La madre que luchó por su hija contra un estado cruel

Amor de Madre

Cuando lees historias de que sin más armas que su amor se han opuesto a regímenes tan sanguinarios como el chino, simplemente por proclamar la verdad, se te cambia el semblante. Son las verdaderas héroes de esta tierra, estas mártires sin morir.

Hoy ofrecemos una historia de la vida misma de una madre que decidió luchar por sus hijos aunque todo y todos estaban en contra…

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Contra viento y marea

Entre las situaciones más extremas que se dan en , se encuentran las
limitaciones en los nacimientos de los niños. Rebasar el máximo permitido de un
por familia es un delito, perseguido con toda crueldad. Hace unos
días, gracias a los medios de que comienzan a dar unas
impagables y nunca suficientemente reconocidas señales de independencia, han
trascendido las horribles vivencias de un matrimonio por salvar a su hija de
una cruel. Cuando las autoridades chinas descubrieron que Zhang
Chunhong, de 31 años, no solamente había eludido anteriormente el férreo
control estatal con el nacimiento de un segundo hijo, sino que tenía muy
avanzado un nuevo , se propusieron por todos los medios que su
nacimiento no tuviera lugar en ningún caso. Para lograrlo, le inyectaron a la
fuerza una solución salina que debió provocar el aborto, pero la niña nació
viva. La doctora que participó en semejante salvajada ordenó que se dejase a la
intemperie a la recién nacida en el balcón, sobre la nieve, pero una enfermera,
a costa de graves riesgos y con la connivencia de alguna de sus compañeras,
eludió la orden, asegurándole a la niña, en la más absoluta clandestinidad, un
mínimo de alimento. Las súplicas de la madre para que le enseñaran a su hija
fueron despreciadas, pero un periodista de la local tuvo la valentía
de sacar a la luz pública la situación, lo que supuso la aparición del al
que se le había negado la vida, aunque en condiciones lamentables, debido a la
precariedad en la que se había mantenido. Cuando apareció ante las cámaras de
televisión, pesaba solamente un kilo y tenía algunas lesiones y pese a que el
día de su nacimiento había alcanzado los dos kilos y medio. Su padre la enseña
orgulloso y declara: “Sin los periodistas, mi hija habría muerto”. (PUP,
3.X.01).