregna entero no solamente de humanidad, sino de toda la creación, mezclado con los humanos como uno más, con los minerales de la tierra circulando en su cuerpo y sangre y entre los animales y las plantas, viviendo y nutriéndose con ellos. Por eso en el “pesebre” de diciembre de 2014, en san Pedro, también hay algunos olivos añosos trasplantados vivos. Es un aplanta común en Tierra Santatierra sana. Y por supuesto también están el clásico burro y la vaca junto a la cuna. El evangelio de san Lucas en el capítulo 2 refiere que, después del anuncio del ángel a los que cuidaban de noche sus rebaños, los pastores fueron corriendo por el campo y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. También las esculturas, dibujos y pinturas sobre el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, muestran a los pastores llevando corderos como ofrenda al más grande y buen Pastor.

Por otra parte, este pesebre del Vaticano, donde Jesús Buen Pastor nace entre ovejas, está levantado sobre el amplio empedrado de la plaza de san Pedro, rodeada de grandes edificios. Es verdad que la ciudad grande, la comodidad, la tecnología, el procesado de los alimentos, de los vestidos, nos han alejado a vos y a mí del campo, de la naturaleza, de la creación, de los animales y las plantas, de los que tanto necesitamos. Por ejemplo, en este momento hay muchos que miran el pesebre de la plaza de san Pedro, que por el frío del invierno romano tienen abrigos de lana de oveja. Sí, de la lana de esas ovejas representadas ahí en el pesebre, porque necesitamos y vivimos de la creación. Estamos en el invierno abrigados con esa lana, así como el Hijo de Dios se “vistió” de nuestra carne y la divinidad se impregnó totalmente de olor, color, sabor a humanidad, a oveja, a tierra, a los animales y las plantas. Y todo está ahí, representado en el pesebre: Pero aquí, todo está en armonía, en paz y en comunión, porque Jesús es el centro: Jesús Buen Pastor es el eje de este pequeño universo y también del cosmos inconmensurable, que en la noche de Roma nos brinda sus estrellas naturales.

Contemplando este pesebre pido para mi familia grande, de la sangre, del corazón y la misión, que nos dejemos guiar, conducir, gobernar por el Buen Pastor. Que sin miedo y abandonados a su misericordia nos dejemos descentrar del propio yo hacia esta periferia donde el Pastor conduce y rige la paz, la armonía y la comunión entre Dios y los hombres, de los humanos entre sí, consigo mismos y con la creación.

Se trata del descentramiento del “yo-mío-para mí-conmigo” del egoísmo y los intereses de parte que hay que vencer, para aceptar y recibir la reconciliación que ofrece el Hijo de Dios, en esa periferia que aún en medio de la ciudad hay que descubrir, porque ahí nace para vos y para mí el Hijo de Dios, el Buen Pastor impregnado de olor a oveja.

Señor quiero que yo con toda mi familia grande, quedemos impregnados, vestidos, transformados por la paz, la armonía, la comunión que nos ofrece la reconciliación entre Dios y los hombres, de los humanos entre sí y con la creación, que nos ofrece tu encarnación, nacimiento, muerte y resurrección entre nosotros.

(from Vatican Radio)