Papa: que nadie apunte el dedo contra ninguno

(RV).- En el segundo miércoles de noviembre, el Santo Padre Francisco meditó a partir del Evangelio de Marcos que narra el episodio de la sanación de la suegra de Simón, sobre otras dos de las obras de misericordia corporales: visitar a los enfermos y a los encarcelados.

El Obispo de Roma hizo presente que el Señor Jesús, sobre todo en sus tres años de ministerio público, se dedicó a encontrar a las personas, y entre ellas, un lugar especial tuvieron los enfermos. Es por ese motivo que entre las obras de misericordia no puede faltar la de visitar y asistir a las personas enfermas. Los hospitales son hoy “catedrales del dolor”, aseveró, donde también se hace evidente la fuerza de la caridad que sostiene, y que siente compasión. 

Por otra parte indicó que el Señor, poniendo la visita a los encarcelados entre las obras de misericordia, ha querido invitarnos a no hacernos jueces de nadie, porque más allá de lo que un encarcelado haya cometido, sigue siendo amado por Dios. Más bien, la tarea indicada por el Papa Bergoglio a los cristianos, es la de hacerse cargo de que quien se ha equivocado, comprenda el mal realizado y vuelva en sí. 

A continuación, el texto completo del resumen de la catequesis que el Papa pronunció en nuestro idioma: 



“Queridos hermanos y hermanas:

Muchos relatos de los evangelios nos muestran que la vida de Jesús se caracterizó por ser un continuo encuentro con las personas, fue especialmente cercano a los enfermos, a los que consoló y curó de sus enfermedades y dolencias. También los encarcelados fueron objeto de su cercanía; a los privados de libertad, Jesús les brindó la nueva y verdadera libertad que nace del encuentro personal con él y que da un sentido nuevo a la vida.

Por lo tanto, siguiendo el ejemplo Jesús, no podía faltar entre las obras de misericordia el visitar a los enfermos y a los encarcelados. Como cristianos estamos llamados a convertirnos en instrumentos de la misericordia de Dios, siendo cercanos y sin juzgar a nadie, para que nadie se sienta abandonado a su suerte ni tampoco acusado, sino que todos, sin exclusión, se sientan amados por Dios mediante gestos que expresen solidaridad y respeto. Estos gestos, cuando son hechos en nombre de Dios, se convierten en auténticos signos elocuentes y eficaces de su misericordia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los animo a que sean valientes y abran el corazón a Dios y a los hermanos, de modo que sean instrumentos de la misericordia y ternura de Dios, que restituye la alegría y la dignidad a quienes la han perdido. Muchas gracias”.

(Griselda Mutual – RV)

(from Vatican Radio)

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