«Camino»: cinco millones de historias

Los relatos que publicaremos a lo largo de los próximos meses han sido recopilados por los sacerdotes Javier Medina y Michele Dolz, sacerdotes, escritores y buenos conocedores de las obras de san Josemaría. «Camino» ha inspirado a numerosas personas y se ha editado en 43 idiomas, superando ya los cinco millones de ejemplares.

Por el carácter personal de las historias que ha generado y que sus protagonistas han dado a conocer, en algunos casos se obviará el nombre de los autores. Un ejemplo es este relato, que procede de Corea y dice así:

«Camino» ha inspirado a numerosas personas y se ha editado en 43 idiomas, superando ya los cinco millones de ejemplares.

«Tuve que abandonar mis planes de estudiar en los Estados Unidos y dejar de lado mis sueños. A causa de la crisis del 2008, no me era posible cubrir los gastos de los estudios, que ascendían a varias decenas de miles de dólares.

Fueron momentos difíciles porque había renunciado a mi trabajo, y tampoco era fácil recuperar el empleo anterior o conseguir uno nuevo. Solo el trabajo de mi esposa mantenía a flote las finanzas familiares.

La situación era para mí humillante y fui perdiendo el sentido de la vida. Los días pasaban sin razón. Los consuelos de mi mujer no me animaban mucho y me escondí en el alcohol, hasta que enfermé gravemente.

Pienso que me destruía desoyendo la voz interior de que tenía que recomenzar.

En aquellos días encontré el libro de san Josemaría, Gil («Camino», en coreano). No recuerdo exactamente cuál fue el motivo por el que me encontré con ese libro, pero decidí leerlo pausadamente y el efecto fue grandioso.

Desde la primera frase (“Que tu vida no sea una vida estéril…”) sentí que el santo me entendía perfectamente. Cada página que pasaba, san Josemaría me golpeaba el corazón: unas veces me embobaba; otras, me gritaba. Me di cuenta de que dialogaba conmigo.

Devoré el libro y luego lo volví a leer, una segunda y una tercera vez. Solo me apenaba no haberlo conocido antes.

Antes de meditar Gil creía que la santidad era un privilegio de los sacerdotes y los religiosos. Pero san Josemaría me enseñó que yo tenía que santificarme en medio del mundo. Y Gil me abrió los ojos a una nueva realidad de mi familia, de la sociedad y de mi entera vida de fe. Cambié mi actitud hacia los demás. Pude rehacer mi vida, herida y cansada. Y prometí a Dios que siempre estaría con Jesucristo por más cruces y sufrimientos que vinieran.

San Josemaría me enseñó que lo importante es armonizar la vida de fe, la
vida profesional y la vida familiar. Me arrepentí de mi actitud hacia
mi mujer.

También cambió mi vida matrimonial. A veces pensaba que el éxito profesional era más importante que la vida familiar. Pero san Josemaría me enseñó que lo importante es armonizar la vida de fe, la vida profesional y la vida familiar. Me arrepentí de mi actitud hacia mi mujer. Quise compartir con ella también las tareas del hogar, hablar más con ella y hacer crecer nuestro amor.

Ahora me esfuerzo por hacer lo que Dios quiere. Seguramente volveré a tener problemas y tentaciones. También el peso de la profesión y el estrés me harán sufrir. Pero sé que soy un niño delante de Dios. Hice el propósito de rezar diariamente el Santo Rosario y leer todos los días la Sagrada Escritura.

Tenemos ahora una costumbre familiar muy divertida. Antes de acostarnos, yo le digo a mi mujer que elija un número del 1 al 999, y cuando ella decide cuál, leemos juntos el punto de «Camino» que corresponde. Ella no es católica y no estaba muy abierta a mis consejos espirituales, pero sí oye los puntos de Camino con mucho gusto».