La Route 66, la madre de todas las carreteras, nació como un viaje hacia la esperanza para millones de estadounidenses que buscaban una vida mejor en las primeras décadas del siglo pasado. De Chicago a Los Angeles, rumbo a la tierra prometida a lo largo de 4.000 kilómetros que se conviertieron en la espina dorsal de este gran país con vocación de continente.