«Me enganchó el ambiente familiar»

La Fanega, en Álora, no es un centro de protección de menores como los demás. Aquí no habita el desarraigo en largos pasillos de habitaciones. Abundan las colchas multicolores repletas de muñecos. Hay risas adolescentes y también llantos de bebés. Los chicos y chicas que viven aquí han tenido que crecer demasiado rápido, pero todos se afanan por allanarles el camino para que puedan seguir adelante.

Los chicos y chicas que viven aquí han tenido que crecer demasiado rápido

A Pedro, su director, le conquistó el ambiente familiar. Su leit motiv es ser recibido y despedido cada día por una sonrisa. Y ver crecer a los chicos y chicas, encontrarlos pasado el tiempo, situados en la vida y agradecidos.

A Sara le sale la alegría por los poros. Es educadora y trabaja con los menores de La Fanega y con los chicos de los pisos del programa de mayoría de edad. “Trabajar con ellos es un regalo”. Como lo es para Santiago, psicólogo, orientador de El Palo, uno de estos pisos plataforma de lanzamiento a la vida laboral. Santiago se desvive por ellos, vale para un roto y un descosido. Es padre, madre, cocinero, abogado…

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La historia de Pedro, Sara y Santiago forma parte del reportaje La casa de los Selva, una historia de amor que empezó en progresión aritmética y dio el salto a la geométrica hasta formar la gran familia de Mundo Infantil con casi mil menores en acogida y veintidós trabajadores que los cuidan.

La elástica casa de los Selva: 950 menores atendidos en 27 años. https://t.co/P0JiZMsrWZ pic.twitter.com/ht2BvluMy1
— Opus Dei (España) (@opusdei_es) 16 de junio de 2017