El Papa en el Ángelus: “Dios nos libera del mal para ser gozosos anunciadores del Evangelio”



(RV).- “San Pedro y San Pablo, con sus acontecimientos personales y eclesiales, demuestran y nos dicen a nosotros, hoy, que el Señor está siempre a nuestro lado, camina con nosotros, no nos abandona jamás. Especialmente en el momento de la prueba, Dios nos extiende la mano, viene en nuestra ayuda y nos libera de las amenazas de los enemigos”, lo dijo el Papa Francisco a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro para rezar la oración mariana del Ángelus en la Solemnidad de los santos patronos de la ciudad de Roma, los Apóstoles Pedro y Pablo.

En su alocución, antes de rezar a la Madre de Dios, el Obispo de Roma recordó que, “los Padres de la Iglesia amaban comparar a los santos Apóstoles Pedro y Pablo con dos columnas, sobre las cuales se apoya la construcción visible de la Iglesia”. Ambos han confirmado con su propia sangre, afirmó el Pontífice, el testimonio dado a Cristo con la predicación y el servicio a la naciente comunidad cristiana.

Las Lecturas bíblicas de la liturgia hodierna, dijo el Papa, nos indican el motivo por el cual la fe de estos dos heraldos del Evangelio, confesada y anunciada, ha sido luego coronada con la prueba suprema del martirio. Ambos fueron liberados por el Señor y estas dos “liberaciones”, de Pedro y de Pablo, agregó el Pontífice, revelan el camino común de los dos Apóstoles, los cuales fueron enviados por Jesús a anunciar el Evangelio en ambientes difíciles y en ciertos casos hostiles.

“Al igual que ellos, subrayó el Papa Francisco, también nosotros nos reconciliamos con Dios, especialmente en el Sacramento de la Penitencia, recibiendo la gracia del perdón, somos liberados de los vínculos del mal y aliviados del peso de nuestros errores. Así – dijo – podemos continuar nuestro recorrido de gozosos anunciadores y testigos del Evangelio, demostrando que nosotros en primer lugar hemos recibido misericordia”.

Texto y audio completo de las palabras del Papa Francisco en el Ángelus



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los Padres de la Iglesia amaban comparar a los santos Apóstoles Pedro y Pablo con dos columnas, sobre las cuales se apoya la construcción visible de la Iglesia. Ambos han confirmado con su propia sangre el testimonio dado a Cristo con la predicación y el servicio a la naciente comunidad cristiana. Este testimonio es puesto en evidencia en las Lecturas bíblicas de la liturgia hodierna, Lecturas que indican el motivo por el cual su fe, confesada y anunciada, ha sido luego coronada con la prueba suprema del martirio.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles (Cfr. 12,1-11) narra el evento de la reclusión y de la consiguiente liberación de Pedro. Él experimentó el rechazo al Evangelio ya en Jerusalén, donde había sido encerrado en la prisión por el rey Herodes, «su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo» (v. 4). Pero fue salvado de modo milagroso y así pudo llevar a termine su misión evangelizadora, primero en la Tierra Santa y después en Roma, poniendo todas sus energías al servicio de la comunidad cristiana.

También Pablo ha experimentado hostilidad de las cuales ha sido liberado por el Señor. Enviado por el Resucitado en muchas ciudades con poblaciones paganas, él encontró fuertes resistencias sea de parte de sus correligionarios que de parte de las autoridades civiles. Escribiendo al discípulo Timoteo, reflexiona sobre su propia vida y sobre su propio recorrido misionero, como también sobre las persecuciones sufridas a causa del Evangelio.

Estas dos “liberaciones”, de Pedro y de Pablo, revelan el camino común de los dos Apóstoles, los cuales fueron enviados por Jesús a anunciar el Evangelio en ambientes difíciles y en ciertos casos hostiles. Ambos, con sus acontecimientos personales y eclesiales, demuestran y nos dicen a nosotros, hoy, que el Señor está siempre a nuestro lado, camina con nosotros, no nos abandona jamás. Especialmente en el momento de la prueba, Dios nos extiende la mano, viene en nuestra ayuda y nos libera de las amenazas de los enemigos. Pero redorémonos que nuestro verdadero enemigo es el pecado, y el Maligno que nos empuja a ello. Cuando nos reconciliamos con Dios, especialmente en el Sacramento de la Penitencia, recibiendo la gracia del perdón, somos liberados de los vínculos del mal y aliviados del peso de nuestros errores. Así podemos continuar nuestro recorrido de gozosos anunciadores y testigos del Evangelio, demostrando que nosotros en primer lugar hemos recibido misericordia.

A la Virgen María, Reina de los Apóstoles, dirigimos nuestra oración, que hoy es sobre todo por la Iglesia que vive en Roma y para esta ciudad, de los cuales Pedro y Pablo son sus patronos. Ellos le obtengan el bienestar espiritual y material. La bondad y la gracia del Señor sostengan a todo el pueblo romano, para que viva en fraternidad y concordia, haciendo resplandecer la fe cristiana, testimoniado con intrépido ardor por los santos Apóstoles Pedro y Pablo.

(Traducción del italiano: Renato Martinez – Radio Vaticano)

Saludos del Papa Francisco después de rezar a el Ángelus



(RV).- Después de rezar la antífona mariana del Ángelus de la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo el Santo Padre saludó a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro. Ante todo, el Francisco recordó que había celebrado la Eucaristía con los cinco Cardenales creados en el Consistorio del día anterior y bendijo los Palios de los Arzobispos Metropolitanos nombrados durante el último año y procedentes de diversos países.

El Obispo de Roma renovó su saludo y mejores deseos a los nuevos Purpurados, así como a cuantos los han acompañado en esta peregrinación, a la vez que los alentó con las siguientes palabras:

“Los animo a proseguir con alegría su misión al servicio del Evangelio, en comunión con toda la Iglesia”. El Papa dijo que en la misma celebración recibió con afecto a los miembros de la Delegación enviada por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, el querido hermano Bartolomé. Y añadió que también esta presencia es signo de las relaciones fraternales existentes entre ambas Iglesias.

El Sucesor de Pedro dirigió asimismo su saludo cordial a todos los presentes, a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los fieles procedentes de Italia y de tantas partes del mundo, de modo especial de Alemania, Inglaterra, Bolivia, Indonesia y Qatar; sin olvidarse de las escuelas católicas de Salbris en Francia, de Osijek en Croacia y de Londres.

Naturalmente el Pontífice también saludó a los fieles de Roma, en la fiesta de los Santos Patronos de la Ciudad Eterna. Y destacó que para esta ocasión la “Pro Loco” romana organizó la tradicional “Infiorata”, es decir la manifestación que consiste en la realización de tapices alusivos mediante flores. “Gracias por esta iniciativa – les dijo el Papa Francisco – y por las hermosas representaciones florales. Por último, el Santo Padre recordó el tradicional espectáculo pirotécnico nocturno de la Plaza del Pueblo. Y se despidió deseando a todos una feliz fiesta, a la vez que pidió, tal como suele hacer, que no se olviden de rezar por él.

(María Fernanda Bernasconi – RV). 

(from Vatican Radio)

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