Papa: nos sostiene la presencia poderosa de la mano de Dios



(RV).- “Que el Señor nos conceda la gracia de ser santos, de convertirnos en imágenes de Cristo para este mundo, tan necesitado de esperanza, de personas que rechazando el mal, aspiren a la caridad y a la fraternidad”.

Fue el deseo que expresó el Santo Padre al saludar a los peregrinos de nuestro idioma – que se dieron cita en la Plaza de San Pedro – para participar en la Audiencia General del tercer miércoles de junio.

Prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana, en esta ocasión el Papa Francisco reflexionó acerca de los santos, en su calidad de testigos y compañeros de esperanza. Y lo hizo a partir de un pasaje de la Carta a los Hebreos que define a esta compañía que nos rodea como “una verdadera nube de testigos”.

Hablando en italiano el Pontífice comenzó recordando que en el día de nuestro Bautismo resonó para nosotros la invocación de los santos. De manera que a partir de aquella primera vez se nos regala esta compañía de hermanos y hermanas “mayores”, que transitaron por el mismo camino, que conocieron nuestras mismas fatigas y que viven ahora para siempre en el abrazo de Dios.

Después de afirmar que los cristianos, en su combate contra el mal, no se desesperan, el Sucesor de Pedro explicó que el cristianismo cultiva una confianza tal que no le permite creer que las fuerzas negativas y disgregadoras puedan prevalecer. De hecho – afirmó textualmente –  “la última palabra sobre la historia del hombre no es el odio, no es la muerte, y no es guerra”. No. Porque en cada momento de la vida nos asiste la mano de Dios, y también la discreta presencia de todos los creyentes que nos precedieron con el signo de la fe.

Francisco también expresó que nos consuela saber que no estamos solos, que la Iglesia está hecha de innumerables hermanos, con frecuencia anónimos, que nos han precedido y que por la acción del Espíritu Santo están implicados en las vicisitudes de quien aún vive en la tierra.

Por otra parte, el Santo Padre recordó que también cuando una pareja consagra su amor en el Sacramento del Matrimonio, se invoca sobre los novios la intercesión de los santos. Y, de la misma manera, los sacerdotes custodian el recuerdo de una invocación de los santos pronunciada sobre ellos en el momento de la liturgia de ordenación, en el que los candidatos se extienden en el suelo.

Al concluir esta reflexión el Papa Bergoglio dijo que “somos polvo que aspira al cielo”. E invocó del Señor la gracia de creer en él y llegar a ser imagen de Cristo para este mundo, aceptando incluso el sufrimiento.

(María Fernanda Bernasconi – RV). 

(from Vatican Radio)

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