«En 1906, Belloch se presentó a las elecciones generales por el Partido Liberal. Los rivales, conservadores, a quienes les faltó tiempo para recordarle su fe y su nacionalidad, adoptaron el eslogan de «No voten a un francés» A lo que Belloch respondió en su primer mitin levantándose y diciendo: «Caballeros, soy católico. Siempre que puedo; oigo la misa a diario. Esto (y extrajo un rosario de su bolsillo) es un rosario. Siempre que puedo, me arrodillo a diario y paso las cuentas. Si me rechazan a causa de mi religión, le daré gracias a Dios por haberme librado de la deshonra de representarles a ustedes.
Después de un instante de estupefacción, la gente estalló en aplausos y Belloch resultó elegido.»

(Joseph Pearce, «Escritores conversos», p. 87)