Mochilas de esperanza

Son muchas las personas dispuestas a hacer algo, a no quedarse de brazos cruzados. Sin embargo, la casi total ausencia de refugiados en España y la complejidad de la situación, hacen que ofrecer una ayuda eficaz sea bastante difícil.

Por eso Sonsoles Esteve, que es voluntaria de CUME y había ayudado a poner en marcha otros proyectos, decidió hace varios meses ponerse en contacto con un grupo de personas del Opus Dei en Eslovenia. Este país se encuentra en una de las zonas más delicadas -la ruta de los Balcanes-, y su situación es todavía más compleja desde que algunos de los países cercanos a Grecia decidieron cerrar sus fronteras.

Sonsoles planteó a algunas personas de la Obra que viven en Eslovenia la posibilidad de poner en marcha un voluntariado conjunto: allí se encargarían de visitar algunos campos de refugiados.

Sonsoles planteó a algunas personas de la Obra que viven en Eslovenia la posibilidad de poner en marcha un voluntariado conjunto: allí se encargarían de visitar algunos campos de refugiados y hacer un estudio de las necesidades más básicas a cubrir y en la Fundación CUME se comprometieron a buscar soluciones desde España.

El campo de refugiados de Dodova es un lugar de paso y se encuentra en la frontera entre Eslovenia y Croacia. A él llegan sirios, iraquíes, pakistaníes…. Belén, que vive en Eslovenia, se encargó de contactar con los responsables del lugar y plantearles el proyecto. Para su sorpresa, lo primero que pidieron no fueron mantas, ropa o comida –que entonces estaban llegando- sino mochilas y material escolar. Esas mochilas les servirían para transportar cosas y, además, irían cargadas de cuadernos, lápices y dulces, para unos niños que han tenido que abandonar sus casas huyendo de la guerra, y llevan mucho tiempo sin ir a la escuela.

Las mochilas les servirían para transportar cosas y, además, irían cargadas de cuadernos, lápices y dulces, para unos niños que han tenido que abandonar sus casas huyendo de la guerra

Con este primer encargo, en Galicia se pusieron manos a la obra.

Ferrol, La Coruña, Pontevedra, Orense, Santiago, Lugo… Allí, familias, varias asociaciones juveniles y profesionales de empresas empezaron a buscar y rellenar mochilas a contrarreloj, para que pudieran salir hacia Eslovenia en Navidad.

En pocos días se recogieron casi 700 unidades con cuadernos, lápices de colores, bolígrafos… y chocolates y peluches. Petro, un voluntario ucraniano, fue recogiendo todo con su furgoneta y lo llevó a Vigo, donde está la sede de la Fundación. Allí se preparó el envío.

Carmen, que trabaja en un hospital lo comentó en su trabajo y pronto fueron llegando mochilas desde los otros servicios a su oficina. Blanca habló con sus amigas del colegio y decidieron invertir en las mochilas el dinero del fin de semana. Una señora lo comentó a sus vecinos, que también quisieron comprar material escolar. Algunos niños tuvieron ideas geniales: Alex quiso escribir una carta en inglés para el que recibiera esa mochila. Otro pensó que en esas tierras son muy valorados los dátiles, y metió una bolsa en la suya “de regalo”.

Ante nosotras desfilaron refugiados de Siria, Irak, Irán…. familias con niños pequeños y también adultos. Caras agotadas. Nos sentimos pagadas con el agradecimiento de cada uno y la sonrisa de los niños, al recibir la mochila, los peluches, los dulces…

“El mismo día que llegaron las cajas de Galicia fuimos a llevarlas a Dodova”, cuenta Belén. “Era un día lluvioso, con poca visibilidad. En Dodova, las familias están alojadas en grandes carpas blancas, donde día tras día esperan un permiso para poder continuar con su viaje hacia Alemania, Suecia u otro país europeo.

Al llegar, nos inscribimos como voluntarias y nos explicaron dónde podíamos repartir las mochilas. Ni siquiera habíamos tenido tiempo de abrir las cajas y, al hacerlo, nos emocionamos con la cantidad de cosas que había dentro.

Quizás es un grano de arena en el desierto, pero lo importante es que estas personas han podido palpar la cercanía y solidaridad de gente que, desde la otra punta de Europa.

Ante nosotras desfilaron refugiados de Siria, Irak, Irán…. familias con niños pequeños y también adultos. Caras agotadas. Nos sentimos pagadas con el agradecimiento de cada uno y la sonrisa de los niños, al recibir la mochila, los peluches, los dulces… Volvimos tres veces más para repartir todo lo que la Fundación Cume envió.

Conocimos a un matrimonio sirio que tenía dos hijos y esperaba el tercero. Él era taxista y había trabajado hasta que las bombas continuas hicieron imposible transitar por las calles. Ella, contable de profesión, no pudo seguir yendo a su trabajo, pues hacía tiempo que los negocios estaban cerrados. Vendieron su casa y todo lo que tenían para vivir en paz en otro país.

Otra chica, profesora de arte, nos contó su peligrosa travesía en un bote repleto de gente que estuvo a punto de hundirse. Iba con su madre hasta Suecia, donde les esperaba un hermano.

Conocimos a un matrimonio sirio que tenía dos hijos y esperaba el tercero. Él era taxista y había trabajado hasta que las bombas continuas hicieron imposible transitar por las calles

Una familia, también siria, con varios hijos a quienes les dimos mochilas se alegró especialmente al leer en una etiqueta escrita a mano : “con cariño de Alex”.

Quizás es un grano de arena en el desierto, pero lo importante es que estas personas han podido palpar la cercanía y solidaridad de gente que, desde la otra punta de Europa, les están diciendo que no se olvidan de ellos”.

A Fundación Cume enviou 700 mochilas con material escolar para refuxiados en Eslovenia https://t.co/YRk6UN4zQD pic.twitter.com/ongSiZ2BoG
— TVG (@TVGalicia) 15 de enero de 2016

Allí donde los gobiernos parecen estar estancándose empieza a ser la ayuda de las personas la que encuentra soluciones. “Mochilas de esperanza”, que es el nombre de este proyecto, es sólo el principio.

En la prensa

Faro de Vigo Mochilas viguesas para los refugiados de Eslovenia.

Faro de Vigo Las mochilas enviadas desde Vigo ya están en Dobova.

El Correo Gallego Mochilas de esperanza.

Más anécdotas: