En el Ángelus el Papa denuncia la falta de voluntad de paz de los poderosos- El precio del conflicto en Siria

«Es inaceptable que
tantas personas inermes —entre ellas muchos niños— deban pagar el precio del
conflicto» en Siria. El Papa escogió palabras fuertes en el Ángelus del domingo
7 de Agosto, para volver a denunciar el drama de la población siria y la «falta
de voluntad de paz de los potentes». Asomado a la ventana del Palacio
apostólico, al finalizar la oración mariana, el Pontífice recordó cómo, desgraciadamente
del País meridional, «siguen llegando noticias de víctimas civiles de la
guerra, en particular de Alepo». Por ello quiso reiterar su cercanía «con la
oración y la solidaridad a los hermanos y hermanas sirias», encomendándoles a
la «materna protección de la Virgen». Para ello invitó a los fieles presentes
en la plaza de San Pedro a rezar «todos un poco en silencio y luego el Ave
María».

Anteriormente,
comentando como es costumbre el evangelio dominical, Francisco se detuvo en el
pasaje de Lucas (12, 32-48) en el cual «Jesús habla a sus discípulos del
comportamiento a seguir en vistas del encuentro final con Él, y explica cómo la
espera de este encuentro» debe impulsarnos a llevar «una vida rica de obras
buenas».

Comparando la
existencia con una vigilia de espera laboriosa y exhortando a usar los bienes
para los demás, sobre todo para los más
necesitados, el Pontífice hizo un elogio de la vigilancia. Porque, explicó
enseguida con uno de sus eficaces ejemplos, «Nosotros podemos estar muy pegados
al dinero, tener muchas cosas, pero al final no las podemos llevar con
nosotros. Precisamente «el sudario no tiene bolsillos».

El tema de la
vigilancia fue profundizado más tarde con el repaso de las tres parábolas
contenidas en el pasaje evangélico. La primera, la de «los siervos que esperan
por la noche el regreso de su señor», nos lleva a la «la beatitud de esperar
con fe al Señor, de estar preparados». La segunda tiene como imagen la llegada
imprevisible del ladrón. Efectivamente «El discípulo es quien espera al Señor y
a su Reino». Y la tercera, la del administrador de una casa después de
ausentarse su señor, aclara todavía mejor esta perspectiva. Efectivamente «en
la primera escena, el administrador sigue fielmente sus deberes y recibe su
recompensa», mientras que en la segunda, «abusa de su autoridad y golpea a los
siervos, por lo que al regreso imprevisto del señor, será castigado». Una
situación, comentó Francisco, «frecuente también en nuestros días: tantas
injusticias, violencias y maldades cotidianas nacen de la idea de comportarnos
como dueños de la vida de los demás». Por ello, concluyó, «Jesús nos recuerda
hoy, que la espera de la beatitud eterna no nos dispensa del compromiso de
hacer más justo y más habitable el mundo».