En Navidad, como dijo Isaías, brilla una «luz grande», porque sobre los hombres resplandece la luz del nacimiento de Jesús. Ha nacido el Hijo de Dios: todo cambia. El Salvador del mundo viene a compartir nuestra naturaleza humana y ya no estamos solos ni abandonados. La Virgen nos ofrece a su Hijo como principio de vida nueva. La luz verdadera viene a iluminar nuestra existencia. Descubrimos nuevamente quiénes somos. Ante Dios recién nacido, ¡cuántas cosas grandes, divinas y humanas, que contemplar, que paladear, que admirar, que meditar! Y al hacerlo, ¡cuántas cosas grandes, divinas y humanas, llegan, reposan y quedan para siempre en el alma! Estas páginas son una invitación a dejarnos iluminar por los destellos divinos de Belén, y abrir así nuestra alma a la amorosa misericordia de Dios con los hombres, al amor eterno de Dios que Cristo trae a la tierra.

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