a la que, humilde, me ha seguido…

He hablado con que hace tiempo nos dejaron y he susurrado en los oídos de mis hijos incluso antes de que nacieran. He compartido mis alegrías y mis tristezas con otras personas y mis preocupaciones y mis temores con sirios y troyanos, opinando con vehemencia de lo divino y lo humano, a veces con razón y otras no tanto.

Continúa el cuento…

A lo largo de mi vida he hablado con mucha gente. He hablado con personas a las que quiero y con otras a las que ni conozco. He contado cuentos a los niños y a los no tan niños y he recitado poemas a quienes han querido escucharme.
Yo que les he dicho cosas a los perros, a los y a los peces, y a mis plantas, que esperan pacientemente a que les salude cuando llego a casa, me he olvidado de ti, mi más fiel . Jamás te he dicho nada en todos estos años. Te he ignorado.

Tú que has estado siempre a mi lado, tímida y discreta, con tu figura a veces y otras algo rechoncha. Tú que has disimulado mis defectos, que no te ha importado ni el color de mi piel, ni mi edad, ni mi posición . Tu que imitas mis gestos y que estarías a ocultar tu brazo derecho o tu pierna si a mi me faltasen con tal de parecerte más a mí…

A ti, que solo la oscuridad te arredra, te dedico hoy estas líneas y te prometo no dar motivos para que nadie te ponga en entredicho, y jamás se pueda decir de mi, que tengo “mala sombra”.

Tomado del libro «Cuentos sin lobo»