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Conocidas desde la Antigüedad, muy pronto las Canarias constituyeron un espacio familiar para los marinos que surcaban el Atlántico rumbo África y América. La afluencia de viajeros franceses al Archipiélago fue especialmente fructífera a partir de Setecientos cuando el interés por alcanzar el mítico continente austral, ubicado en el Pacífico, estimuló la búsquedas de nuevas rutas marítimas y convirtió a las islas en la antesala de “las Islas Occidentales” , esto es, el lugar idóneo para hacer aguada y adquirir vino y alimentos frescos indispensables para proseguir la travesía.