HISTORIA DE UN SUPERVIVIENTE AL ABORTO

A los once años supo Imre  la verdad de su vida. «Oí una charla familiar. Mi padre contaba la historia a unos parientes. De golpe tuve un sentimiento de tristeza. claramente por qué la con mi madre era tan complicada», revela Téglásy en un vídeo.

 Añade: «A los once años, los padres quieren mucho a sus hijos. Normalmente la relación es buena. Pero había algo que fallaba con mi madre. Fue como un en mi corazón. Comprendí que era un superviviente del aborto». Téglásy, doctor en Literatura, es ahora presidente de la organización «Alpha Alliance for Life», una filial húngara de Human Life International (HLI).

El padre de Téglásy fue alcalde de Budapest. Cuando los comunistas se hicieron con el poder, tras la , tuvo que abandonar la capital magiar. Las condiciones de vida familiares se convirtieron en miserables. Su madre se quedó .

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Precisamente porque habían sido expulsados de Budapest por los comunistas, la madre no pudo recurrir al nuevo régimen para abortar, algo que el marxismo permitía e incluso fomentaba. Su padre, sin embargo, estaba en contra del aborto, era un practicante.«Su padre, y el hecho de que el aborto no estaba accesible, es lo que salvó su vida. Su madre incluso trató de tomar píldoras para interrumpir el embarazo. No lo consiguió», cuenta Joseph Meaney, director de la de HLI.

La relación entre Téglásy y su madre en la infancia la califica este de «complicada». La sintonía emocional la tenía con el padre. Con su madre, finalmente, se reconcilió en el año 2000, poco antes de que muriera.Afirma Téglásy: «Mi padre estaba muy en contra de la abortista de mi madre. Desde luego había entre ellos. Él era un católico muy convencido. Pertenecía a una familia de nueve hermanos. Sus padres, mis abuelos, eran también muy . Aceptaban el don que Dios les daba, el don de los hijos».

Téglásy, también católico, es padre de familia numerosa (seis hijos). que su propia lo ha destinado a luchar por la vida.Muchas personas intentaban reprimir la cuestión de aborto, la trataban como un tabú, concluye Téglásy. «Más tarde comprendí que no era solo mi problema personal. Es el problema de mi país, es el problema de Europa y es el problema del mundo entero».