A pesar de la creencia popular, los niños con síntomas de autismo y otros trastornos como el síndrome de Asperger no tienen una capacidad restringida de aprendizaje. El gran descubrimiento de Stanley Greenspan ha sido mostrar que en muchos casos estos niños pueden desarrollar una vida emocional e intelectual plena y saludable, aprender a pensar, a comunicarse y a relacionarse con los demás y con su entorno. El método de los autores, que se puede aplicar a edades muy tempranas, en cuanto se perciben los primeros síntomas de autismo, pero cuya aplicación no plantea límites de edad, ha convertido la antigua esperanza de prevenir y tratar las conductas autistas en una realidad cada día más tangible.