TESTIMONIO DE UNA ENFERMA DE CANCER

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VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:
si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido…
Aquí os mando una interesante entrevista publicada en España hace ya un tiempo a una enferma de cancer:
Entrevista a una enferma de cáncer desahuciada
(Entrevista publicada en Mundo Cristiano, 226 (1981) 22-28.)
 
-¿Juzga usted que el médico ha obrado razonablemente diciéndole que va a morir y que sólo le queda poco tiempo de vida?
 
-Personalmente, estoy sumamente agradecida a ese médico. Esto tal vez no hubiera sido de desear en ciertos casos. Pero en cuanto a mí, siempre he esperado que los médicos me harían este favor. Antes de la muerte de mi padre pasamos los seis últimos meses tras una barrera de mentiras. Créame, eso es la cosa más terrible y más penosa que me ha sucedido en la vida. Yo sabía que mi padre era un hombre notable, un excelente hombre, un perfecto cristiano, y que si el médico hubiera tenido suficiente consideración respecto de él para decirle lo que se me ha dicho a mí, no habríamos vivido aquellos seis atroces meses.
 

-Aquí estamos, usted y yo, frente a frente. Usted sabe que va a morir dentro de poco y yo sé que usted lo sabe. ¿Puedo preguntarle lo que siente usted al aproximarse el acontecimiento? Cuando está usted completamente sola y se dice a sí misma: «Voy a morir muy pronto», ¿qué siente en su interior?
 
-¡Bueno! ¿Le ha sucedido a usted trabajar toda la noche o pasarla bailando? ¿Se ha apoderado de usted alguna vez una idea maravillosa que le impedía dormir y le ahogaba a pasarse la noche escribiendo? ¿Ha sido alguna vez presa de una pasión que le ha obligado a pasarse la noche entera en la ventana mirando la luna descender por el horizonte? Bien; si usted ha hecho alguna de estas cosas, comprenderá la impresión que se siente cuando viene la oscuridad y el mundo se calla. Habrá conocido esos momentos notables entre las dos y las cuatro de la mañana, cuando el cuerpo está en reposo, pero el espíritu despierto. Se percibe la verdad, la oscuridad se desvanece y la luz vuelve. Personalmente, para mí, la muerte no ha sido nunca otra cosa que el paso de un día a otro; pero esto es una impresión personal mía.
 
-Al acercarse la muerte, ¿qué es lo que usted teme más?
 
-No temo lo desconocido. Tengo tres hijos cuyas edades oscilan entre los trece y los diecinueve años. Ellos son casi toda mi vida. Pero como cristiana que soy, sé que no morimos más que cuando Dios quiere y no en otro momento, y que si Él me llama, Él velará por ellos. Entonces… esto, en el fondo, no es tan espantoso…
 
-¿Siente usted algún pesar al pensar el tiempo que ha perdido o en las cosas que hubiera podido o debido hacer?
 
-Desde luego. Pero mire, siempre he considerado que la mejor cosa era sentarse al sol y dar gracias a Dios por su Divinidad. En el colegio, cuando era pequeña, la Hermana decía que si queríamos apreciar una cosa en su justo valor, había que preguntarle bajo qué aspecto se nos aparecía esta cosa en nuestro lecho de muerte y decirse. «Si muero esta semana, ¿tal o cuál cosa hubiera sido importantes Estas ideas dan una excelente escala de valores cuando uno piensa en sus amigos, en su trabajo o en lo que sea. Ahora en suma, no haber rezado bastante y no haber amado bastante.
 
-¿Qué entiende por «no haber rezado bastante»? Porque seguro que usted ha rezado mucho.
 
-Pero, dígame, ¿qué entiende usted por rezar?
 
-Sería mejor que lo dijera usted misma…
 
-Me enseñaron que la oración consiste en elevar el alma y el corazón a Dios. A medida que los años han pasado, me he dado cuenta que orar es despojarse de sí mismo, de todo su ser, hasta que no queda en el alma más que una zona de paz, que se ofrece al Señor y que Él la llena de su bondad, de su divinidad. Me he dado cuenta que la acción debe proceder de la oración; y que toda acción que no tenga su origen en la oración, no conduce a nada. Muchas acciones en el curso de mi vida no han ido acompañadas de la plegaria; por eso han finalizado en nada.
 
-Dice usted que siente no haber amado bastante. ¿Qué entiende usted exactamente por eso? Tiene usted un marido y tres hijos, y estoy seguro, no hay más que verla, que les ha querido mucho. Por tanto, ¿en qué cree usted que le ha faltado amor?
 
-¿Puede usted definir el amor? Personalmente creo que el amor no tiene nada que ver con el hecho de tener reacciones y emociones agradables. Mire el Crucifijo. Es la negación de sí mismo y para todo cristiano simboliza el Amor; pero después del Viernes Santo hay la sorpresa gloriosa del día de Pascua. El amor, para toda persona que se dice cristiana, es parte integrante de todo eso y también parte integrante de su vida.
 
-Bien; supongamos que ahora le quedan dos meses de vida. ¿Cómo se va a preparar para pasar el tiempo que le queda? ¿Todos los momentos van a estar ensombrecidos por el pensamiento de que va a morir?
 
-¡Qué disparate! Eso no tiene pies ni cabeza.
 
-Sí. Porque hay gente que dice: «Pero ¿por qué me tiene que pasar esto a mí? Dios es injusto, suponiendo incluso que exista, por hacer que esto me suceda a mí». Entonces yo me pregunto cuáles son sus reacciones, cómo va usted a pasar las últimas semanas o los últimos meses de su vida.
 
-La vida es un don inmenso, es el mayor don que Dios nos puede hacer. Y la vida del
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