Tocar a los excluidos nos puede purificar de la hipocresía. El Papa en la catequesis



(RV).- Lejos de Dios y lejos de los hombres. El leproso debía permanecer lejos de todos, pero aun así, no temió infringir las leyes para alcanzar a Jesús y suplicarle la purificación de su cuerpo y de su corazón. La expresión de la fe humilde y confiada que reconoce la potencia del Señor, fue el centro de la enseñanza del Papa Francisco en la catequesis del miércoles 22 de junio en la que siguió explicando cómo Jesús, ha llevado la misericordia hasta su pleno cumplimiento.

‘Señor si quieres puedes limpiarme’. Hablando en nuestro idioma, el Santo Padre indicó el deseo que el leproso manifiesta con esa petición: “La súplica que el leproso dirige a Jesús, ‘Señor si quieres puedes limpiarme’ manifiesta el deseo profundo del hombre de una auténtica purificación que lo una a Dios y lo integre en la comunidad. Esta petición, fruto de la fe y de la confianza en Dios, encuentra la respuesta en la acción y en los gestos de Jesús, que, sintiendo compasión, se acerca, lo toca y le dice: ‘Quiero, queda limpio’”.

Una petición  – agregó el Papa en la alocución en italiano – que muestra que ante el Señor bastan pocas palabras, siempre que estén acompañadas de una confianza plena en su omnipotencia y bondad: “Jesús nunca permanece indiferente a la oración hecha con humildad y con confianza y, rechazando todos los prejuicios humanos, se muestra cercano para enseñarnos que no tenemos que tener miedo de acercarnos y tocar al pobre y al excluido, porque en ellos está el mismo Cristo. Con sus actos, Jesús no busca el sensacionalismo, sino que cura con amor nuestras heridas, modelando pacientemente nuestro corazón conforme al suyo”.

Cinco Padre Nuestro, uno por cada llaga de Jesús. Así reza el Sucesor de Pedro cada noche, tal como él mismo contó a los peregrinos presentes en la plaza de san Pedro, invitándonos a hacer lo mismo, porque el Señor, “nos ha purificado con sus llagas”.  

“El gesto mesiánico de Jesús –prosiguió en español – culmina con la inclusión del leproso en la comunidad de los creyentes y en la vida social: así se llega a la plena curación, que además convierte al sanado en testigo y anunciador de la misericordia de Dios”. En contra de la ley de Moisés, Jesús extiende su mano al leproso y hasta lo toca, y así nos enseña a no tener miedo de tocar al pobre y al excluido: “tocar a los excluidos, nos puede purificar de la hipocresía” porque “el cristiano no excluye a nadie, da lugar a todos y deja entrar a todos”.

Era un excluido, ahora es uno de nosotros. La fuerza de la compasión con la que Jesús sanó al leproso llevó la fe de este hombre a abrirse a la misión. En la conclusión, el Santo Padre invitó a pensar con sinceridad en nuestras propias miserias, “cada uno tiene la suya” dijo,  y también en las veces que las cubrimos con la “hipocresía de las buenas maneras”. Es precisamente en ese momento que es necesario estar solos, arrodillarse ante Dios y rezar ¡Señor, si quieres puedes limpiarme!

“Que movidos por la humildad y la confianza de la petición del leproso, nos sintamos todos necesitados de la sanación del Señor, y aprendamos a acercarnos al pobre y al excluido reconociendo en ellos al mismo Cristo”, concluyó. 

(Griselda Mutual – Radio Vaticana)

(from Vatican Radio)