Misericordia entre rejas

Muchos cristianos siguen el ejemplo de Francisco: Mikel, MªJose, Ian, Mª Jesús y Conchi forman parte de la Pastoral Penitenciaria, e intentan colar así la misericordia de Dios entre las rejas de la cárcel. Como dice Mª José, para ella es “una forma de servir a la Iglesia, según el espíritu del Opus Dei, como la Iglesia necesite en cada momento, en cada sitio”. Una conversación con su párroco le ayudó a caer en la cuenta de que hay mucha gente que sufre, a la que ella podía ayudar.

“Pope Francis shaking hands with a prison inmate in Philadelphia” Jonathan Ernst/Reuters pic.twitter.com/83lNesVoSP
— David Coggins (@Davidrcoggins) 28 de septiembre de 2015

Estos cinco voluntarios acuden, acompañados de otros más, cada domingo al Centro Penitenciario Martutene, para preparar y asistir a la Misa con todos los internos que quieran. Es una misa especial. Los asistentes se arreglan, se afeitan… Muchos de ellos afirman que antes de entrar en prisión sólo habían asistido para funerales o comuniones.

Al principio empezaron a ir porque se trataba de una actividad diferente en la cárcel, pero la Misa les ha ido cambiando por dentro. Ahora, si no la tienen, sienten que les falta algo.

Mikel, como le llaman los internos, es el capellán del centro penitenciario. Muchos de los presos tienen confianza con él, le consideran uno más, y le cuentan sus cosas. También se confiesan. Mikel cuenta que no hay día en el que no confiese a más de uno. Le ayudan en la preparación de la Misa y, para “los privados de libertad”, como a él le gusta llamarles, sus Misas son el lugar donde cogen ánimos, fuerzas para seguir. Es un día distinto, un día de pensar, “un día nuestro”.

Después de la misa, los voluntarios siempre se quedan charlando con los internos, ayudándoles en lo que les sea posible, siendo su punto de unión con los familiares, mostrándoles fotos de sus hijos, llevándoles unos sellos…

Mª Jesús y Conchi desempeñan una labor de escucha, de acompañamiento, desde hace veinte años.

Es el caso de Mª Jesús y Conchi, que desempeñan una labor de escucha, de acompañamiento, desde hace veinte años. Confiesan que la primera vez que fueron les impresionó mucho y pensaron que ese voluntariado no era para ellas, pero al ver lo que podían hacer se dijeron “tenemos que volver”. Saben que no son una ONG, sino que están allí para transmitir el Amor de Dios.

Recordaba el Papa Francisco, en aquella misma visita a Juárez, que “la reinserción comienza en las calles”. Quizá este granito de arena pueda ser un buen comienzo.